NUEVO DIGITAL - Internacional
Entrevista con José María Sánchez Galera, coautor de 'Vamos a contar mentiras. Un repaso por nuestros complejos históricos' (2/2)
“España no tiene un proyecto veraz y coherente de relato histórico”
En la segunda parte de la entrevista al coautor de 'Vamos a contar mentiras. Un repaso por nuestros complejos históricos', José María Sánchez Galera analiza el actual anticlericalismo de la izquierda derivado de una 'obligada' pose histórica, la necesidad de una colaboración estrecha entre España y la 'Hispanoamérica seria', y la acción corrosiva de los discursos islámico y nacionalista dentro de la nación española.

NUEVO DIGITAL: Una de las contradicciones que ustedes analizan y denuncian en su libro es que se describa a España como un país de nacionalismo fanático, cuando históricamente, incluso en sus momentos de máximo esplendor internacional, los españoles se consideraban portadores universales de la fe católica, pero mucho menos de lo que pudiéramos considerar un 'nacionalismo' de aquella época, como sí lo hacían y lo hicieron después Inglaterra o Francia. ¿Por qué caló la idea del ultranacionalismo cuando hasta Antonio Machado, en carta a Maeztu que ustedes citan, habla de la “modestia” del “orgullo españolista” frente al “patriotismo de los franceses o de otros pueblos”?

JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ GALERA: El español, sobre todo el castellano de los siglos XV a XVII, tiene una cierta conciencia de haber sido elegido por Dios para regir el mundo, para civilizarlo, para evangelizarlo. Hay un momento en que Felipe II planea la conquista de China, porque entiende que debe completar un 'imperium œcumenicum', un gobierno mundial orientado a la salvación de las almas. No hablamos de poder colonialista, sino de orden internacional, algo parecido a la ONU, pero que funcionara de verdad. En realidad, se trataba de un calco de algo que comenta Virgilio en la Eneida: “Tu regere imperio populos, Romane, memento”.

Pero, ¡cuidado!, porque un Felipe II no se creía elegido por Dios, en el sentido de 'privilegiado' por Dios, sino de 'obligado' por Dios. Esa elección divina se toma como una carga, como una obligación, de ahí la 'modestia' que debe conllevar. Visto así, y cuando el poder español desaparece, se produce una gran reflexión: '¿Cómo vamos a servir a Dios, ahora que no contamos con la espada?'. Es una tesitura muy complicada, porque a poco que pierdes la esperanza en ese Dios providente, pero te quedas con la vitola de 'elegido', la 'modestia' desaparece muy rápido. Piensas en lo fuerte que llegó a ser España, pero olvidas la 'vocación de servicio' a que debía ir aparejado aquel Imperio. Por otro lado, el nacionalismo español, en su línea más fanática, no deja de ser una reacción visceral ante la frustración: revoluciones decimonónicas, guerras carlistas, derrota en Cuba y Filipinas, etc.


La pose anticlerical de la izquierda

ND: Si sorprenden los ataques al supuesto 'nacionalismo español' -pero no a los nacionalismos 'periféricos'-, chocan aun más los ataques a la supuesta influencia de la Iglesia Católica, eso que se ha venido llamando el 'nacionalcatolicismo', precisamente en un país como España donde más limitada y casi inexistente es la influencia de la jerarquía católica en la inmensa mayor parte de la sociedad española. Sobre todo sorprende porque los países que enarbolan estos argumentos precisamente tienen, como Inglaterra y otros países del norte de Europa, una Iglesia plenamente nacional dirigida, además, por su rey o su reina. ¿De dónde arranca este constante sambenito del nacionalcatolicismo anterior al franquismo y cómo cabría contrarrestarlo, si es que se puede?

JMSG: Dentro de España, el progresismo se hace muy anticlerical desde los tiempos de Fernando VII. Es curioso que la Constitución de 1812, cuyo texto era profundamente clerical, supusiera el inicio de esa división cada vez más violenta entre tradicionalistas y anticlericales. La Iglesia católica en España, durante estos dos siglos, ha caminado por una línea muy delimitada: evitar la dependencia del Estado, seguir siendo una especie de Estado aparte, con sus colegios, sus hospitales, sus universidades, su patrimonio inmobiliario. No voy a abrir el debate de las desamortizaciones del siglo XIX o las nacionalizaciones de la Segunda República, pero fueron hechos cruciales que determinaron el tema que comentamos. Para los tradicionalistas, intentar estar a bien con la Iglesia era un modo de defender la identidad de España.

