NUEVO DIGITAL - Internacional
Se radicaliza la dialéctica en el país de la crisis de los refugiados
@JavierMonjas - 10/01/2017

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"Volksverraeter". "Gutmensch". "Luegenpresse". "Voelkisch". "Traidor al pueblo". "Buenista". "Prensa mentirosa". "Verdadero nativo del pueblo". Son los términos de la tensión en la Alemania del millón y medio a los dos millones de súbitos "refugiados" y de lo que sucedió después. Quien esto firma ya tiene alguna experiencia en la discusión de unos términos que también se utilizan en España por doquier, aunque -aún- sin las duras connotaciones que implican en el país germano.

No es solo que la gente en Alemania (o en Estados Unidos, o en España, o en la práctica totalidad de los países occidentales) desconfíe de los medios de comunicación masivos, siempre aliados con la denominada "corrección política", uno de cuyos efectos más perversos es la autocensura y la autooocultación de los datos que no encajan en el ideario del 'establishment' político y periodístico. En Alemania es un fenómeno denominado "Luegenpresse", que en español se traduciría por "prensa mentirosa".

No es solo que un término como "Gutmensch" suene en alemán mucho más duro que la palabra que el redactor de esta nota considera más cercana al significado en español, "buenista", aunque en este último caso la palabra de raíz latina se resiste a ser escupida como sí se presta el término germano.

Y no es solo que otro vocablo como "Volksverraeter" se aplique a los políticos que, debiendo servir a los intereses de sus ciudadanos, sirven a otros espurios, relegando a los primeros frente a los segundos, como "traidores a su pueblo". Si acaso, la palabra "renegados", despojada de su antigua connotación religiosa, serviría para acercar la enorme carga negativa de la alemana.

Además, está la inquietante raíz de "volk", el "pueblo", tóxica como las emisiones tóxicas de Volkswagen, también ocultadas. "Voelkisch" se llaman los levantados en armas del lenguaje. Algo así como "verdadero hombre del pueblo (alemán)" mezclado con el orgullo de serlo, con el "patriota". Alemán de pura cepa frente a los que no son "Voelkisch".

La cuestión es que los cuatro términos -"Volksverraeter", "Gutmensch", "Luegenpresse" y "Voelkisch"- fueron ampliamente utilizados durante la época nazi, y tal circunstancia es la que ha tensado la cuerda de la opinión publicada alemana frente a la parte de la opinión pública que los usa con la delectación del rencor acumulado.

Todos los años, un grupo de seis lingüistas elige la palabra de moda con mayor carga negativa, el protagonismo inverso de la infamia. En su opinión. Las citadas lideran las clasificaciones de los últimos años, junto con "Postfaktish", post-factual, el palabro que ha venido adhiriendo la "prensa mentirosa" a hechos difundidos que han sido considerado falsos o ajenos al 'mainstream' informativo, noticias cimarronas, jirones del resentimiento acallado por la "prensa mentirosa" que esta devuelve escupiendo a la vez su desprecio.

Para unos, post-factual es la "prensa mentirosa"; a quienes viven en los post-hechos se los identifica con ultraderecha, neonazis, etc., pero en realidad constituyen amplios movimientos de clases medias en Alemania -AfD, Pegida- por completo opuestos a las políticas migratorias de Merkel. Para estos últimos, los que son post-factuales son los silencios, ocultaciones y manipulaciones de la prensa generalista y sus infinitos terroristas "desequilibrados" y "aislados". El punto álgido del post-factualismo desde el lado rebelde se vivió con el silenciamiento de las violaciones masivas sobre mujeres jóvenes alemanas por parte de manadas de machos alfa en celo de procedencia asiática y norteafricana.

El lenguaje nunca es inocente y menos ahora. Es el primero que se levanta en armas. En Alemania, los alemanes escupen sus "Volksverraeter", "Gutmensch", "Luegenpresse" y "Voelkisch" como quien dispara un AK-47 o estrella un camión contra un multitud pacífica en su propia tierra. Pero de forma muy distinta. Los políticos increpados ya saben cómo contestar: con una peineta.