NUEVO DIGITAL - Internacional
Gloria Steinem provoca un boicot comercial masivo y bochornos varios
@JavierMonjas - 15/03/2016

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A sus ochenta y un años, Gloria Steinem acaba de declarar que cuando cumplió los sesenta por fin se había encontrado liberada de las "demandas del sexo" ("demands of gender"). Ya le vale. Pero de lo que no le ha liberado la edad es de decir tonterías. Las últimas -varias- has abochornado a la campaña de Hillary Clinton, su patrocinada. ¿Y qué tiene que ver la más famosa feminista estadounidense viva con una tremenda crisis comercial relacionada con las falditas tableadas de las escolares y los pantaloncitos de sus compañeros?

"Irónicamente, me encontré a los sesenta años libre de nuevo. Así que eres la misma persona que eras a los nueve o diez años, pero solo que ahora tienes tu propio apartamento, alcanzas el interruptor de la luz y es de esperar que con un poco de dinero. Así que puedes hacer lo que quieres".

Mal asunto.

Malo, muy malo cuando una se ve libre de las "demandas del sexo" que Dios nos ha dado y el consuelo es que por lo menos alcanzas el interruptor de la luz. Sin duda, los hay mejores. Consuelos.

Gloria Steinem lleva unos días muy malos. Sigue en la brecha con sus historias feministas más radicales sobre el sexo y su relación con el socialismo, aunque hace mucho que la edad la liberó de aprovechar los malditos roles del sexo, el de la piltra, entre ellos. Pero por lo menos alcanza a dar la luz, no como cuando tenía nueve o diez años.

En el lado demócrata, Hillary Clinton precisamente estaba explotando a fondo la baza de su sexo para forzar el voto no solo de sus compañeras de cromosomas -por lo menos, de las que aún no se sienten liberadas de sus roles-, sino también de sus opresores compañeros falócratas -incluso a su pesar-, que deben expiar la indeseada posesión de una próstata opresora con el voto a la mujer del tipo aficionado a los puros de sabores.

Acorralado por la distancia que le saca su principal competidora, en cabeza de la nominación demócrata, Bernie Sanders ha decidido jugar a fondo la carta feminista, además de la de la provocación constante a Trump en sus mítines. Necesita relevancia y va donde la puede conseguir. Así que en un mitin, va y se declara no solo un "firme feminista", sino también una "mujer honoraria".

Lo de "firme feminista" era de suponer en un personaje de su perfil. Pero lo de que fuera una "mujer honoraria" causó una profunda impresión nacional, en especial dada su edad, que le tenía que haber liberado también de las demandas del sexo. Pero había sido precisamente Gloria Steinem quien le había investido de tal categoría "hace muchos, muchos años".

Los medios -incluso los más progres- se cebaron con el titular del individuo autorreivindicado como "mujer honoraria" - Declaración de Sanders - Vídeo. A Sanders le salió mal la jugada de intentar atraer a Steinem a su bando.

Y es que la feminista no se despega del de Hillary Clinton. Para su desgracia. La de Clinton.

Segunda rajada relativa a la liberada de las demandas del sexo. Hillary Clinton lidera con mucha diferencia los apoyos de los delegados de su partido que deben de decidir la nominación demócrata. Pero tiene un electorado maduro y envejecido. Los estudios demoscópicos son implacables: cuanto más jóvenes, mayor apoyo para Sanders; cuanto más se ensancha la pirámide de edad hacia la liberación de las demandas del sexo, más apoyos para Clinton. Y eso preocupa en este último lado.

Y es entonces cuando Steinem salió con su profundo análisis relacionado con las demandas del género de las jóvenes, es decir, de las que se encuentran en plena demanda activa y pasiva: "Las mujeres apoyan más a Clinton que los hombres. Los hombres tienden a ser más conservadores porque ganan poder con la edad, mientras que las mujeres se hacen más radicales porque pierden poder al envejecer. Se hacen más activistas cuanto más envejecen. Y cuando eres joven, una piensa: '¿Dónde están los chicos? Los chicos están con Bernie [Sanders]'".

Las oleadas de la declaración de la feminista sobre las mujeres jóvenes demócratas cruzaron el océano mundo y llegaron hasta el Guardian, donde, es de suponer, crearon profunda consternación.

No tanta como en los hermanos medios de la progresía estadounidense. En el New York Times, no solo se abochornaban con la descripción de las jóvenes más avanzadas como hembras en celo que votaban según donde estaban los penes más progresistas. Es que va Madeleine Albraight y presenta a la secretaria de Estado de su marido diciendo que la revolución feminista aún no está terminada y que "hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no se ayudan unas a otras".

"La Sra. Clinton, de 68 años, se rio, aplaudió despacio y tomó un largo sorbo de su bebida", según describe el propio diario neoyorquino el sofoco de la aspirante a la nominación. En el Washington Post reproducen las "disculpas" de Steinem, aunque, por supuesto, matizándolas con la habitual "malinterpretación".

Y, de remate, la cadena de ropa Lands'End lanza su catálogo de primavera con una entrevista con la precitada Gloria Steinem, en plena furia liberadora. Título: "La mujer que abrió el camino". Sí, abrió el camino al aborto. Además de ropa de calle, Lands' End es uno de los mayores proveedores de uniformes colegiales de Estados Unidos, si no el mayor. La compañía no ha desvelado cuántos colegios cristianos comunicaron su intención de cambiar de proveedor del lucrativo y seguro negocio, pero la rebelión debió ser lo suficientemente intensa como para que Lands'End retirara de forma inmediata el catálogo y pidiera muy sentidas disculpas.

Pero no solo estaba el tema del aborto. La textil decidió colocar una pegatina de la ultra Equal Rights Amendment Coalition en las etiquetas de sus prendas que conllevaba además una donación de tres dólares al denominado Fund for Women's Equality. La rebelión de clientes fue de tales dimensiones que el logo de la organización radical feminista no solo desapareció de la ropa, sino del sitio web y de cualquier cosa siquiera lejanamente relacionada con la organización de la que Steinem es una de sus principales caras visibles.

No, no han sido buenos días para Gloria Steinem. Ni para el feminismo estadounidense. Ni para el feminismo en general. Y, de pronto, la ajada retórica feminista desapareció de los discursos. Y la retirada entrevista del catálogo de Lands'End con la feminista ya solo puede ser leída en el acogedor y seguro sitio web de la organización activista (pdf), lejos del mundo cruel que tantos disgustos injustamente les propina.