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EL PAÍS
Javier Monjas - 01/08/2011 - 03:18 AM   GMT+01:00

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Junto con las subvenciones los países del Golfo inundan las mezquitas de opúsculos que irritan a las autoridades españolas. “La Europa de hoy sigue considerando a la raza blanca superior a las de color”, recalca una monografía en castellano publicada por el Ministerio de Asuntos Islámicos de Qatar bajo el título “Muhammad. El Profeta Ideal”. “Europa, con todas sus pretensiones de iluminar y liderar (…) sigue estando por detrás del Islam”, añade (...). El líder libio Moamar el Gadafi también ha mostrado, cuando aún disponía de medios, predilección por los conversos españoles agrupados en la Junta Islámica de España. Con su presidente, el psiquiatra radicado en Córdoba Francisco José Escudero, que adoptó el nombre árabe de Mansour, fallecido en octubre pasado, estableció una “relación personal”, según el CNI.

El servicio secreto da cuenta en su informe de algunas operaciones puntuales de financiación, como los 300.000 euros que pagó Catar para remodelar el Centro Cultural Islámico Catalán, pero no proporciona cifras globales. “En su mayor parte se utilizan cauces alternativos para hacer llegar dichas donaciones que escapan al control de los regulares del sistema financiero español”, señala.

Ni que decir tiene que el más generoso es Arabia Saudí. A las donaciones directas de la familia real se añaden las de su Embajada en Madrid y de un sinfín de asociaciones benéficas más o menos oficiales. La retahíla de mezquitas y centros receptores de sus ayudas “no se caracterizan por su elevado nivel de radicalismo”, según el CNI, aunque su “sumisión” a las directrices saudíes es total.

No solo los radicales se aprovechan de la generosidad del Golfo sino también individuos que se otorgan “una representatividad impropia” y llegan incluso a “apropiarse de forma indebida de los fondos obtenidos”, advierte el CNI. Por eso algunos viajes a la zona para recaudar subvenciones “se hacen en el más absoluto secreto y sin conocimiento” de la comunidad islámica en cuyo nombre se piden. Si se consiguen no siempre sirven al fin declarado por el que las solicitó.

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