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Todos contra todos: Kabul espiará a su propio ejército en busca de infiltrados
@JavierMonjas - 05/03/2012

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Estan aquí. Y también, allí, donde siempre. En la tierra del islam. Y ya ni se disimula. Ya ni corrección política que valga. Miles de soldados occidentales muertos, casi un centenar de ellos por sus propios compañeros 'aliados' del 'ejército' afgano, los últimos dos, este mismo fin de semana. Miles de miles de millones en gastos militares. ¿Para qué? ¿Merece la pena morir por una especie de 'país' atestado por una brutal chusma coránica, siempre histérica, siempre ávida de sangre? ¿Merece Afganistán la pena?, es la pregunta que, con nombres y apellidos, se hacen militares retirados y políticos por retirar.

Redada de material extremista en una prisión llena de verdaderos creyentes de la Religión de la Paz. Mucho islam y mucha llamada al asesinato, la masacre y la yihad. Todo mezclado. Todo lo mismo. Lo normal. Lo de siempre. Y mucho Corán por medio. Todo lo mismo. Lo normal. Lo de siempre. Órdenes de confiscar el material extremista. Órdenes de amontonarlo. ¿Órdenes de quemarlo? Es lo que entendieron cinco soldados norteamericanos. Después, los gritos, los ojos en blanco y las carnicerías. Todo lo mismo. Lo normal. Lo de siempre.

Perdón, perdón, perdón...

Oh, hemos ofendido la sensibilidad religiosa de los creyentes del islam. Disculpas a mansalva. Se disculpa el general jefe de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán. Se disculpa la OTAN en general con todos sus temblorosos portavoces. Se disculpa el presidente de Estados Unidos. ¿Cómo, el presidente de los Estados Unidos se disculpa? El jefe de prensa de la Casa Blanca dice que las presidenciales disculpas son "apropiadas dada la sensibilidad" del tema. El presidente se justifica diciendo que sus disculpas han "calmado" la situación. Ya van seis de sus soldados asesinados a traición por los propios calmados soldados afganos.

Y, así, desde el propio ejército afgano comienzan a asesinar, de forma artera, a los propios soldados estadounidenses que les han adiestrado y les mantienen. Comienzan a asesinar a quienes les consideraban sus propios compañeros. ¿Se disculpa el presidente afgano Karzai por ello? No, contesta que no ve ninguna necesidad de disculpas. Compañeros de los asesinados -que le mantienen a él en el poder- han chamuscado unos libros. Se lo merecían.

Sensibilidades tan delicadas

¿Merece la pena morir por un futuro digno para esta chusma? ¿Merece la pena el gasto de miles de millones de euros en sus patéticos, pero siempre sanguinarios berrinches? ¿Merece la pena siquiera estar en constante alerta contra estos liberados de la verdadera religión? Miles de afganos ansían explotarse a sí mismos en honor de su libro. ¿Merece la pena morir por un país atestado de bombonas de butano de dos patas?

"Los estadounidenses también tenemos sensibilidades culturales. Pero quizás somos tan sensibles a la cultura afgana que hemos olvidados las nuestras propias", decía el coronel Peter Mansoor, antiguo miembro del equipo del general David Petraeus en lo peor de la guerra de Irak. El ejército de Estados Unidos encuentra a cinco de sus soldados responsables de la quema del libro santo. Serán juzgados y castigados, y, en todo caso, amonestados. Como poco, pueden perder su rango y su carrera militar. Se lo merecen. Han ofendido la delicada sensibilidad humanista de los musulmanes, de los afganos en particular, y de toda la Umma, en general.

Soy tu amigo. Dame la espalda.

Estados Unidos mete dinero a espuertas para ampliar cárceles que se supone que iba a cerrar. Las cosas no van como se preveía. No es un problema de no vencer al enemigo. Se le vence. Está arrinconado. No tiene ningún poder. Ni capacidad de maniobra. Bueno, sí la tiene. La misma que siempre con determinadas 'sensibilidades religiosas'. La infiltración. La traición. Soy tu amigo. Soy tu hermano. Dame tu confianza. Dame la espalda.

¿Merece la pena pelear y morir por este tipo de gente, tan sensible? El alto mando militar ya admite, también sin ningún tipo de tapujos, que la "traición de los afganos" que se suponían amigos está "envenenando" el plan estadounidense para asentar una democracia en el país de delicada sensibilidad religiosa y moral. ¿Merece la pena morir por un montón de traidores? ¿Merece la pena morir por el resto, un montón de traidores, por un país que es, en sí mismo, entero, una quinta columna gigantesca de sí mismo?

El triunfo de la taqiyya

Imbuidos de santo ardor, los talibanes exigen a militares y policías afganos que usen sus armas contra los mismos que se las cargan. El mismo que te agradece el cigarrillo te lo va a encender con plomo. Lo normal. Lo de siempre. La taqiyya. ¿Cómo se puede estar al lado de tipos así? La inteligencia afgana que no se disculpa dice que tiene un plan. Si hay que luchar contra infiltrados, habrá que infiltrarse también. Organizará su propia columna para identificar "potenciales peligros antes de que se conviertan en mortales".

Un gobierno organiza una fuerza de espionaje para espiar a su propio ejército. Dos soldados afganos se miran uno al otro. Uno vigila al otro. Uno es infiltrado de unos. El otro, infiltrado de los otros. Quiénes son los unos y quiénes son los otros poco importa. Todos son los mismos. Todos se vigilan a todos. Todos disimulan con todos. Es lo que tiene haber nacido en un país con una cultura tan sensible a los libros.