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El secreto: una permeabilidad de "hasta 54 centímetros cúbicos por segundo"
Un polímero permitirá a las musulmanas pintarse las uñas sin arriesgar el infierno
En algunos lugares del orbe islámico, las uñas servían hasta hace poco para que llegara un hermano de fe y se las arrancara a otro ungulado con unos alicates mientras un tercero le perforaba el estómago con un taladro eléctrico. Pero, en paralelo, millones de mujeres musulmanas veían con desmayado resentimiento cómo sus congéneres infieles se pintaban las uñas mientras las de las verdaderas creyentes permanecían lívidas de envidia. Con la obligación de rezar cinco veces al día y, por ende, de practicar las abluciones cinco veces al día, a ver quién era la guapa que se mantenía esmaltado el esmalte. Además, si el agua no tocaba la uña como consecuencia del esmalte adherido a ella, esa parte quedaba impura, ergo la ablución no era válida. Por no hablar de los disolventes alcohólicos del colorín (Foros musulmanas 1 y 2). Así que los imanes advertían muy, muy -pero que muy- irritados sobre 'el tema'. Pero ahora, 'el tema' ha quedado resuelto. Y ha sido un infiel quien ha hallado la solución a la hasta ahora insoluble cuestión de cómo pintarse las uñas y no morir en el intento y mucho menos terminar en el infierno.

Esta noticia no interesará a las señoras, señoritas, señores, señoritos, ectoplasmas, condensaciones gaseosas de alta densidad o lo que haya, sea o esté bajo un burka y sus imprescindibles guantes negros.

Pero mientras el Tribunal Supremo de España ampara -con razón y justeza- el inmarcesible derecho de los españoles a convivir con sospechosos bultos negros siempre hostiles y además potencialmente volátiles (ND), en el resto del mundo el islam evoluciona, continúa su lenta pero implacable marcha hacia la modernidad. Y, como cabía suponer, ha sido en Occidente y por manos y cerebro de infiel, donde se ha encontrado la solución al siempre difícil diálogo dialéctico planteado entre la salvación eterna, la salvación de la propia vida y las uñas pintadas.

El sábado pasado, Wojciech Inglot moría a los 57 años de edad en la ciudad polaca de Przemysl. Inglot era el fundador de una de las empresas de cosméticos de desarrollo más rápido y global de los últimos tiempos, Inglot, la firma que lleva el apellido de su creador y que hoy cuenta con 333 tiendas en 46 países, incluyendo España y también Estados Unidos, estos últimos en su conocida sucursal neoyorquina de Times Square (Inglot España - Facebook).

Pero justo antes de morir a tan temprana edad, Wojciech Inglot tuvo tiempo de desarrollar el que de forma inmediata se convirtió en un desarrollo que está causando furor en los países musulmanes, siempre los más reacios al afeite puesto que, en el peor de los casos, los imanes advierten contra la potencialmente letal tentación de intentar mejorar la naturaleza concedida por Alá por medios artificiales o artificiosos.

Por ejemplo, el debate sobre si es permisible depilarse las cejas aún dura en cuanto foro islámico se precie. Nada de lo hecho por Alá es mejorable puesto que es perfecto en sí mismo, y por tanto, un pelo arrancado por apóstata pinza se convierte de inmediato en un gravísimo desafío religioso. Mal asunto. De ahí la estrecha e histórica complicidad de la Ceja española con la musulmana que llevó a la Alianza de Civilizaciones.

Inglot estaba obsesionado con un tema: ¿Cómo hacer negocio con los cientos de millones de mujeres que, musulmanas serán, pero también mujeres, y por ello, coquetas? ¿Cómo desarrollar un pintaúñas que pinte las uñas pero que no anule la salvación eterna de nadie y menos de una indefensa e inocente mujer, además potencial cliente? Surge así en la Historia de la Humanidad la trascendental aparición de la gama O2M Esmalte de Uñas de Inglot. ¿Y por qué ha revolucionado el O2M el mercado islámico? Pongamos por caso el color 621, de un discreto rojo pasión de poco más o menos.

La ficha técnica advierte con claridad de que el compuesto no contiene formaldehído -un alcohol-, pero, sobre todo de que "el uso de un nuevo polímero" ha llevado a que el nuevo producto "incremente de forma significativa la permeabilidad del oxígeno de las láminas de esmalte" y a que "mejore la permeabilidad del vapor de agua". Nada hay en la página que hable de islam o musulmanes, pero estas simples indicaciones vienen a anunciar que, además de que nada alcohólico fija la tintura, la alta permeabilidad del esmalte permitirá al agua tocar la uña bajo la capa de pintura y, por tanto, la ablución ritual tendrá potencial validez, alejando el temido espectro del infernal infierno.

Así que con una permeabilidad de "hasta 54 centímetros cúbicos por segundo" una sí se puede una pintar las uñas y entrar con ellas bien digna y estirada en el paraíso. Un predicador islámico en Estados Unidos bendecía como 'halal' el nuevo desarrollo y en cuestión de horas desataba una auténtica histeria entre millones de mujeres musulmanas que se lanzaban a comprar colorines surtidos para sus uñas para lucir como las infieles sin compartir por ello sus sucesivas, consecutivas e imperativas perdiciones mundanas y eternas.

"Es grandioso. Estoy entusiasmada. Me siento más femenina. ¡Y me encanta!", declaraba al Financial Times una señora o señorita llamada Saleh, recién descubierta su nueva femineidad con sus cinco frasquitos de esmalte halal Inglot en sendos colores, incluyendo un rosa brillante y un malva, pero también un rojo burdeos, color de extremadamente inquietantes reminiscencias vinícolas.

Así que mientras Polonia le pinta las uñas a decenas de millones de musulmanas, en España les ponemos guantes y burka. De todas formas, es probable que alguien, en la concentración de su despacho, intente en estos mismos momentos el desarrollo de un esmalte de uñas que se pinte sobre los guantes de las férvidas creyentes y, de esa forma, una pueda seguir siendo pura y a la vez lucir unas uñas divinas de muerte de escándalo halal.

Pero la cosa no es tan fácil y el asunto de la permeabilidad del esmalte halal de Inglot se encuentra lejos de encontrarse cerrado. Por ejemplo, se analiza en laboratorio cómo afecta a la capacidad de penetración del agua el potencial hecho de que la usuaria se dé más de una capa del pintaúñas. Mientras los químicos de Inglot no paran (pdf), es posible que tampoco lo haga el Tribunal Supremo español y ya esté pergeñando otra de sus defensas de la libertad religiosa.

Pero por el momento, lo único realmente importante es dónde conseguir el nuevo producto. Claro que también cabría discutir si el islam se ha abierto ahogado por sus infinitas y a veces patéticas reglamentaciones, o si por el contrario es Occidente el que ha metido una nueva cuña disolvente en la pureza ortodoxa de los verdaderos creyentes.



Publicado por Javier Monjas en Nuevo Digital Internacional - http://www.nuevodigital.com
02/03/2013 - 09:03 AM   GMT+01:00