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Guerra fratricida entre homosexuales, bisexuales, lesbianas y transexuales en la liga de softball gay
@JavierMonjas - 05/12/2011

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Para comprender la siguiente noticia se hace imprescindible aclarar a los no iniciados algunas cuestiones previas. Primera: Hay una variación del béisbol que se llama softball, como aquél, muy popular en Estados Unidos. Segunda: De este deporte hay una liga específica para jugadores homosexuales, además de la competición normal para personas cuya filiación sexual es deportivamente irrelevante. Y tercera: Para participar en la liga homosexual hay que ser cualquier cosa menos heterosexual de nación. Como poco, homosexual muy homosexual. O del todo homosexual. No basta con ser mayormente homosexual, ni muy homosexual, ni la de Dios de homosexual, ni la leche qué homosexual soy. Bien, ahora podemos comenzar a explicar el 'gravísimo' conflicto de "discriminaciones sexuales" surgido entre muy homosexuales y del todo homosexuales en la homosexual liga de softball de los Estados Unidos de los homosexuales no menos unidos.

Para los mismos no iniciados existe una forma rápida de distinguir un partido de béisbol de uno de softball. Aunque las diferencias de juego y material son varias, en el béisbol, el pitcher lanza la bola por encima del hombro, mientras en el softball lo hace por debajo de él, de abajo hacia arriba.

De la misma forma, para los no iniciados se hace aun más necesario aclarar las diferencias entre el softball y el softball homosexual. Aunque en este caso no hay grandes diferencias de juego ni de reglamento, en el softball juegan personas en general, pero en la liga de softball para homosexuales, sólo homosexuales. Fácil. La cuestión es qué es un homosexual o cuánto de homosexual es necesario ser para jugar softball homosexual entre homosexuales de probada reciedumbre homosexual.

Mixturas puras e impuras

La organización que gestiona, controla y reglamenta el softball para homosexuales es la NAGAAA, que, leído en español parece el destemplado comentario de un niño pequeño ante un plato de espinacas, pero que en los Estados Unidos agrupa, en adecuado orden, las iniciales de la North American Gay Amateur Athletic Alliance.

Esta organización gestiona la liga del softball gay, cuyas competiciones se van rotando cada año entre diferentes ciudades de Estados Unidos y Canadá. En realidad, se organizan dos ligas: una en la que pueden competir entre sí equipos masculinos y mixtos, y una segunda liga destinada sólo a equipos femeninos. Obviamente, por equipos mixtos se entiende una mixtura de hombres y mujeres, y no una mixtura de homosexuales y heterosexuales. Pero, eso sí, la mixtura debe ser mayormente homosexual, sean cuales sean las respectivas querencias, ausencias y apariencias en el afamado empaque interpernil.

En realidad, la NAGAAA dice que pueden participar en los partidos cualquier tipo de persona sin discriminación de su orientación sexual, pero que en ningún caso pueden jugar en un equipo más de dos jugadores que no pertenezcan a la comunidad LGTB, es decir, que no sean o lesbianas, o gays, o transexuales o bisexuales.

Traición y trampa

Así se entiende que puedan competir equipos mixtos de 'hombres' y 'mujeres' puesto que, con estos presupuestos, se hace extraordinariamente complejo delimitar quién es allí un hombre, una mujer, y quién pertenece a los diversos y casi infinitos estados intermedios sobrevenidos o por sobrevenir. Y así, el problema surgió en la liga gay de softball, las denominadas Gay Softball World Series, en concreto en la edición que se celebró en Seattle en 2008.

Algo debió parecer raro en aquellos tres jugadores del equipo que terminó en segundo lugar en aquella competición. ¿Eran esos tipos homosexuales de verdad? Los encerraron en una sala, y, según las denuncias de los separados, les sometieron a un tercer grado a base de preguntas enormemente personales sobre sus gustos cárnicos. Los inquisidores de la NAGAAA finalmente consiguieron sacarles la verdad a aquellos pobres y sudorosos hombres: a los muy cochinos, les gustaban también las mujeres. Sí, de forma ligera, pero también les gustaban las mujeres. Oh, mundo corrompido, seres depravados. Sí, traición y trampa.