Por tanto, frente a los ataques de los 'enemigos de la civilización', había que proteger a la Iglesia. Por el contrario, para los progresistas, no era de recibo que una entidad como la Iglesia dispusiera de tanta autonomía dentro del país. '¿Qué es eso de un país cuya juventud está educada en los colegios de curas?', se escandaliza un progresista. A la postre, es un mecanismo que se retroalimenta: como soy de izquierdas y debo demostrarlo, ataco a la Iglesia.

La Iglesia, por su parte, se defiende. Tengo la sensación de que la izquierda española, en realidad, no está a favor del aborto o del 'matrimonio gay', sino que los promueve para seguir dando muestras de su identidad 'anticlerical'. Soy de la opinión de que es un problema sin solución: el poder político aspira a comerse a otros poderes, y la Iglesia se define como una sociedad con personalidad propia. El conflicto será permanente, a no ser que el Estado opte por tener un tamaño menor, a no ser que los políticos abandonen su proyecto de adoctrinar a la población.


Colaborar con la Hispanoamérica 'seria'

ND: Cabría pensar que el odio a la noción de España por parte de la izquierda española procede de un internacionalismo refractario a los nacionalismos. Pero precisamente en España, la izquierda más nacionalista es la de las denominadas 'nacionalidades históricas', mientras en Francia, el Reino Unido o Alemania, un mítin de sus partidos de izquierda está abarrotado de sus respectivas banderas nacionales. ¿Cuál es la raíz de este odio de la izquierda española a una España unida y orgullosa de sí misma desde su propio pasado?

JMSG: Las grandes fuerzas políticas actuales que conforman la izquierda española son de origen marxista, y con unos primeros años muy violentos, por cierto. Desde el principio se declararon hostiles al Estado, al Derecho, al sistema. Aún hoy rinden homenaje a los terroristas del 1900. Con esos mimbres, es complicado sentirse serenamente español. El progresismo español que sí sentía orgullo de su nacionalidad casi desapareció por completo, cuando la Segunda República entró en colapso.

Aun a riesgo de equivocarme, diría que el gran error del PSOE y de IU radica en su obsesión por la Segunda República, por la bandera tricolor, por la alianza con la Esquerra Republicana de Catalunya liderada por Lluis Companys. Y el gran error de aquella República fue su intenso sectarismo, su 'dialéctica de las mutuas exclusiones'. Para más inri, resulta que un copioso número de dirigentes de la izquierda -empezando por el secretario general del PSOE- ha sido educado en colegios como el madrileño del Pilar, y ha nacido en familias de 'nacionales', de falangistas y oficiales a las órdenes de Franco.

ND: La coartada de muchos hispanoamericanos para justificar el fracaso de sus naciones ha consistido en responsabilizar a la colonización española -si es que hubo una colonización-, llena, según ellos, de expolios, crímenes, y atraso tecnológico e intelectual. ¿Cuál consideran ustedes que debería ser una respuesta realista, pero también eficaz, ante las constantes provocaciones en todos los niveles políticos, sociales y culturales que se producen en ese sentido?

JMSG: Si analizamos con un poco de detalle, observaremos que el discurso 'indigenista' aparece y desaparece en ciertos países y décadas. Ese discurso antiespañol no es compartido, desde luego, en todos los países. En algunos, es casi desconocido. Suele defenderse por parte de gobiernos que llevan a sus naciones a la corrupción y al caos, y no hace falta que ahora dé dos, tres, cuatro o cinco nombres. Por término general, los países hispanoamericanos serios reconocen con cierta satisfacción el legado español.

Desde nuestro lado hemos de cooperar con los países serios, con los gobiernos que de verdad se sienten unidos a nosotros por una razonablemente buena historia común. Es una pena que nuestros gobiernos no sigan este criterio tan obvio. Me parece muy significativo que el Rey tuviera que espetar aquello de “¿Por qué no te callas?”. Si queremos que nos respeten, hemos de hacernos respetar. Se trata de quererlo de verdad, al menos ese sería el primer paso. Pero no, nuestros presidentes de gobierno prefieren caer bien, al precio que sea.


El discurso islámico

ND: Enemigos habituales de una España unida, y de tradición cristiana y occidentalizada parecen haberse unido ahora en la reivindicación de la Leyenda Negra para atacar aquellos valores incluso con palabras gruesas como 'imperialistas', 'genocidas' y otros. Me refiero a la alianza formada por nacionalismos periféricos españoles -en especial, el catalán- y por la izquierda socialista y comunista para reivindicar el islam y la aceptación de la inmigración de musulmanes a España, no ya defendida, sino abiertamente promocionada por esos sectores. ¿Cómo está el islam aprovechando la Leyenda Negra con sus inesperados aliados interiores españoles para hilar un discurso victimista y reivindicativo?

