NUEVO DIGITAL - Internacional
Cameron anuncia una 'limpieza' de trabajadores públicos "vagos"
Los funcionarios británicos serán “obligatoriamente calificados” por sus jefes
"Es un mito que sea imposible despedir a un funcionario". Como cabía esperar, la frase no ha sido pronunciada por un político español, sino por uno británico, en concreto, por Francis Maude, secretario del gobierno de Londres. Cameron se enfrenta a una revuelta funcionarial en su país debido a los recortes de presupuesto. Y el primer ministro ha respondido con un plan para atacar a los funcionarios "vagos". La crisis económica ha provocado la manifestación en toda su gloria de diversos personajes que se han convertido en pocos meses en legendarias figuras del funcionariado europeo, como la italiana que trabajó seis días en nueve años o el alemán que reconoció en su despedida laboral haber estado cobrando catorce años su sueldo (750.000 euros acumulados) sin asignación de labor concreta puesto que ya había otro que la hacía. Gobiernos occidentales de todo pelaje se enfrentan a la rebelión de unas castas funcionariales que se niegan en redondo a perder sus privilegios en medio de la devastación crítica de las sociedades que les pagan.

Solo en la Comunidad de Madrid, ocho centenares de funcionarios recuperaron de forma súbita la salud en un solo año tras recibir una simple llamada de un inspector de trabajo interesándose por su supuestamente atribulado estado. Nadie en la Biblia, ni tan siquiera Jesucristo, fue capaz de sanar a tanta gente y a tanta velocidad. En dos años de amables y caritativas llamadas de los inspectores, la entidad regional española ha ahorrado más de 50 millones de euros en pagas de funcionarios 'enfermos imaginarios', cuyo mal se manifiesta en una gran dureza que afecta a la cara.


¡Milagro, milagro!

Pero la grave afección en la ductilidad del rostro no es exclusiva ni de la Comunidad de Madrid, ni de España, país en el que se calcula que hay unos 3 millones de funcionarios puros y duros, más otros 2,5 de contratados por las administraciones públicas. Tan solo en la última década, el número de funcionarios en España se ha incrementado en un 30 por ciento. Pero los planes para vigilar y reducir las malas prácticas de las gigantescas burocracias públicas ha chocado en España con las acusaciones de que el gobierno pretende "poner en duda" la profesionalidad no solo de la gran y preocupante cantidad de enfermizos trabajadores públicos, sino de los médicos que firman masivamente bajas por enfermedades que un inspector sana con una simple llamada de teléfono.

La planeada medida de reducción de la paga a los funcionarios españoles excesivamente débiles de salud no solo se ha encontrado con una agria oposición de los sindicatos funcionariales y de los periódicos que los apoyan. En Irlanda, donde ya se aplica esta solución desde hace años, las autoridades han conseguido que las bajas por enfermedad se hayan visto reducidas nada menos que un 68 por ciento. Y eso que únicamente cuentan a los funcionarios que, al menos, han estado seis o más meses de baja por enfermedad, a los que amenazaron con cortar el salario a la mitad. Mano de santo. Tres de cada cuatro se curaron en segundos tras largos meses y hasta años de dolorosos padecimientos imaginarios.


Ofensiva contra los "vagos"

En Canadá, un país norteamericano de inspiración funcionarial europea, los funcionarios se niegan en redondo a ser recolocados en áreas rurales con el fin de descentralizar la burocracia. En el Reino Unido, el gobierno decidió subir la edad de jubilación del sector público a los 68 años bajo el argumento de que el actual sistema de pensiones no solo es injusto con el resto de trabajadores, sino por completo inviable. En medio de las huelgas y manifestaciones alentadas por los sindicatos, se descubría que más de 2.000 funcionarios estaban cobrando a través de empresas privadas con el fin de reducir el pago de impuestos.

En el Reino Unido, organizaciones sindicales aliadas con los medios de la 'progresía' lideran la revuelta de la casta funcionarial contra los mínimos recortes, básicamente, en pensiones, que se han contemplado. Pero el primer ministro Cameron ha contraatacado la protesta con un plan de reforma de la función pública que obligará a los jefes a calificar y a poner nota al personal bajo su mando. Y la palabra "lazy" ha sido explícitamente mencionada en este contexto. Se trata de identificar y largar a los funcionarios "vagos", lo que, de paso, obligará a los jefes -que no lo sean también- a "difíciles conversaciones" con el personal a su cargo.


"La vieja, vieja letanía"

Desde el 'progresista' Guardian -aliado de los sindicatos- se advierte contra lo que sus columnistas califican de "la vieja, vieja letanía de que hay demasiados funcionarios y que son obstruccionistas, vagos e inamovibles". En Irlanda se ha intentado algo parecido en el sentido de 'poner nota' a los funcionarios, y los sindicatos ya dicen que el plan sencillamente es inaplicable porque llevará a los jefes a una situación insostenible con sus subordinados. Una 'nota' baja significará que ese funcionario puntuará menos en los baremos para promociones y otros beneficios.

Algunas voces se han levantado para alertar de que los recortes de salarios de los funcionarios o la ofensiva sobre los abusos de estos llevarán a que las personas más inteligentes y mejor preparadas eviten integrarse en las administraciones públicas. Pero desde el gobierno de Cameron se insiste en que se trata de "recompensar a los mejores funcionarios y eliminar a los menos efectivos".


'Yo, ese inútil'

Philip Hensher, un columnista del Independent, se ha descrito a sí mismo como "uno de los más inútiles trabajadores que nunca empleó la Cámara de los Comunes". "Nunca hice ningún trabajo en absoluto, y dediqué la mayor parte de mi tiempo a telefonear a amigos, escribir una par de novelas y a criticar las novelas de otros", añadía solo para concluir, cómo, en su propia opinión, "ni en un millón de años debiera haber sido empleado por ellos". Sin embargo, "al final fui despedido", aunque no sin antes constatar que allí seguían otros muchos "tan desocupados e incompetentes como yo", lo que le lleva a la conclusión del título de su artículo: a pesar de todo lo que dicen los políticos y el nuevo plan de Cameron, "es muy difícil despedir a un funcionario (y yo debería saberlo)".



Publicado por Javier Monjas en Nuevo Digital Internacional - http://www.nuevodigital.com
14/05/2012 - 06:51 AM   GMT+01:00