NUEVO DIGITAL - Internacional
Erdogan: "Kosovo es Turquía y Turquía es Kosovo"
@JavierMonjas - 16/11/2013

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Con total impunidad, las redes sociales en Internet continúan reclutando musulmanes -y, ejem, musulmanas (jóvenes, por supuesto) (ND)- residentes en Europa para combatir junto a los grupos islamistas en la guerra de Siria. Salen por cientos para cumplir con el "deber de la yihad", según se proclama en las mezquitas insertadas la Europa infiel que actúan de agentes intermediarios en el bombeo de opositores contra el régimen de Damasco. Sí, salen por cientos desde la Europa occidental, pero también de un pequeño y nuevo 'país' sobre el que se cierne una ya indisimulada carrera por su control entre el islam clandestino y que se reviste con la alta política internacional de las mullidas alfombras y las doradas arañas.

A finales del mes pasado, Erdogan, de visita en Kosovo, proclamó que "Kosovo es Turquía, y que Turquía es Kosovo". Nada que no se supiera, pero una declaración tan explícita de boca del propio primer ministro turco cayó como otra bomba de las que la OTAN suele dejar caer de vez en cuando en Serbia.

La histórica hegemonía del vecino asiático en los Balcanes se explicitó de una forma que los turcos consideraron una "malinterpretación" de las palabras de Erdogan, aunque otros prefirieron resaltar el "nuevo otomanismo" que preside la política turca, la interior que separa hombres y mujeres en las residencias de estudiantes (ND), y bautiza reformas constitucionales con el nombre de gloriosas victorias históricas contra los cristianos (ND), y la exterior que vuelve a poner los ojos -y los pies- en el espacio vital de los Balcanes. Una periodista turca recordaba al hilo del ya afamado "Kosovo es Turquía y Turquía es Kosovo" cómo las miles de banderas ondeadas tras la declaración de independencia kosovar habían sido trasportadas de forma secreta desde Turquía.

Pero entre los servicios de la inteligencia occidental ha cundido otra alarma aun más perentoria que el lento trabajo turco de extensión a su inesperada y regalada base logística y política en Europa. Y la alarma ha cundido no ya por la exportación de verdaderos creyentes a la guerra de Siria; es más, ni tan siquiera por la extensión del yihadismo doméstico de quienes no quieren meterse en viajes y prefieren trabajar por la causa desde sus propios barrios. La preocupación se encuentra ahora en qué va a suceder cuando todos los sagrados combatientes regresen con sus impolutos pasaportes occidentales con ganas de seguir trabajando por la misma causa bajo la cobertura de las garantistas democracias europeas.

En el engendro de laboratorio diplomático llamado Kosovo, la vida sigue igual. Por un lado, la división étnica provoca la repetición de elecciones locales ante los graves disturbios que obligaron a anular las primeras. Desde Pristina se anima a participar a los serbokosovares en un intento de intentar su integración en el sistema político, atrapados en el territorio que fue propio hasta que George W. Bush decidió que la completa pérdida del orbe musulmán debía ser maquillada con la creación de una base de 'musulmanes buenos' y 'amigos de Estados Unidos' incrustada en pleno corazón de Europa. Pero mientras una vez más se intenta el imposible encaje étnico, en Kosovo se libra una guerra mucho más sorda, esta vez alentada por la religión. Pero no por todas, sino solo por una. Por la verdadera, para más señas.

La amistad eterna entre los musulmanes 'buenos' de Kosovo y Estados Unidos no está funcionando como se debiera a pesar del altísimo coste de insertar un submarino islámico en Europa basado en un estado mafioso de origen criminal. A principios de mes, dos misioneras mormonas fueron atacadas por albanokosovares. Heridas, debieron ser evacuadas de la zona ante el temor de que los asaltantes decidieran rematar el trabajo de depuración religiosa. La propia policía kosovar no tardó en identificar a los bestias, "inspirados por una ideología islámica extremista". Sin embargo, con la detención de los atacantes de las dos mujeres lo que se descubrió fue una red yihadista mucho más vasta que había cometido el error de tener demasiada prisa de forma demasiado pública.

Los investigadores fueron descubriendo un largo reguero de armas y explosivos según iban cayendo los implicados. Entre los diplomáticos occidentales pronto se comprendió la extensión de lo que ya constituía una auténtica red terrorista que nada temía a los miles de soldados de la OTAN y de Estados Unidos acuartelados en la zona y que sostienen el engendro kosovar. Pero lo que ya preocupa de forma abierta no es la extensión del yihadismo en Kosovo, ni que los 'opositores' sirios se sirvan de musulmanes con pasaporte occidental. Lo que preocupa ya de forma abierta es que todo está relacionado, que todo pertenece a una misma red organizada de extensión del islam al continente europeo, mayormente por las malas. Y muchos de estos 'combatientes' son retornados de la guerra siria dispuestos a emplear en Europa lo aprendido en las áridas arenas del Medio Oriente.

De hecho, los representantes de los yihadistas sirios que negociaban en Estados Unidos el apoyo occidental a los denominados 'opositores' al odiado régimen de Damasco -enemigo común para Washington y los islamistas-, esos mismos dignos enviados 'diplomáticos' de la oposición se detuvieron en Kosovo de vuelta de América para allí negociar el apoyo de 'know how' de los antiguos miembros del Ejército de Liberación de Kosovo, la brutal organización terrorista fundadora del estado kosovar, uno de cuyos líderes se sienta hoy en la silla presidencial del 'país' bienamado por las clarividentes inteligencias políticas de Washington, Londres, Bruselas y tal.

En Kosovo, muchas mezquitas están realizando llamamientos públicos para evitar que los más ardorosos de entre sus jóvenes se vayan a combatir a Siria en cumplimiento del mandato coránico de la yihad. Y, sin embargo, según informaciones de inteligencia, al menos en varias de esas mezquitas precisamente se están reclutando mujaidines de forma clandestina para precisamente acudir a la muy precisa Siria. Pero de lo que ya no hay duda es de que el yihadismo europeo y el oriental no solo se encuentran conectados, sino que son la misma cosa, una organización cada vez más extensa que acorta su lazo sobre Europa mientras cierra el cerco desde el Norte de África y el oeste de Asia.