JMSG: Desde dentro, el Islam es muy heterogéneo, también en España. Fíjese que las figuras más destacadas del actual Islam en nuestro país son muladíes, es decir, cristianos que han renegado de su fe y que nacieron de padres cristianos españoles. Son los actuales muladíes los que plantean un discurso más elaborado y los que más hablan con profusión sobre todos los tópicos del Al Ándalus ideal.

Como el tópico del Islam tolerante y culto es casi una verdad oficial en España, poco tienen que hacer; sin más, son parte del sistema político, de la 'intelligentsia'. El actual muladí da una cara 'occidental, ilustrada y moderna' del Islam español, por lo que parece inmune a temas como la ablación del clítoris, el velo, la discriminación de la mujer, el terrorismo, la sharia, etc. Incluso te dice, con total convencimiento, que comer cerdo perjudica la salud. Es un Islam que funciona como sinónimo de 'convivencia de las tres culturas, exotismo simpático, andalucismo y dulces elaborados con miel'. Una sarta de majaderías, pero que gustan.

Luego tenemos el Islam foráneo, el de los inmigrantes. Tienen un discurso también muy efectivo: Islam significa paz, los verdaderos terroristas son los americanos, la mujer es libre de ponerse o quitarse el velo... Ahora el Islam está vendiendo la idea de que la mujer es libre, y que la discriminación de la mujer sólo se da en ambientes incultos, y que, de cualquier modo, la Iglesia católica sí es machista. Por otra parte, el victimismo es constante, y cuenta con la ayuda de la izquierda y de la derecha: quitamos el cerdo del menú de algunas cárceles y centros docentes (me parece que es el caso de Filosofía y Letras en la Complutense), les damos terreno público gratis para que construyan sus mezquitas, damos clase de religión mahometana en los colegios públicos... Y, si no lo hacemos, nos acusan de discriminarlos, y nos lo creemos.

Este es un asunto muy interesante, mucho. Para no extenderme más, traslado una anécdota que contó en una conferencia ¡en el Instituto de Empresa! un medievalista español que, si no recuerdo mal, trabaja en La Alhambra. Resulta que un turista turco -el país del genocidio contra los cristianos armenios hace cien años- se quejó de que un libro de la tienda de La Alhambra (u otro centro turístico similar) era crítico con el Islam. Este medievalista dijo, con satisfacción, que enseguida retiraron el libro. No dijo si el libro era académicamente bueno o malo; no, lo quitaron porque había que ser políticamente correctos.

Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar, pero nosotros -institucionalmente- practicamos mucho el vicio de dar lo que nos pidan. Hemos llegado al extremo de que un doctor en Historia medieval ya no se plantee la verdad de su disciplina, sino que se contente con ser un guía de museo que deje satisfecho al visitante, dándole la razón en todo.

ND: ¿Gobiernan los dos principales partidos de poder acomplejados por los lugares comunes de la Leyenda Negra? ¿Se han convertido esos tópicos en argumentos políticos y en bases de decisiones (relaciones de permanente 'negociación' con los nacionalismos, discurso 'conciliador' con Hispanoamérica, etc.)?

JMSG: En términos generales, el Partido Popular es un partido acomplejado, también en esto, aunque siempre caben los matices y las excepciones. Ya veremos dónde acaba la reforma sobre las Humanidades y la Historia dentro de la nueva ley del ministro Wert (que, por cierto, significa 'valor' en alemán). Los del PP serán unos hachas sacando oposiciones a abogado del Estado o registrador de la propiedad -y está muy bien-, pero de historia saben muy poquito. Se les nota. Y no tienen ganas de elaborar un discurso propio; no sé si es complejo o simple pereza.

Por su parte, el PSOE no se siente acomplejado, sino identificado con la Leyenda Negra. A fin de cuentas, el PSOE, aunque se vista de Loewe y Hérmès, asegura que defiende los derechos de la 'clase proletaria', que es otra víctima de la 'reaccionaria España tradicionalista'. En el saco de los oprimidos por la España 'negra' cabe la “famélica legión” junto con los aztecas, los incas, los musulmanes y los herejes quemados en la hoguera de la Inquisición. Ojo, repito que hablo de la línea general de ambos partidos. Sería injusto si dijera que todo el PP o todo el PSOE encaja en estas descripciones.


ND: En su opinión, ¿se encuentra ahogada España definitivamente por sus complejos o tienen estos una dimensión superior en medios y personajes públicos de lo que las clases medias se creen?

