NUEVO DIGITAL - Internacional
Clima de "pánico" por las amenazas de muerte, ataques físicos y violaciones
@JavierMonjas - 11/05/2016

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La organización Open Doors distribuye un mapa de la persecución a los cristianos en el mundo (pdf). Lo normal. El orbe islámico -Turquía incluida- más algunos otros inesperados huéspedes como México o Colombia. Además del inevitable paraíso friki de Corea del Norte. El continente europeo no se encuentra señalado por la marca de las masacres y la limpieza religiosa. Hasta ahora. El mismo grupo de protección a la cristiandad perseguida denuncia cómo en Alemania ya se ejecutan prácticas similares a la de los más reputados países carniceros del Próximo y Medio Oriente.

Francia anunció hace un par de días un inmenso plan para establecer centros regionales por todo el país para "desradicalizar" a los "musulmanes extremistas". La desnazificación de la postguerra mundial se queda en nada comparada con esta operación. Para empezar, 45 millones de euros del ala de los impuestos de los franceses destinados a intentar suavizar las ansias místicas de los más creyentes y píos de sus conciudadanos devotos de Mahoma.

Pero la desnazificación islámica en Francia debería extenderse a otros países de los que aun no tienen subido el color en el mapa de Open Doors, sin ir más lejos, a la vecina Alemania, donde el ya habitual problema con los musulmanes más intransigentes en el seguimiento de las disposiciones del Corán se ha agravado con la llegada de millón y cuarto de nuevos compatriotas, la inmensa mayoría de ellos, mahometanos.

El Washington Post llevaba el tema a sus páginas bajo el titular de "Los refugiados cristianos en Alemania temen la violencia de otros migrantes, según un informe". Pero no son de "otros migrantes" en general de quienes temen la violencia los cristianos. Falta ahí una palabra, el adjetivo que califica a los "migrantes" agresores. Y falta también aclarar que no se trata solo de temor abstracto, sino de que nada menos que un 88 por ciento de entre los entrevistados para la investigación denuncian agresiones físicas o verbales.

Los miembros de Open Doors Alemania (también existe una delegación española) denuncian un clima de "miedo y pánico" entre los cristianos llegados a Alemania desde las zonas de mayoría musulmana (nota de prensa en alemán). Pero en los centros de asilo, la mayoría musulmana continúa presente. El acoso y las agresiones no solo provienen de los migrantes musulmanes, sino también de los guardas de los centros, que también son musulmanes con el fin de no ofender a la mayoría siempre ofendida.

Según Open Doors, esto es solo "la punta del iceberg", pues ya no se trata de casos aislados e individuales, sino de un comportamiento extendido que se está convirtiendo en sistémico, el de la persecución cristiana en Alemania, por el momento, centrada en los creyentes llegados de países de mayoría islámica. Aunque 'solo' han documentado más de doscientos casos de ataques a cristianos refugiados -incluyendo amenazas de muerte, palizas y violaciones-, los autores de la investigación calculan en unas 40.000 las personas de la religión minoritaria entre los asilados que se pueden ver afectadas por el problema.

Las cosas no se ven mejor desde los países de procedencia de estos cristianos. Desde Siria, el arzobispo católico de Aleppo ruega a Occidente que deje de acoger a refugiados puesto que tal política les hace más daño que bien. "Si les interesaran nuestros problemas, se esforzarían en terminar esta guerra, en evitar que continuara", decía Jean-Clement Jeanbart.

Según World Watch Monitor, la población cristiana de Siria se ha reducido en dos tercios desde que comenzó la guerra en 2011, de millón y medio de practicantes en aquel año al medio millón de la actualidad. Europa se presentaba a quienes huyeron de la persecución islámica -y no solo de la guerra- como el soñado paraíso de la seguridad, allí donde al menos podrían practicar su religión sin ser asesinados o violadas. Pero lo que se han encontrado es que la cacería continúa en la que una vez consideraron tierra hermana en valores y ahora ven como indiferente a su nuevo calvario.