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Mientras continúan las detenciones 'in fraganti' de musulmanes apretando el botón de coches bomba falsos
Javier Monjas - 13/12/2010 - 07:12 AM   GMT+01:00

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En una declaración que muestra el nivel de victimismo alcanzado por las organizaciones islámicas en Estados Unidos, y que ya está haciendo perder la paciencia incluso a las más altas jerarquías políticas del país, Eric Holder, fiscal general federal, se lo dejó bien claro al lobby Muslim Advocates: "No nos vamos a disculpar". Se refería a la detención del último asesino estadounidense de la yihad, capturado 'in fraganti' cuando acababa de pulsar por dos veces lo que creía el detonador de un coche bomba colocado en la plaza de Portland donde miles de niños con sus familias esperaban la llegada de Santa Claus y la iluminación del árbol de navidad. Ha pasado este fin de semana en Suecia, donde otro musulmán -acogido en este país y educado en las universidades británicas- ha intentado la masacre y, en los últimos días, pudo pasar dos veces en Estados Unidos.

Mohamed Osman Mohamud había sido acogido por los Estados Unidos junto con su familia, todos huyendo de la guerra en Somalia, su país natal. Una pastor se había encargado de gestionar la entrada del ahora voluntarioso asesino junto con una veintena más de miembros de su amplia parentela, incluyendo a sus padres. Y otra vez más, como en el caso del 'terrorista del calzoncillo santo' -hijo de uno de los más poderosos banqueros de Kenya- como en el de prácticamente la totalidad del resto de estos ejecutores carniceros del islam, no se trataba precisamente de un marginado.

"Occidente quiere violar a nuestras mujeres"

Su padre es profesor universitario de ingeniería informática y su madre, una mujer de negocios. Mohamed llegó a América cuando contaba cinco años de edad y ahora, a punto de cumplir los veinte, soñaba con una masacre de infieles porque, como dejó grabado en el consiguiente vídeo, Occidente "quiere insultar a nuestra religión, robarnos nuestras tierras, violar a nuestras mujeres".

Pero este brillante estratega de las relaciones internacionales no estaba solo. No lo sabía, pero había otro soldado de Alá que también estaba ya dispuesto a apretar el botón en esos mismos días. Y que, de hecho, lo hizo. Y de la misma forma, se trataba de otro coche bomba falso colocado como cebo por los agentes del FBI infiltrados en ambos casos. En esta segunda ocasión se trataba de otro sujeto de parecidas luces y edad que el anterior, un tal Antonio Martínez, de 21 años, que tras regresar a la verdadera y única religión había adoptado el nombre de Muhammad Hussain.

Este había colocado su modesto utilitario-bomba frente al centro comercial de unas instalaciones de reclutamiento militar situadas en su ciudad, Baltimore, en la otra punta del país respecto a donde el somalí ya por entonces lamentaba en la cárcel sus sueños rotos de escarmiento. Martínez/Hussain no sólo soñaba con acudir a Pakistán o Afganistán para recibir entrenamiento con sus hermanos, los mujaidines, sino que, antes de largarse, pretendía volar "uno, y después otro, y otro... hasta que no haya más centros de reclutamiento en Maryland".

"No nos vamos a disculpar"

A las organizaciones islámicas esto no les ha parecido bien. El que el FBI haya hecho caer en trampas a sus hermanos, se entiende. No han dejado de protestar por lo que consideran una práctica poco ética de luchar contra sus éticos, aunque exaltadillos y prematuros carnicerillos, hermanos en Alá. Por si fuera poco, alguien provocó un leve incendio en la mezquita donde, devoto como era, oraba recogido el somalí santo, lo que hizo estallar aun más a estos grupos de 'defensa de los musulmanes' en furibundas acusaciones de persecución racial, religiosa, etc.

Comunicados por allí, discursos por allá, declaraciones quejumbrosas y victimistas en los medios por acullá, el fiscal general federal, Eric Holder, estalló durante una reunión con el lobby Muslim Advocates: Aunque mostró su intención de perseguir los "hate crimes", dejó claro que "no nos vamos a disculpar" por la detención de Mohamed Osman Mohamud.

Mientras tanto, y tras el referéndum celebrado en Oklahoma coincidiendo con las pasadas elecciones legislativas de noviembre -consulta en la que el 70 por ciento de los votantes aprobó la prohibición del uso de la ley islámica en los tribunales estatales-, son cada vez más los estados que están imitando la iniciativa, es decir, prohibir por ley que cualquier juez tenga la tentación, como ya hizo uno de Nueva Jersey (ND), de justificar la repetida violación y agresión a una mujer en las 'garantías' religiosas que, para ello, provee la sharia y el Corán.

La señora juez y la voluntad popular

Los legisladores de al menos otros seis estados además de Oklahoma -Arizona, Florida (proyecto de ley), Louisiana, Carolina del Sur (proyecto de ley), Tenessee y Utah- han introducido proyectos de ley para que ninguna ley internacional y extraña al ordenamiento constitucional estadounidense pueda ser aplicada nunca en sus respectivos territorios. Por supuesto, la única 'normativa' especificada en concreto es la sharia, y en ello se escudan las mismas organizaciones islámicas para acusar de "islamofobia" a los promotores y partidarios de tales cláusulas de garantía. Por su parte, las organizaciones laicistas, obviamente aliadas con las islámicas, acusan a estas potenciales normativas de atentar contra la libertad de religión.

Y las normativas son, de hecho, más potenciales de lo normal porque en Oklahoma precisamente una juez federal bloqueaba de forma permanente la implementación del mandato refrendado de forma masiva por los ciudadanos del estado. Primero con una prohibición temporal, y ahora con la permanente, la juez quiere asegurarse tiempo, según dice, para estudiar si la ley, de aprobarse finalmente, no contradice la Constitución, como afirman quienes han interpuesto el recurso, los inevitables y bien financiados abogados del CAIR.

El bloqueo judicial de la normativa ha llevado la desolación a los habitantes de Oklahoma. El promotor del proyecto de ley sometido a consulta popular, el republicano Anthony Sykes, ha prometido combatir el bloqueo de la señora juez, y mantiene sus esperanzas en que el próximo fiscal general de Oklahoma sea más competente que el saliente, a quien muchos acusan de haberse mostrado demasiado negligente y blando en combatir la ofensiva de los abogados de los lobbies islámicos.


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