JMSG: No tengo opinión cerrada sobre este tema, porque la sociedad española es mucho más plural de lo que parece, o de lo que nos quieren hacer creer los partidos políticos y las dos o tres 'megacorporaciones' que controlan casi toda la publicidad en televisión. Si analizamos aspectos muy variados -a qué colegio llevamos a nuestros hijos, qué libros compramos, qué programas de televisión vemos- detectamos que ciertos sectores de las clases medias son tendencialmente hostiles a comprar toda la mercancía ideológica. O que, en muchos casos, es una compra 'condicionada', sin convencimiento real.

Sin embargo, gran parte del cine, las series y los libros inciden en tópicos o propaganda que sí van calando y conformando la 'memoria histórica'. Observo ambos comportamientos: personas que rechazan la 'verdad oficial' y que sienten un orgullo propio de su identidad nacional y, por otro lado, personas que han aceptado las tesis difundidas día tras día por TV3 y que, en menos de cinco o diez años, han pasado de sentirse españoles y catalanes por igual, a sentirse independentistas. Lo que sí puedo sostener casi a ciencia cierta es que España, como país, no tiene hoy un proyecto coherente y veraz de 'relato histórico'. No hablo de 'verdad oficial', sino de unos criterios mínimos compartidos. Según Rajoy, España nace en 1492. Es evidente que nuestro jefe de Gobierno no ha leído a Alfonso X, ni el 'Poema de Fernán González'.


El 'españolismo' sefardita

ND: ¿Veremos el día, nosotros o nuestros descendientes, en el que las Cortes españolas, además de homenajear el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial en el que España no participó, rinda también tributo a los cientos de miles de castellanos y aragoneses que, durante siglos, fueron masacrados, esclavizados, castrados los niños para servir de eunucos, o usadas las mujeres para el placer de los ricos y la procreación de los gobernantes en la superior cultura de Al Ándalus?

JMSG: Me temo que vamos en la línea opuesta. Después de los atentados del 11-S, un eurodiputado español elaboró un informe en el que aconsejaba a todos los países de nuestro continente que se modificaran los libros de texto de los colegios a fin de trasladar una imagen favorable de los musulmanes. Aun más, tras la masacre del 11 de marzo de 2004, no sólo no hubo oleada 'islamófoba', sino que se provocó institucionalmente una oleada 'islamófila'. El actual gobierno acaba de denegar el permiso de residencia a un pakistaní que era asilado político, porque este pakistaní ha criticado el Islam.

Tras las quemas de legaciones diplomáticas y los asesinatos de cristianos en Oriente Medio -como 'expresión de repulsa' por las caricaturas Mahoma-, nuestros gobiernos decidieron 'pedir respeto por el Islam' y 'moderación en el uso de la libertad de expresión' (esto último sonaba muy soviético). Si, por ejemplo, hoy no defendemos a los coptos o los cristianos caldeos, ¿qué sentido tendría conmemorar a los que vivieron hace mil años? Lo más absurdo del tema es que, con estas palabras, me gano el sambenito de 'islamófobo'.

ND: La 'cultura' española que hoy triunfa en Norteamérica o en Europa está ligada precisamente a la Leyenda Negra. Por ejemplo, cualquier nueva película de Almodóvar es recibida con entusiasmo en Estados Unidos donde los espectadores se regodean y confirman sus tópicos sobre el oscurantismo español en un escenario plagado de represión religiosa católica. ¿Es garantía de éxito basar en la Leyenda Negra un libro o una película dirigida al mercado internacional?

JMSG: No necesariamente. Por ejemplo, la película de 'Alatriste' destacaba, más que nada, el valor y la gallardía de nuestros tercios. Alatriste era un tío coherente, con un par de narices, y eso siempre fascina. El público te acepta con más gusto un héroe al que admirar que la repetición de tópicos basados en 'buenos y malos'. El maniqueísmo suele ser sinónimo de poca calidad. Por el contrario, presentar a un hombre de carne y hueso, con sus defectos y sus virtudes, acaba atrapando más al espectador o al lector, porque se identifica con esa humanidad.

Hay un fenómeno muy curioso: el de los hispanistas, que sólo sería comparable con la efervescencia de los sinólogos. ¿Qué seduce a un hispanista? Precisamente esa variedad, esa humanidad de nuestra cultura, que, mientras estábamos en el 'subidón' del Imperio, en vez de pasarnos todo el día haciendo la pelota al rey, escribíamos novela picaresca, criticábamos la corrupción del clero, lucubrábamos sobre la libertad y el honor... Yo no estoy a favor de hacer la pelota al público 'wasp' de Estados Unidos. Prefiero ser honesto, que no es más que seguir el camino de nuestros verdaderos intelectuales.

