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Catholic League, Estados Unidos, tras la masacre del Charlie Hebdo: "Los musulmanes tienen derecho a estar coléricos"
@JavierMonjas - 08/01/2015

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Ningún símbolo más potente que la catedral de Colonia apagando sus luces exteriores y cerrando sus puertas al paso de la manifestación de Pegida contra la islamización de Europa. Norbert Feldhoff, deán del icónico templo católico, cumplió su amenaza de dejar a oscuras la fachada "como una poderosamente visible protesta contra la xenofobia, el racismo y la exclusión". Los manifestantes, que portaban cruces y gritaban eslóganes a favor de la herencia cristiana de Europa, se quedaron a oscuras y encendieron sus teléfonos móviles para iluminar de forma no menos simbólica los arcos ojivales y las agujas en que las sotanas dhimmies se habían atrincherado para insultar a sus partidarios, practicantes o no, creyentes, agnósticos e incluso ateos, todos opuestos a la invasora barbarie islámica extendida por Europa.

La insólita imagen de la catedral de Colonia a oscuras no se producía como consecuencia de una nueva masacre islámica de cristianos -árabes o no-, o de europeos -cristianos o no. Los obispos apagaban las luces para mostrar su desprecio a los miles de manifestantes que portaban cruces y banderas alemanas. No hacían sino seguir a los mismos que exigen no identificar el islam con sus soldados más aguerridos -"Europa tiene un problema terrorista, no un problema musulmán"-, pero que no dudan en igualar a los movimientos antiislámicos de clase media con la "furiosa lucha por el poder de la extrema derecha".

"No con nuestra luz", titulaban triunfalmente los medios partidarios de la contundente acción antirracista de los curas católicos de Colonia. El presidente de la Conferencia Episcopal alemana, cardenal Reinhard Marx, condenaba el crecimiento de la "extrema derecha" en el país y su "retórica sobre la conquista islámica". Otro obispo, Hans-Jochen Jaschke, responsable del denominado "diálogo interreligioso", reclama un debate "frío [y] objetivo" puesto que "la confianza solo puede crecer si nos hablamos los unos a los otros". Y para confirmar tan hermosas palabras, dejaron a oscuras a los suyos como signo de desprecio.

¿Su catedral? ¿Su luz? ¿Su debate? Sí, y también su iglesia y su catolicismo, y su belicosa defensa no solo del islam, sino del islam en Occidente y, muy especialmente, en Europa (ND). Sorprende la cerrada virulencia de la ofensiva del clero católico y cristiano en general contra sus propios fieles opuestos a la islamización de Europa y sus sangrientas consecuencias.

El deán de la catedral de Colonia había añadido: "Apagando las luces queremos que aquellos que se manifiestan se detengan y piensen. Es un reto: piensa con quién te estás manifestando". Y, en efecto, cada vez más miles de personas se detienen y piensan bajo las luces que apagan los capos de la jerarquía católica, y escuchan cómo cardenales y arzobispos califican de "sagrado" al Corán, a Mahoma, de "profeta", y comienzan sus intervenciones ante musulmanes con la ritual jaculatoria islámica de "en el nombre de dios, el clemente y el compasivo" (ND).

El Papa, jefe de todos estos beneméritos popes, declaraba a su vuelta de Turquía, donde había rezado en una mezquita, que el Corán es "un libro profético de paz", y a continuación rechazaba "enfurecerse" contra el islam por el terrorismo (islámico): "No se puede decir eso, simplemente como no se puede decir que todos los cristianos son fundamentalistas. También nosotros tenemos nuestra parte de ellos (de los fundamentalistas). Todas las religiones tienen esos pequeños grupos" (ND).

La equiparación del Santo Padre entre ambos "fundamentalistas" rivalizaba en hedor con su equidistancia entre cristianos y musulmanes "fundamentalistas". Sorprende que el Vaticano condene ahora el "abominable" ataque al semanario francés Charlie Hebdo cuando tanto ha callado contra el, al parecer, no tan abominable exterminio sistemático del cristianismo en el orbe islámico. Debe ser que todos ellos eran fundamentalistas y se lo merecían.

Ante el Parlamento Europeo, Bergoglio también se despachó a gusto en su desprecio por el "egoísmo" de los "opulentos" europeos y de los "mercados financieros" que han convertido "el Mediterráneo en un vasto cementerio". Pero del 'vasto cementerio' de los cristianos africanos y asiáticos, y del 'vasto cementerio' del horror islámico en Europa, el Santo Padre, en su sabia infabilidad, no dijo esta infabilidad es mía.

En Estados Unidos, la Catholic League, el principal grupo activista católico, si no el más activo e importante, emitía un comunicado en el que acusaba a los dibujantes del Charlie Hebdo de haber "provocado" su propia muerte. Bill Donohue, el capo del grupo, afirmaba que "los musulmanes tienen derecho a estar coléricos", y que si el editor del semanario, Stephan Charbonnier, había muerto bajo las balas de los valientes yihadistas se debía a sus propio "narcisismo".

"Si no hubiera sido tan narcisista, estaría aún vivo", remarcaba, opinión, por cierto, compartida por Tony Barber, redactor jefe del Financial Times, para quien los del semanario francés simplemente "fueron estúpidos" por publicar sus "insultos" a Mahoma.

Solo una monja -ortodoxa- ha levantado la voz para condenar "los cien millones de cristianos perseguidos en todo el mundo". Hatune Dogan ha visto a lo largo de su vida todas las atrocidades cometidas contra los cristianos en el Oriente Medio. "El Estado Islámico no es fanático. El Estado Islámico no es más terrible. El Estado Islámico son los verdaderos creyentes musulmanes que siguen el Corán y a Mahoma", dice la religiosa.

"Los Estados Unidos están invitando a sus propios asesinos a su misma puerta [...]. En cincuenta años, veréis asesinar a vuestros nietos ante vuestros propios ojos. El Medio Oriente ya está aquí. Está aquí. No está lejos de aquí. Está en vuestra propia puerta", añadió Dogan.

En una reunión con religiosas católicas, la hermana Hatune fue interrumpida por varias monjas al grito de "Hermana, ya es suficiente".