NUEVO DIGITAL - Internacional
El discurso radical del magnate destroza los tradicionales caladeros políticos en Estados Unidos
@JavierMonjas - 02/02/2016

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La victoria de Cruz sobre Trump en Iowa ha sido recibida con enorme júbilo por el pseudoperiodismo activista progre que estrangula la credibilidad de la mayor parte de la prensa española. Pero la estadounidense está buscando los tres pies al gato porque los roles no están tan definidos como los militantes del rancio progresismo cañí con carnet de prensa creen y quieren hacer creer a sus bases.

Las encuestas martillean una y otra vez contra Trump. El magnate inmobiliario es el candidato visto de forma menos favorable al menos desde 1992. Eso decía una reciente encuesta de Gallup que el Washington Post reproducía con gran fanfarria, aún lamiéndose las heridas sus soberbios popes tras haber sido comprada su divina inteligencia periodística por 250 millones raquíticos dólares, dinero de bolsillo para Jeff Bezzos.

Así que un periódico barato se la tiene jurada a un candidato barato, según sus redactores, literalmente, "un gilipollas". Debe ser por su calidad de ser el candidato visto de forma menos favorable por lo que Trump lideraba y lidera la intención de voto en la nominación republicana. La derrota de Trump frente a Cruz en Iowa ha lanzado la previsible campaña contra los "expertos", los miembros de esa profesión tan en alza en todo el orbe occidental, la de 'experto', una forma de vida, tan respetable medio como otro cualquiera de llevar comida caliente a casa.

Algunos francotiradores -pocos- están llegado a la conclusión de que los roles repartidos a los candidatos de acuerdo a los manoseados clichés progres quizás esta vez no funcionen. Los modelos están cambiando y un candidato como Trump toma su fuerza de romper con la reseca política tradicional. Algunos lo llamarán populismo. Otros, encarar los problemas que otros rodean entre masivas descargas de retórica, tan vacía como las propias decisiones que adornan. La política será reseca y tradicional en ambos lados, pero varios grupos sociales hasta ahora perfectamente definidos en sus querencias electorales están dejando sus históricas definiciones para los botarates de la crónica preescrita y el cerebro prefabricado.

Por ejemplo: los sindicalistas. ¿Hay algo más inevitablemente 'progresista' que un sindicalista de esos de gran sindicato profesional americano, la gente del 'blue collar'? Sí, lo hay, un sindicalista que ahora 'progresa' al apoyo de un candidato como Donald Trump, la opción más alejada en cualquier apuesta para ser no ya apoyado, sino siquiera soportado por cualquier varonil ser de sindicato, incluidas las mujeres sindicalistas que, férreas ellas -y en ocasiones, también varoniles-, consiguen sus cuotas de poder de las no menos férreas cuotas de género.

Mary Kay Henry es la presidenta del Service Employees International Union, un potente sindicato que ha apoyado a Hillary Clinton, pero que ve cómo muchos de sus miembros se inclinan -César Chávez nos asista- hacia Donald Trump. Item más. Ryan Leenders, perteneciente a la International Association of Machinists del estado de Washington, se atreve a dar cifras: entre uno de cada cuatro y uno de cada tres de sus compañeros afiliados al sindicato apoyan al rico constructor. ¿Un sindicato de maquinistas con tal fuga de apoyos, no ya a un republicano, sino a Donald Trump?

Los maquinistas están tan hartos de la inmigración ilegal como de los políticos tradicionales -demócratas o republicanos- incapaces de afrontar de una vez por todas el caos y la dejadez que aplasta a la clase media mientras corona con impunidad a los que ninguna ley aceptan ni respetan. Los sindicalistas -una parte cada vez más significativa de ellos- ven en el feroz nacionalismo económico de Trump la fuerza necesaria contra la externalización extranjera de empresas y, en consecuencia, ese era el hombre -o mujer- que estaban esperando para defender la economía americana. Y así. Por no hablar del afamado tema del veto a los musulmanes, que a los sindicalistas tampoco les atrae ser despedazados a la mínima. Aunque, dentro del desorden ideológico-sociológico electoral, también hay musulmanes que apoyan al candidato 'islamófobo'.

¿Y por el otro lado? ¿Puede ser que el famoso 'Bible Belt' esté siendo refractario a Trump? ¿Hay algo más conservador que la gente del cuarto sudoriental del país, con el núcleo de los estados sureños amalgamando el cinturón religioso? Conservadores serán, pero también religiosos y, ejem, Donald Trump no lo es. Incluso en alguna ocasión reciente se ha mofado de la obsesión de meter a Dios en la política. Es más, se ha mofado de Dios a secas. Mal asunto. ¿Puede ganar un ateo o un agnóstico por muy republicano que sea, por muy populista conservador que sea, en el Cinturón Bíblico? No está nada claro. Pero nada.

La gente del Bible Belt está, en efecto, muy apegada a la Biblia. Aun más: son literalistas de la Biblia. Pero en vez de darles por masacrar a gente como a los literalistas del Corán, les da por seguir los mandatos cristianos, entre ellos, los de compasión. Y eso se compasiona mal con los inflexibles puntos de vista de Trump sobre inmigración, por ejemplo. Si el New York Times se metía con los sindicalistas enamorados por Trump, la CNN lo hacía con los republicanos bíblicos de Iowa que abiertamente manifiestan cómo nunca le apoyarán porque no sigue los mandamientos bíblicos (vídeo).

Con la prensa española en manos de activistas de pacotilla y cliché de escotilla, la americana más progre no deja de asombrarse del roto ideológico y el destrozo sociológico que el discurso de Trump está provocando en el país. ¿Puede ganar Trump en el Cinturón Bíblico? Vivimos tiempos apocalípticos y la Bestia antes puede conseguir sus apoyos entre l@s sindicalistas de pelo en pecho que entre los beatos a los que asusta el descarnado siglo del magnate agnóstico.