ND: Expulsiones de judíos las hubo en la mayor parte de los reinos europeos medievales. Fueron cruentas y a los expulsados se les quitaron sus bienes en la mayor parte de los casos. Sin embargo, en España no se produjo ninguna de esas circunstancias y, durante la Segunda Guerra Mundial, España se convirtió en refugio de judíos perseguidos. ¿Por qué, sin embargo, continúa cargando España con el sambenito de la expulsión de los judíos cuando otras muchas hubo previas sin que, por cierto, los judíos españoles hagan gran cosa por poner las cosas en su justa medida?

JMSG: Hay muchos motivos, y se lo dice alguien que lleva sangre hebrea. Por una parte, al remarcar nuestro catolicismo, de un modo u otro, hemos mantenido la idea de que los judíos estaban equivocados, eran ovejas descarriadas del redil de Dios. En general, nuestra literatura -ahí tenemos a Quevedo, pero también las leyendas de Bécquer- ha tenido cierto tufo antisemita. Aunque también Shakespeare se despacha a gusto, como en 'El mercader de Venecia'.

Por otro lado, los sefardíes estaban muy identificados con España, porque ellos fueron la comunidad judía más importante en la Edad Media. Según un dicho judío, “de Moisés a Moisés sólo hay Moisés”; el primer Moisés es el del Sinaí, y el segundo es el español Maimónides. Todavía hoy los sefardíes son un grupo muy bien definido y muy orgulloso de su 'pureza religiosa”. La palabra 'sefardí' significa en hebreo antiguo, precisamente, 'español'. Es de la misma raíz semita que Sh’p’n, vocablo fenicio que dará lugar al latino 'Hispania' y luego 'España'. Hablamos de un étimo con más de tres mil años de historia.

Decía Stefan Zweig que sólo en dos ocasiones los judíos se habían involucrado de manera absoluta en un nación europea, y la habían amado como el que más: la España de la Baja Edad Media y la Austria de su juventud. El recuerdo idealizado de nuestro judaísmo medieval es un polo muy intenso que, en parte, responde a su pregunta. '¿Por qué nos echasteis, si éramos tan españoles como el que más?', sería la queja de un sefardí. En la actualidad, la comunidad judía es muy pequeña, y, aunque completamente integrada, es consciente de que sigue vivo el tópico mundialmente aceptado del pérfido y avaro judío con nariz aguileña y gabán tazado.


La debilidad frente a los nacionalismos

ND: La utilización de la Leyenda Negra por parte de los nacionalistas catalanes ya se realiza sin tapujos dentro del proceso secesionista abierto en Cataluña. No solo utilizan permanentes argumentos victimistas, sino que en el plano internacional juegan con la imagen de la España opresora, represora y sanguinaria. ¿Cómo cabría contrarrestar esta estrategia por parte de un gobierno que obviamente estuviera interesado en plantear tal batalla?

JMSG: Desde hace unos cuantos años, gente como Artur Mas o Iñaki de Juana Chaos se dedican a echar pulsos al Estado porque saben que algo ganarán. Artur Mas forma parte de un organismo que lleva décadas pasándose la ley por el arco de triunfo. Si el Tribunal Supremo condena al Gobierno autonómico catalán por no garantizar la libertad de elección de los padres en el idioma vehicular de la educación de sus hijos, la Generalitat, sin más, incumple la sentencia. No sólo le importa una higa lo que diga el Tribunal Supremo; sabe que el gobierno de España no moverá un dedo para hacer cumplir la sentencia.

El nacionalismo se declara insumiso, porque sabe que le sale gratis, sabe que los que gestionan el Estado central son débiles. Si los gobiernos del PP y el PSOE hubieran seguido una tónica de hacer cumplir la ley en toda España, Artur Mas tendría hoy agujetas de tanto inclinarse ante el Rey. Sin embargo, hemos tenido gobiernos cuyos presidentes 'hablaban catalán en la intimidad' o afirmaban en sede parlamentaria que 'el concepto de nación es discutible'.

No quiero resultar pesimista, pero se me antoja altamente improbable tener a un gobierno español con sentido del Estado, del Derecho y la responsabilidad, que es todo lo que hace falta para doblegar a los nacionalistas. Espero equivocarme, pero no me figuro al señor Rajoy aplicando el artículo 155 de la Constitución, que tampoco sería la mejor solución, por extrema.


Publicado por Javier Monjas en Nuevo Digital Internacional - http://www.nuevodigital.com
03/02/2013 - 01:32 PM   GMT+01:00