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Los blancos británicos nativos, en minoría en Londres
‘White flight’: La huida blanca se extiende desde Estados Unidos a Europa
En la Nación del Islam de Louis Farrakhan, una organización islámica, racista y supremacista -valgan las mutuas redundancias-, ya se preparan para un futuro en el que los negros musulmanes, los verdaderos creyentes, los "auténticos Hijos de Israel", como ellos se denominan a sí mismos, deban vivir "solos en casa". Jugando con el título de la película, los articulistas de la Nación del Islam se dirigen al "pueblo negro" para exigirle que se "despierte y sepa cómo cuidar de sí mismo" en un escenario en el que los "altamente preparados y motivados jóvenes blancos se van" y los "blancos más viejos que controlan las cosas en Estados Unidos se están muriendo". Cuando terminen de desaparecer los blancos, ¿quien cuidará de nosotros, los verdaderos Hijos de Israel?, se preguntan los verdaderos creyentes de la verdadera Nación del Islam.

El artículo del economista y miembro del "Grupo de Investigación de la Nación del Islam" en The Final Call, el medio de la organización racista islámica, es absolutamente antológico. De forma explícita reconoce que la "huida blanca" va a provocar en un futuro próximo que Occidente quede en manos de inmigrantes extraoccidentales y de sus descendientes, así como de los "Hijos de Israel" -es decir, de los "hombres y mujeres musulmanes negros"-, y que entonces todos deberán de cuidar "de sí mismos", por lo que es mejor que "el pueblo negro" se prepare para tal escenario.

Como "huida blanca" ("white flight") se conoce un fenómeno producido en los Estados Unidos de los últimos años cincuenta y sesenta del siglo pasado que se caracterizó por el abandono de las ciudades por parte de la clase media blanca. Incapaz de convivir con la llegada y masificación de minorías extremadamente problemáticas, los estadounidenses blancos comenzaron a conformar entonces los grandes suburbios de casas unifamiliares a los que nos tienen familiarizados el cine y la televisión estadounidenses, mientras los centros de las ciudades quedaban abandonados a una implacable degeneración provocada por las "minorías étnicas" asentadas en ellas.

En los últimos años, el fenómeno se ha extendido a la Europa Occidental, tomada por sucesivas oleadas de inmigración masiva, ahora procedente de culturas que, como la musulmana, se muestran por completo incapaces no ya de asumir, sino siquiera de convivir con los valores tradicionalmente occidentales. En 1997, incluso desde organizaciones oficiales británicas -colaboracionistas y fomentadoras de esta situación, como la denominada Comisión para la Igualdad Racial-, ya se denunciaba que los colegios británicos se estaban convirtiendo en "bombas de relojería" ante la "huida blanca" que dejaba en ellos una elevada o predominante proporción de alumnos de "minorías étnicas" (ND).

En otras palabras, si los alumnos blancos y sus familias 'huían' de los centros educativos, estos se convertían en un polvorín, incapaces de controlar las elevadas cuotas de violencia y delincuencia a que se abandonaban los hijos de las "minorías étnicas" que en ellos estudiaban gratis merced a los impuestos de los que ahora se veían obligados a "huir", esto es, a "huir" de sus propios y ancestrales lugares de residencia. Un año antes ya se había difundido cómo en 35 de las 50 mayores ciudades de los Estados Unidos, los blancos no hispanos ya habían quedado en minoría, según datos igualmente oficiales, del censo en este caso (ND). Por esa época, la salida de británicos nativos blancos fuera del Reino Unido ya era masiva. Los 'think tanks' daban la voz de alarma puesto que, una vez más, la 'espantá' de la clase media blanca -el verdadero soporte del país- ponía en peligro la "cohesión social" de la sociedad británica en su conjunto (ND).

A comienzos del presente año, datos demográficos igualmente oficiales recopilados tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos ya ponían fecha estadística al comienzo del fin de la población blanca y cristiana en ambos países (ND). Pocos días después, las fuerzas de seguridad certificaban la existencia de bandas de matones islámicos amenazando a londinenses blancos por beber una cerveza en la calle o llevar una falda corta, según vídeos que subían los mismos facinerosos en su campaña de hacer respetar la sharia en las calles de barrios londinenses ya invadidos en esos momentos por una abierta mayoría de población islámica (ND).