Los viciosos fueron desposeídos inmediatamente de su título y arrojados a la ignominia de la acusación pública de la comunidad gay. Según la NAGAAA, si el campeonato se llama Gay Softball World Series, es que es para gays, y no para bisexuales ni nada parecido o pareciente. Un gay es un gay. Pero, ¿qué es un gay? O, en otras palabras, ¿qué cantidad de homosexualidad debe atesorar un jugador de softball de la NAGAAA para ser considerado homosexual apto para participar en los torneos para homosexuales?

Extraños compañeros de cama

Los tres homosexuales que no eran suficientemente homosexuales reclamaron a los tribunales. Pero perdieron. Según su señoría, la NAGAAA tiene derecho a establecer el número de no homosexuales del todo que participan en su liga, sin que conste, en el mismo dictamen, si la liga de softball para personas en general tiene el mismo derecho a limitar el número de homosexuales que participan en sus competiciones. Previsiblemente, no lo tiene. Casi seguro.

En su página web, la NAGAAA -en medio de fotos deportivas para 'entendidos'-, declaró la sentencia como una victoria y anunció un acuerdo con los tres jugadores que resultaron ser, ejem, bisexuales. O sea, no del todo homosexuales. En realidad, el asunto se convirtió en un pequeño caos, a pesar de la prolija nota de prensa de la organización que pretendía poner luz en la oscuridad de aquel armario. A los tres demandantes casi homosexuales les representó una organización nacional de lesbianas.

El por qué las lesbianas se aliaron con los casi homosexuales que resultaron ser casi bisexuales contra los homosexuales de verdad es cosa demasiada larga, compleja y tortuosa para ser explicada aquí. Pero la cosa no pintaba ni pinta bien: lesbianas y bisexuales masculinos unidos contra homosexuales masculinos. De los transexuales no se conoce una posición cierta. Posiblemente, porque la cambien si consideran que su opinión está atrapada en el cuerpo de otra opinión distinta. Así, que pueden cambiar de opinión. Una vez, una, y otra vez, otra. Ahora así, ahora asao. Ahora por aquí, ahora por allá.

Heteros infiltrados

El caso es que, a pesar de la victoria de la NAGAAA, y ante la posibilidad de un largo proceso de apelaciones, esta organización se mostró de acuerdo en pactar con los depurados, de manera que a éstos se les devolvería su título de subcampeones de la liga gay de 2008, y, además, se les indemnizaría con una cantidad no desvelada por los daños morales infringidos.

Los rumores en San Francisco, donde está radicado el equipo de los tres depurados, el D2, insisten en que, durante años, éste ha alineado a jugadores heterosexuales, lo que ha enfurecido a los homosexuales, que, al parecer, consideran un caso no sólo de fraude sexual y deportivo, sino también de ilícito ventajismo. En todo caso, cómo se descubrió el pastel de los homosexuales no del todo homosexuales, es cosa no explicada. Probablemente, alguno de los jugadores supuestamente homosexuales fue sorprendido, entre bola y bola, en mirada concupiscente a señorita, aunque esta fuera cortita (la mirada, no la señorita).

La noticia ha sido reproducida y comentada en los más encumbrados medios de todos los Estados Unidos (1, 2, 3 y 4), abrumados ante el terremoto sexual en que se han visto envueltos sus jugadores, jugadoras, jugador@s y jugador?s de softball de orientación sexual específica. Ahora, la sospecha sexual se abate, como una turbia mancha de desconfianza, entre todos esos deportistas, deportistos, deportist@s y deportist?s sobre los que, como poco, cabe decir que nada es lo que parece. Ni, mucho menos, nada parece lo que es. Que sólo los arteros infiltrados consideran que es lo mismo.