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Los relatos de "56 años de penurias y prohibiciones que no han acabado con la fe de los cubanos"
@JavierMonjas - 22/07/2015

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“Quien no lo haya vivido, no podrá sospechar jamás las motivaciones que encauzan las acciones de los seres humanos que habitan esa carolingia isla del Caribe”, escribe Ana Lucía Ortega en su nuevo libro de relatos. Hubo un realismo mágico pleno de poesía narrativa. Pero, pasado por el socialismo, el realismo mágico cubano se convierte en un realismo sucio de la mugre, la miseria y la desesperanza, en una crudeza narrativa que transmuta la verdad en irrealidad. O se ha vivido, o no se comprende. Este es un libro escrito para traducir ese abismo.

La hispano-cubana Ana Lucía Ortega (Amazon - Author Central) acaba de publicar un libro de relatos titulado “Vidas pintadas para sobrevivir”, trabajo en el que la realidad presentada con crudeza se convierte en alucinación, en el que la épica de la supervivencia desemboca en la degeneración como epopeya, en el que la tragedia de la escasez se convierte en una leyenda de excesos y exuberancias, en el que una época exhala la que sea quizás su última boqueada antes de desaparecer en la nueva geopolítica caribeña.

Como advierte Ortega, directora Webperiodismo.com, de los quince “relatos”, solo dos responden a un estricto origen ficcional. Los demás son “reales”, nacidos de la captura periodística de anécdotas que los abusos del trópico convierten en una introspección en el alma socializada de los cubanos.

Periodista y realizadora de informativos de la televisión castrista, Ana Lucía Ortega se dijo un día de 1992 que hasta allí había llegado, que no había nacido para alimentar la impostura de la ‘revolución’, que ya bastaba con aquel simbólico cambiazo del héroe revolucionario de la ganadería por un socorrido figurante a que se vio obligada para rellenar su programa de noticias presupuestas.

Radicada en España desde 1995, Ana Lucía Ortega convierte la oscuridad de los apagones en un delirio de irrealidad a base de pinceladas expresionistas que llevan las descripciones de una periodista a unas introspecciones casi místicas del infortunio. Hay belleza en la calamidad, como la hay en esa orquesta de cubanos infinitos que toca mientras su isla se hunde.

No se concede el menor resquicio para la postura y menos para la impostura: es un libro interno, crudo, de cubanos para cubanos, que, de esta forma, estalla en un bucólico desvarío de pesadilla a quienes lo leemos, lejos de los húmedos perfumes y hedores tropicales, envueltos por el acondicionado aire de una Europa aún relativamente ordenada.

P. ¿Por qué califica de “carolingia” a Cuba?

R. La familia Castro Ruz lleva casi seis décadas gobernando la isla. A través de la metáfora, manifiesto que Cuba se rige bajo los designios de una dinastía, cuyo líder, como un Carlomagno tropical, lleva años intentando replicar su proyecto en todo el continente hispanoamericano. Ha fructificado ya en varios países.

P. Con los últimos acontecimientos políticos en torno a Cuba -el último de ellos, la reapertura de las respectivas embajadas-, da la sensación de que su libro traza la descripción de una situación que pronto va a cambiar hacia una especie de Florida en vías de desarrollo. ¿Qué cree usted que sobrevivirá de la Cuba mágica que la escasez y la opresión han –si me permite la expresión- fermentado?

R. Sobrevivirá lo que no le han podido quitar 56 años de penurias y prohibiciones: el ingenio del cubano. Su humor y su optimismo. La fe y la esperanza. Porque todo eso está en el adn de la isla.

P. Sorprende cómo un mismo episodio de los narrados en su libro puede ser a la vez heroico, trágico y ridículo. ¿Dónde se encuentra la frontera entre los barrocos excesos caribeños y la pesadilla del castrismo?

R. Esa frontera se difumina. El entorno y las vivencias se convierten en una entidad mágica porque lo inconcebible se transforma en cotidianeidad. Podría parecer contradictorio, pero allí lo tangible se transforma en fabuloso y viceversa.

P. Sus relatos son en realidad pequeños reportajes que convierten la anécdota narrativa en una categoría de la Cuba castrista. ¿Cómo puede el lector español superar el abismo, no ya político ni cultural, sino existencial para comprender la brutal franqueza de la situación desesperada que usted describe en su libro?

R. Varias generaciones de cubanos se formaron con el objetivo de crear un hombre nuevo para una sociedad nueva. El fracaso del proyecto es el fin de la utopía y este hecho dinamita los cimientos donde se asienta Cuba. La isla se enfrenta a la tesitura de descubrir otro camino. El lector español podrá identificar en los relatos los signos vitales de esas personas que a diario se esfuerzan en superar todas las pruebas a las que las somete la subsistencia para terminar visualizando su decepción. Y la desilusión no es patrimonio cubano, es una sensación universal.