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Masacre infantil de Connecticut: De cómo la prensa se confunde de asesino con Facebook y cómo después se horroriza de que no tenga una página en la red social
Retrato de un asesino: “Era solitario y no tenía página en Facebook”
¿Qué se podía esperar de un tipo que andaba siempre solo? Es más, ¿qué se podía esperar de un tipo que ni siquiera tenía abierta una cuenta en Facebook? Pues evidentemente se podía esperar lo que terminó sucediendo, es decir, que entrara armado en una escuela de niños y matara a un montón de ellos, todos los que pudo. El siguiente es el relato de cómo los medios construyen un criminal, de cómo han diseñado la imagen del asesino de la escuela de Sandy Hook a base de convertir inofensivas heterodoxias personales en terribles rasgos antisociales. Justo después de que comenzara a conocerse la tragedia, precisamente las redes sociales comenzaban a regar el mundo con sus no menos pavorosas ráfagas de simpleza, contagiadas de forma inmediata a los medios de comunicación en un nuevo caso de terribles errores profesionales inducidos por la 'inteligencia social' de Facebook y Twitter en una prensa cada vez menos profesional.

Tranquila tarde del mes de julio en un cine de la localidad de Aurora, en Colorado. Estreno de una película de Batman. De repente, un sujeto disfrazado de uno de los personajes de la película y se lía a tiros con los espectadores. Pronto las agencias dan las primeras noticias de lo sucedido. Pero, en medio de la confusión, la policía ya tiene un nombre como el del responsable de la masacre: Jim Holmes.

Un experimentado reportero de ABC News, Brian Ross, se pone sobre el tema. Abre Google y pone en la caja de búsqueda: "Jim Holmes Aurora Colorado". Le sale el perfil en Facebook de un sujeto residente de esa misma localidad de ese mismo estado con ese mismo nombre. Y -¡ajá!- el tal Jim Holmes pertenece al Tea Party. Blanco y en botella. En minutos, la cadena comienza a difundir la foto del asesino, un peligrosísimo sectario como cabe esperar de un ultraderechista del Tea Party. ABC tiene la exclusiva. Medios de todo el mundo reproducen la noticia con la foto del criminal.

Solo que -ejem- no era ese el Jim Holmes de la masacre (ND). Con la misma velocidad que se difunde la 'noticia', miles de 'periodistas' de todo el mundo dan marcha atrás y, como quien no quiere la cosa, desmienten. Que no, que no era ese. Para aquellos momentos, el Jim Holmes del Tea Party va por el quincuagésimo noveno millardo de amenazas de muerte e insultos.

Mañana del 14 de diciembre. Pequeño pueblo de Sandy Hook, en el estado de Connecticut. Algo extraordinariamente grave ha sucedido. Se habla de muchos, muchos niños pequeños asesinados por un tirador con armas de guerra. No se tiene confirmado el número de víctimas, pero la tensión en los medios ya es máxima. La CNN ya no habla de otra cosa. De pronto, una de sus reporteras lanza un nombre como el del autor de la masacre: Ryan Lanza. En segundos, cientos, miles de periodistas de todo el mundo se lanzan a Google. Y -¡ajá!, este es el tipo, aquí está su perfil de Facebook. ¡Y su foto! ¡Qué suerte! ¡Ha puesto una buena foto y no una de las idioteces que pone la gente cuando no quiere poner su careto! Todo el planeta reproduce la imagen del repugnante asesino.

Ryan Lanza va con su smartphone en un autobús. ¿Está huyendo? No, viene de trabajar. Abre su cuenta de Twitter y -¡que me aspen!- no puede creer lo que ve. Va y abre su Facebook, y lo mismo. ¿Por qué si solo tenía veinte amigos enlazados a su perfil allí hay cientos, quizás miles de mensajes que hablan de él, le insultan y le amenazan? Ryan Lanza ya sabe lo que ha pasado. Ha sido su hermano. Pero el planeta habla de él, de Ryan, y su foto le muestra como el más repugnante ser de la galaxia. Ya puestos a meterse en redes sociales, decide introducir un post, no exactamente educado y sereno.

"¿Se puede callar todo el mundo la puta boca? No soy yo. Voy en el autobús a casa. No fui yo. Estaba en el trabajo. No soy yo. No soy yo", dice. Versión original: "Everyone shut the FUCK up it wasn’t me. I’m on the bus home now it wasn’t me. IT WASN’T ME I WAS AT WORK IT WASN’T ME". La policía le espera. Lo confirma. No fue él.

La prensa nacional e internacional comienza a recular, es decir, a callarse la puta boca. Había sido su hermano Adam Lanza. Tímidamente comienza a extenderse la idea de que "quizás la caza de los medios sociales ha llevado al hermano del sospechoso" y no al sospechoso en cuestión. Todavía quedan rastros del terrible dedo acusador contra Ryan Lanza. Facebook y Twitter habían hecho su trabajo.

But wait! No del todo. Aún queda tajo en las redacciones. Ahora que ya sabemos que fue Adam y no su hermano tenemos que averiguar algo del asesino. Miles de periodistas por todo el planeta abren Google y se ponen a buscar algo del Adam Lanza de Newtown, Connecticut, el sitio donde vivía con su madre, a la que también asesinó en su casa. Que durante horas los medios dijeran que había sido el padre el que había muerto en la casa no tiene importancia. Otro pequeño fallo más. No nos vamos a preocupar por pijadas cuando en esos momentos estamos llamando asesino de una veintena de niños a un tipo que viene en el autobús de trabajar.

Pero, en segundos, los periodistas del planeta se chocan en Internet con una desoladora constatación. El tal Adam Lanza de Connecticut, ¡¡¡no tiene perfil en Facebook!!! El espanto se extiende por redacciones de todo el planeta, estremecidas por el descubrimiento. Casi habría sido mejor que hubiera sido su hermano. Esto es ya demasiado monstruoso incluso para ser relatado. El New York Times titula a toda pastilla que Adam Lanza era "inteligente, tímido y dejó pocas huellas digitales". Inteligente y tímido. Como el de 'Psicosis' de Hitchcock. Así son los peores asesinos,. Inteligentes y tímidos. Adam Lanza "aparentemente no tenía página en Facebook", puntualiza aun más la gran dama gris, ahora pintarrajeada de colores como una vieja furcia... No, no tenía página de Facebook. ¿Cabe mayor horror?

Sí, claro que cabe. Comienza la descripción de la alimaña: "Solitario", "incómodo en situaciones sociales", "tímido ante una cámara de fotos", "impasible, no mostraba emociones", "nunca se le vio con nadie", "era un chico raro, silencioso, tímido", "tech-geek" (es decir, un pirado de los ordenadores)... Y, para rematar en la cúspide del horror, se confirmaba la peor de las pesadillas: En efecto, no tenía una página en Facebook. Terminó como no podía dejar de hacerlo: entrando con armas de guerra en una escuela de niños y rociándolos de balas. Terrible, desolador. Un solitario... no tenía perfil en Twitter ni página en Facebook... No es extraño que nos confundiéramos de asesino. Nadie, ni el más experimentado de los reporteros, está preparado para tanto horror.


Publicado por Javier Monjas en Nuevo Digital Internacional - http://www.nuevodigital.com
16/12/2012 - 08:00 AM   GMT+01:00