Una periodista -británica nativa blanca- confesaba en el Telegraph que ella misma se sentía "como una extranjera" en su barrio londinense, donde llevaba viviendo dos décadas. Una asfixiante presencia islámica estaba conduciendo a que la trataran como a una apestada y se negaran a atenderla en las tiendas de unas igualmente asfixiantes calles abarrotadas de letreros en árabe y en las que ya se había impuesto la sharia sobre todos, pues hasta los comercios colocaban letreros alusivos a la "prohibición de consumir alcohol" no ya dentro de sus establecimientos, sino en sus alrededores, en la calle hasta entonces de todos.

La periodista reconocía que no tenía dinero para trasladarse a barrios de Londres "más seguros", llenos de "agradables cafés". Y terminaba con una brutal confesión. Lejos de pretender estar preocupada por la falta de colegios o por cualquier otra razón de 'corrección política', la articulista reconocía que ya no ya no necesitaba "una excusa" para despreciar a sus vecinos: "La inmigración masiva está haciendo de todos nosotros unas racistas a nuestro pesar".

Desde este y otros medios llamados 'de referencia' se advierte cada vez con mayor contundencia cómo, lejos de constituir una excepción, la "patrulla islámica" desarticulada en enero en Londres -sus mismos miembros subieron a Internet los vídeos de su limpieza de infieles en un acto de clásica fanfanorrería matona- no constituye más que una nueva "señal de lo que está por llegar", con grupos que pretenderán imponer sus dogmas en las calles británicas de forma cada vez más presente, más extendida y más violenta.

Los datos del censo han certificado que, por primera vez en la historia, los blancos británicos ya son minoría en la propia capital británica, en Londres. Las proporciones de blancos y cristianos se desploman a velocidades de vértigo en un fenómeno de "huida blanca" que, sin embargo, no está siendo afrontado por los conservadores, abonados a los tópicos multiculturalistas de los laboristas que han creado y fomentado esta situación de invasión extraeuropea.

Desde algunos medios -por supuesto, no el Guardian entre ellos-, algunos francotiradores advierten de que "los conservadores no van a hacer nuevos amigos utilizando el lenguaje izquierdista de la diversidad". Pero, abrumadas por sus complejos y cobardías, las derechas europeas continúan mirando hacia otra parte mientras intentan ser aceptadas como legítimas por los 'progresistas' que tienen la llave de lo socialmente aceptable. El caso de Estados Unidos es paradigmático: las minorías étnicas ya han impuesto su peso en la elección de un presidente mientras los blancos estadounidenses dejan de apoyar a unos republicanos que no muestran firmeza en la defensa de la clase media blanca, la que mantiene, entre otros especímenes de la diversidad, a los verdaderos "hijos de Israel".

Sin embargo, para ser objetivos, todos estos articulistas no constituyen más que unos pocos 'lobos solitarios' que, a diferencia de sus homónimos musulmanes, no sueñan con asesinar, sino con advertir de la deriva completamente suicida que ha tomado la civilización occidental.

Desde el Financial Times, el director del centro demoscópico británico Demos se asombraba de la indiferencia con que los mismos medios de comunicación y los políticos recibían noticias como el paso a la minoría de la población blanca nativa en un país como el Reino Unido. Con los datos en la mano, David Goodhart certificaba la "huida blanca" mientras denunciaba de paso cómo los expertos académicos progresistas solo califican de "racistas" las fuertes afinidades de grupo cuando estas son afirmadas por blancos.

Sin embargo, para Goodhart, la paradoja en torno a la "huida blanca" es que se está produciendo e incrementando en lugares como la propia capital británica precisamente "en un momento en que las actitudes racistas han manifestado un profundo declive", por lo que, cabe pensar que, lejos del siempre cacareado "racismo", son muy otras las razones por las que la clase media blanca occidental ya haya decidido abandonar sus tradicionales lugares de residencia, incapaz de convivir con sus nuevos y multiculturales vecinos recién llegados, dándose por completamente derrotados.





Publicado por Javier Monjas en Nuevo Digital Internacional - http://www.nuevodigital.com
10/02/2013 - 05:24 PM   GMT+01:00