NUEVO DIGITAL - Internacional
Mientras clérigos musulmanes se enzarzan en una discusión técnica sobre si el islam permite abrasar viva a una persona
@JavierMonjas - 04/02/2015

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Es como una cantinela farfullada por lelos. Que si la "institución suní más prestigiosa del mundo", que si el "faro del islam moderado", que si tal, que si cual. Pero a poco que se rasque -o ellos mismos se rasquen-, la barbarie coránica aflora como prístino manantial de odio, violencia y sangre. El "faro" del "islam moderado" salió ayer con la artillería pesada de las crucifixiones y las amputaciones. Esos nobles sabios suníes, tan prestigiosos, los incuestionados interlocutores del "diálogo interreligioso" y los "derechos humanos" con el Vaticano...

La universidad de Al Azhar ya mostró los dientes cuando el papa Bergoglio fue elegido. Cuidado con atacar al islam (ND). En el lenguaje del islam y, por supuesto, de Al Azhar, 'atacar al islam' significa denunciar sus brutalidades. El argentino tomó buena nota y, mientras se dedica a revolucionarismos baratos de ridículo peronismo, calla como un muerto las diarias masacres de cristianos del Medio Oriente.

De hecho, la propia universidad de Al Azhar también se ha mostrado mucho más dura en la condena del califato que el propio Benedicto, que calla y calla cuando hablar y hablar debería todos los días para algo distinto que para justificar las matanzas musulmanas. Al Azhar condenó las masacres de cristianos en el Oriente Medio con una claridad que ni en sueños se imaginaría del Santo Padre de los católicos. Ya saben: "Se il dottor Gasbarri, che è un amico, dice una parolaccia contro la mia mamma, lo aspetta un pugno! Ma è normale! Non si può provocare. Non si può insultare la fede degli altri" (ND). Bravo.

El papa está cumpliendo con absoluta obediencia el mandato de Al Azhar. Callar. Sobre el islam solo hablan los musulmanes. Y los musulmanes hablan con el Corán en la mano. Y si Al Azhar es el "faro" de los musulmanes -al menos, de los suníes-, cuando Al Azhar habla, habla el Corán. Y es entonces cuando la "prestigiosa institución del islam moderado" se abandona como ayer se abandonó a su orgía de crucifixiones y amputaciones.

Desde hace años, la yihad ha generalizado la crucifixión como hermosa terapia contra infieles y rebeldes. Nada que no ordene el sagrado libro en el versículo 33 de la sura 5, 'La mesa servida': "Retribución de quienes hacen la guerra a Alá y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra".

La universidad del Al Azhar está abarrotada de sabios profesores. Por ello, se ciñen al mandato coránico a la hora de ordenar la crucifixión y la amputación de los miembros de lados opuestos del cuerpo (nótese el refinado sadismo técnico en la disposición no transitoria). El problema ha surgido con la salvaje hoguera con que condenaron al soldado jordano. En realidad, lo que ha surgido es una discusión teológica con ramificaciones igualmente técnicas.

Mientras los teólogos del califato insisten en que la quema de una persona viva está permitida por el islam, otros clérigos opinan lo contrario, es decir, que si bien las crucifixiones, amputaciones y demás son 'halal', permitidas, santas y nobles como ellas solas pues beben de la purísima fuente del Corán, eso no sucede con el abrasamiento de personas vivas. "Solo Alá tortura con fuego", decía un clérigo saudí.

Claro que discusiones técnicas hay en todas partes. Mientras unos defienden que ver el vídeo íntegro del pobre soldado jordano vale más que mil palabras, los de las mil palabras intentan ocultar la barbarie equiparando al seguidor de la terapia con el terrorista. Si lo ves, eres uno de ellos, dice la progresía. Hay que taparlo con un velo.

Hay otras cuestiones técnicas rulando por ahí. Por ejemplo, si toda esta apocalíptica brutalidad islámica va a animar a más valientes guerreros a seguirla -como está sucediendo por ahora- o, por el contrario, va a generar una reacción en el orbe islámico, reacción que, al menos por ahora, no se ha producido salvo en el caso de magnificados pero insignificantes grupitos. No como cuando las masas se ponen como se ponen por unos dibujitos de nada.