NUEVO DIGITAL - Internacional
Un 16 por ciento han intentado suicidarse en el último año
@JavierMonjas - 11/10/2014

ImprimirCompartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Menéame

El blog se aloja bajo el nombre de "Cutmyselfkillmyself". Su lema es "Grito, me corto, vomito, no como". La autora, una adolescente mexicana, practica el corte de jamón con ella misma, con irregulares pero siempre vistosos resultados. Es una bitácora muy seguida por la famélica legión de las anoréxicas, bulímicas y onicófagas de cuerpo entero. En realidad, la susodicha es un mito, una leyenda, un ser adorado como superior, el ideal de miles de adolescentes hispanas que sueñan cada noche con lanzar una opa hostil a Gillette.

El tema de las adolescentes y jóvenes que se autolesionan a sí mismas -incluyendo las más tontitas que se autolesionan a lo bestia- está alcanzando proporciones bíblicas, especialmente en el primer y segundo mundo, pues en el tercero las cuchillas también funcionan a placer entre las jóvenes, en especial, las halal, aunque a su pesar.

Mientras millones de niñas son despatarradas a la fuerza por sus santas madres y abuelas, en el Reino Unido ya se abren clínicas especializadas en atender a las amputadas y en las fronteras la policía aguarda a las charcuteras de importación que entran en el país arguyendo sus derechos, cualesquiera que estos sean.

Y el caso es que, mientras Europa se enriquece con la rica multiplicidad de este variado mosaico etno-cultural, las autóctonas han decidido practicar con ellas mismas, acaso íntimamente convencidas de que no hay mejor amiga que una misma. En el mismo Reino Unido donde deben atender el holocausto de las purificadas de su sucio clítoris, los maestros reparten cuchillas a sus pupilas. Ya que se cortan, por lo menos que lo hagan de forma higiénica.

Y hablando de proporciones bíblicas, en Estados Unidos, la inestabilidad mental de las latinas más jóvenes ha provocado la alarma oficial entre las autoridades sanitarias. Según los CDC, mientras la población general vive cada vez más años, la hispana ve cómo sus tasas de mortalidad caen a un ritmo muy inferior al de blancos o negros. Pero se puede particularizar aun más la dimensión del 'gap' sanitario si se especifican las edades y la forma de morir. De morir, o de matarse, ya puestos a ello y con el fin de no dejar para mañana lo que pueda ser terminado hoy.

La proporción de adolescentes hispanas estadounidenses que intentan o consideran seriamente el suicidio (15,6 por ciento) dobla al de sus homónimas blancas (8,5 por ciento). Aunque más cerca de las blancas que de las latinas, las negras más jóvenes consideran abandonar de forma prematura este valle de lágrimas en un 10,7 por ciento.

Según la organización de centros médicos de Estados Unidos, para desear con ansia las delicias de la muerte voluntaria, los problemas de salud mental y la depresión se mezclan con el choque entre los valores culturales tradicionales de sus familias y los que les inculcan en las escuelas o los medios de comunicación.

La pobreza, pero sobre todo, la baja autoestima, derivada principalmente de una imagen física que no encaja con el entorno, se mezclan en una peligrosa carnicería de culpas y complejos que, sin ir más lejos, convirtió en charcutera de sí misma a la autora de "Grito, me corto, vomito, no como". (Y al paso de loncheado que va, pronto va a tener que recurrir a partes más blandas para mantener su afamado nivel de rodaja diaria).

La alarma por la avidez suicidal de las adolescentes latinas ha llevado a la difusión de campañas con títulos tan sonoros como "Life is Precious", a lo que las interfectas contestan que la autochuletada es mucho mejor, y que cuando se cansen de practicarla en el precitado valle de lágrimas, continuarán con ella en mejor lugar, con permiso de San Pedro.