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La City University en Londres cierra la sala de culto musulmán ante la brutalidad de sus 'jutbas'
Sermones en la universidad infiel: “La ley islámica nos ordena matar a los apóstatas”
En resumen, el problema planteado comenzó cuando los responsables de la City University en Londres descubrieron el carácter inflamatorio de las 'jutbas' pronunciadas en la sala de culto islámico que el centro facilita a los estudiantes y profesores de esa religión. Ante la brutalidad supremacista y llena de odio de esos píos sermones del viernes, la dirección requirió a los estudiantes que entregaran con antelación el contenido de las prédicas que el imán iba a pronunciar la correspondiente semana. Se negaron en redondo. Eso atentaba a su "libertad de expresión". Ante esta actitud, el centro decidió cerrar la sala islámica. Ahora, el sector musulmán de la universidad denuncia que se siente "injustamente perseguido", clama contra la "censura" y la "discriminación", exige el respeto de sus "derechos humanos" y ya estudia "acciones legales" contra los islamófobos represores de la libre práctica de su fervorosa piedad.
Ya hay un abogado, Saghir Hussain, "experto en derechos humanos", que se ha prestado a representar en los tribunales a los ofendidos estudiantes musulmanes, barbudos todos, al menos los que llevan la voz cantante en su justa ira. Uno de estos yihadistas de la pilosidad se llama Wasif Sheikh y clama: "Pedirnos que remitamos con antelación los sermones abre una puerta peligrosa. Una vez que remites los sermones preaprovados y vigilados, se abre la puerta para que una universidad dicte de qué se permite hablar y de qué no". Y concluye: "Es un ataque contra los derechos de los estudiantes, y no solo contra los derechos de los estudiantes musulmanes".

Por su parte, Hussain, el abogado "experto en derechos humanos", ha advertido que "cualquier acción que se dirija contra los estudiantes como consecuencia de su cara o su religión conculcará la Ley de Igualdad de 2010". La extraña expresión sobre 'la cara o la religión' se entienden mejor en inglés, puesto que se trata de un ingeniosísimo juego de palabras ("their face or faith") del experto en derechos humanos, que así se pronuncia, con toda la razón del mundo, contra los prejuicios de juzgar a Wasif Sheikh por el aspecto de su cara, que hace parecer a los talibanes afganos como monaguillos de escolanía.

Claro, que más atemorizaría a cualquier infiel escuchar cómo se las estaban gastando los hermanos musulmanes de la universidad en sus píos sermones de viernes. Según las grabaciones en poder de la dirección de la universidad, en una de las 'jutbas', el imán o lo que fuera el sujeto que se desgañitaba pugnando por expeler voz entre las barbas, fue y dijo: "La ley islámica nos enseña a cortar la mano del ladrón. Sí, lo hace. Y también nos enseña a lapidar a la adúltera. Cuando nos enseña eso, la ley islámica nos dice y nos enseña a matar al apóstata. Sí, lo hace".

Incluso en los medios más preclaros y esclarecidos de la progresía británica, como la edición británica del Huffington Post, la avalancha de comentarios no se muestra muy ecuménica con los ofendidos estudiantes -extranjeros en su mayoría- a los que se les reprime de forma tan inmisericorde su místicas ansias espirituales. "Cada información que nos llega en relación a esta prehistórica gente nos hace odiarlos cada vez más", dice uno. "Si quieren rezar, que se vayan a un país del Medio Oeste a vivir", apuntala el siguiente.

Con más razón que una santa, otra lectora se queja de que el 'Huff' se haya posicionado de nuevo con quienes ven en Inglaterra un país cristiano a punto de caer en la profecía de Enoch Powell (ND). Islamofobia por doquier hasta en un bastión del progreso como el Huffington Post. Oh, dónde vamos a terminar.

Mientras, la vida continúa apacible en Londonistán y sus alrededores. Expertos de la tolerancia -árabes, en concreto- continúan advirtiendo de que, lejos de constituir casos aislados como pregonan las mezquitas, la aparición de las "patrullas musulmanas" en las calles de Londres imponiendo bajo amenazas la ley islámica a los infieles (ND) no constituye más que la última manifestación de un fenómeno cada vez más extendido en Europa, como sostiene Maajid Nawaz, responsable de la Quilliam Foundation.

En paralelo, el diputado musulmán laborista, Sadiq Khan, que votó a favor del matrimonio gay, recibe amenazas de muerte por sacos, mientras la policía ya le conforta como puede diciéndole que va a rodearle aun más de aun más policías. Y otras tres grandes y espesas barbas islámicas se remojarán durante algunos años en las cárceles británicas después de que un tribunal declarara culpables a los tres majaderos que las portan de preparar "otro 11 de Septiembre", como les grabaron decir mientras preparaban, en efecto, otro 11 de Septiembre.



Publicado por Javier Monjas en Nuevo Digital Internacional - http://www.nuevodigital.com
24/02/2013 - 07:14 AM   GMT+01:00