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Estudio: La Constitución de Estados Unidos deja de ser el modelo de libertades y derechos para las democracias
Javier Monjas - 13/02/2012 - 09:25 AM GMT+02:00
La querella contra el parque acuático SeaWorld fue interpuesta por PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), organización envuelta con frecuencia en la polémica por la radicalidad de sus propuestas y 'acciones de liberación animal'. El juez argumentó en su fallo que la Constitución de los Estados Unidos protege de la esclavitud a las personas, pero no a los animales. Por su parte, SeaWorld resumió todo el asunto afirmando que se trataba del final de un "nuevo truco publicitario de PETA". "¿Demasiado vieja para ser atractiva?" La Decimotercera Enmienda que proscribe la esclavitud fue introducida en la Constitución de los Estados Unidos después de la Guerra Civil de ese país que, bien vencida la segunda mitad del siglo XIX, continuaba así su adaptación a los nuevos estándares de humanidad en los que había sido pionera en su promulgación y defensa menos de un siglo antes. Los estadounidenses suelen vanagloriarse de que, en más de dos siglos de historia, su Constitución ha tenido sólo 27 enmiendas, lo que indica su validez inaugural y su capacidad de adaptación al discurrir del tiempo. Pero ahora ese argumento puede volverse en su contra. Un estudio elaborado por profesores de las universidades de Washington y Virginia acaba de determinar cómo la Constitución de los Estados Unidos hace ya mucho que ha perdido su atractivo en los procesos constituyentes de todo el mundo. O, en otras palabras, que políticos y juristas encargados de la redacción de los textos legales de máximo rango hace ya décadas que han dejado de tomar como modelo a la Constitución estadounidense. En concreto, este desapego habría comenzado ya en los años ochenta del siglo pasado, pero se encuentra ahora en "caída libre", según los autores del informe. La pérdida del liderazgo moral y político escenificado en la Constitución golpea con dureza a los sectores más patrióticos de un país que, además, se muestra incapaz de tirar de la economía del mundo y ha perdido su capacidad de gestionar con éxito los conflictos en que se ve envuelto. "La Constitución de los Estados Unidos: ¿Demasiado vieja para ser atractiva?", se preguntan algunos articulistas entre dolidos por la indiferencia hacia su Carta Magna, y orgullosos por la afirmación de los principios fundamentales en ella garantizados. "La soviética, mejor que la nuestra" Lejos de reducirse a una polémica para juristas, la 'revisión' constitucional se ha visto agravada de forma extraordinaria después de que nada menos que una juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos haya desaconsejado en televisión a los egipcios que adopten la Carta Magna de su país como modelo en el nuevo proceso constituyente que el país árabe intenta afrontar. Ruth Bader Ginsburg se encuentra de gira precisamente por varios países de la denominada 'Primavera Árabe' con el fin de informar a sus nuevos dirigentes de cómo levantar un sistema constitucional que proteja los derechos y libertades de los ciudadanos y ciudadanas, por cierto, muchas de estas últimas, escuchando la perorata cubiertas con pañuelos islámicos. Pero a la miembra 'progresista' del Tribunal Supremo de Estados Unidos -que, precisamente, tiene entre sus funciones la interpretación constitucional- no se le ocurrió otra cosa que recomendar en televisión la Constitución de Sudáfrica o la Carta de Derechos de Canadá, las cuales, en opinión de Ginsburg, garantizan mejor la defensa de los derechos humanos básicos o la existencia de un poder judicial independiente. Es más, la juez llegó a asegurar que "la carta de derechos del antiguo imperio del mal, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, fue mucho mejor que la nuestra". Y para que no quedaran dudas, remachó: "Y lo digo de forma literal: era mucho mejor que la nuestra". "¿Copiaría alguien Windows 3.1"? Los sectores conservadores de Estados Unidos han denunciado el agravio que, en su opinión, supone que una juez del Tribunal Supremo desprecie -en país extranjero- la Constitución a la que -se supone- debe servir. Y, por supuesto, la polémica ha degenerado en un enfrentamiento entre conservadores y 'progresistas'. Articulistas de este último sector han calificado el texto legal estadounidense como "terso y viejo", y garante de "relativamente pocos derechos". Por su parte, los conservadores exigen la cabeza de la juez Ginsburg mientras defienden precisamente la 'tersa' limpieza de los derechos básicos, personales y públicos, que, en su opinión, son suficientes para sostener una democracia avanzada. "Impeachment" vuelve a ser una palabra que resuena en Estados Unidos, esta vez aplicada a la miembra progresista del Tribunal Supremo que considera obsoleta la propia Constitución que debe aplicar en los altos casos que juzga. "¿Copiaría hoy alguien Windows 3.1?", se preguntaba uno de los autores del estudio sobre la pérdida del 'sex-appeal' de la Constitución de los Estados Unidos. Pero, por lo que parece, lo que se encuentra en cuestión en medio mundo no es la idoneidad de un sistema operativo constitucional más o menos obsoleto, sino cómo las democracias avanzadas de Occidente han sido "compradas y vendidas" por empresas, 'mercados' y hasta "sindicatos", como se denuncia incluso desde Al Jazeera, portavoz de cuanto izquierdismo disolvente occidental asome el hocico, pero que ahora añade a los 'defensores (profesionales) de los trabajadores' como una amenaza más. Algunos de los pilares básicos que fundamentan las democracias más asentadas tampoco se libran de descarnados ataques, y no precisamente por parte de 'antisistemas'. El primer ministro británico, David Cameron, lleva desde hace meses lanzando un debate sobre si los 'Derechos Humanos' no han degenerado en poco más que en las herramientas perfectas para que criminales y terroristas de todo el mundo construyan y defiendan sus respectivas impunidades (ND). Secuestros y refundaciones democráticas Las denuncias sobre el "secuestro" de las democracias por "capitalistas y políticos" llega ya a países de democracias nuevas y emergentes como Tailandia, donde los debates constatan con desaliento cómo los sistemas de libertades han dejado de servir a los ciudadanos "a pesar de las repetidas elecciones y constituciones". Por todas partes se habla de "refundar las democracias", incluso en Rusia, donde el primer ministro, Vladimir Putin, ha lanzado tal reclamo en un país donde antes de refundarla sería necesaria fundarla y hasta fundamentarla. O, al menos, eso es lo que piensa una gran parte de la sociedad rusa, potencialmente disidente de las opiniones de la juez estadounidense Gingsburg, para quien la Constitución soviética ya era mucho mejor que la estadounidense, y seguramente, también mejor que la actual rusa. |
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