NUEVO DIGITAL - Internacional
Cientos de millones y eliminación de visas para calmar a Erdogan
@JavierMonjas - 07/12/2013

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A finales del pasado mes de noviembre, la Unión Europea aprobó la concesión a Turquía de 236 millones de euros. El nuevo y masivo regalo de dinero al país extracomunitario debería dedicarse a financiar políticas turcas en "áreas críticas" como "energía, medio ambiente y cambio climático, (y) agricultura y desarrollo rural", así como a "derechos fundamentales, migración y control de fronteras". Sin embargo, los cientos de millones que periódicamente se traga Turquía no son suficientes. Una vez más, Ankara aprieta las tuercas a los temblorosos burócratas de Bruselas y, además de toneladas de euros, exige vía libre para sus ciudadanos en la UE. Y una vez más Turquía consigue lo que quiere.

Turquía aprieta las tuercas a los temblorosos burócratas de Bruselas, pero los temblorosos burócratas de Bruselas siempre encuentran en los temblorosos burócratas de España la víctima adecuada para descargar sus broncas. Callan y asienten ante los irascibles y siempre amenazantes funcionarios de Erdogan, pero en cuanto llegan a España exigen y abroncan por lo mismo que perdonan y comprenden a Turquía mientras extienden gigantescos talones a favor de los turcos con el dinero de todos.

De vez en cuando, desde encumbrados comisarios europeos hasta simples portavoces afuncionariados se permiten abroncar a quien siempre se deja, calla y consiente. Ahora ha sido la comisaria de Interior la que se ha permitido exigir explicaciones al gobierno español sobre la instalación de concertinas en las ciudades españolas situadas en el continente africano en medio de continuas y destempladas críticas de la señora Malmström a la efectividad de la medida.

Según la comisaria, "las cuchillas en la valla de Melilla han estado ahí antes y ahora se han vuelto a poner (...) La última vez que estuvieron ahí no impidieron a la gente entrar, sino que entró y además sufrió heridas". "Así que espero que las autoridades españolas sigan muy de cerca este tema", recriminó, con indisimulada acritud, Malmström, quien hasta con Grecia usa términos mucho más compresivos y amistosos que con la acosada España.

Sin embargo, con la Turquía que abre o cierra la puerta a los miles de inmigrantes ilegales que llegan a sus fronteras según sus intereses de política exterior (ND), con esa Turquía el lenguaje europeo es muy diferente y el tono pleno de suavidades y tiernas comprensiones.

El comisario para la ampliación de la UE ponía el talón de los 236 millones de euros en la mesa de Erdogan mientras se congratulaba de cómo "durante las pasadas semanas hemos visto desarrollos positivos en las relaciones de la Unión Europea con Turquía". Stefan Fule, henchido de un esperanzado espíritu acogedor, concluía: "Espero que este renovado apoyo (a Turquía) ayudará a reforzar las reformas que contribuyan al progreso en el proceso de adhesión".

Cuando Fule pronunciaba esas emocionadas palabras, tan distintas de las desabridas que su colega de Interior se permitía contra una España permanentemente acosada por la invasión de sus fronteras, en esos momentos ya sabía que Turquía rodeaba con sus manos el cuello de Bruselas una vez más en su también indisimulada y constante estrategia de ventajismo político.

Erdogan está a punto de conseguir un acuerdo de libre circulación de los turcos por Europa a cambio de las vagas promesas de siempre de vigilar un poco más de cerca la inmigración ilegal que se presenta en Europa a través de sus fronteras. No es necesario en absoluto estar en el detalle de la marcha de la marcha del proceso de incorporación de Turquía a la Unión Europea. Basta observar el resultado de una sencilla operación: si van bien para los intereses de Ankara, promesas de control; si van mal, puerta abierta de par y amenazas de que puede ir a peor como consecuencia del conflicto de turno en el Oriente Medio, ahora, el sirio. Es, sencillamente, la ecuación política del chantaje.

El acuerdo se da ya como cerrado después de que Turquía impusiera la eliminación del visado para sus viajeros hacia la Unión, cuestión que provocó tensiones en los países europeos menos sumisos con el trágala de Ankara. Ahora, los burócratas de Bruselas y Estrasburgo han aprendido la lección. En vez de presentarse como víctimas, promocionan el acuerdo como un triunfo. Según Renate Sommer, parlamentaria integrada en el Grupo Popular Europeo, Turquía sabe que la Unión "es más propensa a negociar si se firma el acuerdo inmigratorio".

Pero no cuela. Una vez más, Erdogan, como han hecho siempre los países árabes y musulmanes del Mediterráneo con la trémula Europa, usa y usará su ejército de reserva inmigratorio propio y ajeno para estrangular en su propio beneficio a la Unión, con la vista puesta en una adhesión que se presenta, en el peor de los casos, como un mal menor para los países comunitarios. Y, mientras, la paciencia turca debe ser engrasada de vez en cuando con el impuesto revolucionario de los talones con muchos, muchos ceros que Bruselas básicamente firma para calmar su propio miedo.