NUEVO DIGITAL - Internacional
Euforia en el orbe islámico ante el rumor de la conversión de la chica Disney
@JavierMonjas - 16/01/2017

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A la hora del cierre de esta información, la cuenta de Lindsay Lohan en Instagram presenta "0 publicaciones" y un mensaje muy simple para sus 5,6 millones de seguidores: "Alaikum salam". En el orbe islámico se ha dado ya por hecho que la actriz ha dejado atrás su más bien intenso pasado y ha abrazado la verdadera luz. Twitter 'arde' ante la posibilidad de que la Verdadera Religión haya conseguido un trofeo de 'alto perfil' -al menos, del más alto posible dadas las circunstancias- que aclare algo el siempre mucilaginoso pantano de barbarie y sangre en el que chapotean sus fieles y -peor- sus infieles.

Aunque hay medios del cotilleo que desmienten de forma contundente la supuesta conversión de la antigua actriz a la Religión de la Paz, también los hay que recuerdan sus coqueteos con el Corán que le regaló un amigo saudí, y cómo defendió su derecho a llevar, enseñar y leer el definitivo Libro Sagrado mientras era "crucificada" (sic) por sus infieles paisanos como consecuencia de tal actitud, hasta el punto de hacerla sentir "insegura" en su propio país.

Como otras 'celebrities', Lindsay Lohan ha recibido la llamada de la solidaridad con los perseguidos, es decir, con los 'refugiados' sirios y demás, allí donde -incidentalmente- se agolpan las cámaras. Con su pañuelito a la cabeza y delante de las alcachofas turcas, la filántropa es una incondicional forofa del régimen de Erdogan, y así lo hace saber delante de las susodichas alcachofas y de las cámaras de fotos, en la inevitable instantánea con los adorables niños y tal.

Lindsay Lohan, de retorno o no al Islam en el que todos nacemos y del que renegamos haciéndonos así merecedores de los astringentes castigos contemplados en el definitivo Libro Sagrado, Lindsay Lohan, decíamos, llevaba una misión bien concreta en su gira de navidades por los campos de refugiados en Turquía: repartir paz y amor y, además, unas bebidas energéticas, graciosamente provistas por el patrocinador de la humanitaria tournée, a su vez, conectado con una discoteca de alto pijerío en Atenas, de -casual- lanzamiento simultáneo y de nombre coincidente con la criatura abortada por Disney.

Mal asunto que la señorita una su nombre a la fiesta desorejada dado su mundialmente afamado pasado beodo, por no hablar de los morreos en público con su patrocinador griego de la gira humanitaria, que ahora se llama así, 'su patrocinador', es decir, el que se la patrocina y la patrocina, el de las bebidas energéticas y los refugiados, vamos. Sin embargo, estos pecadillos le son perdonados a la filántropa que se pasea en público con el Corán pegado a su pecador pecho, que, ciertamente, no puede hablar de lo que ha visto, pero que no parece un lugar muy ortodoxo para apretarse el Libro Sagrado, y por ahí le pueden quitar algunos peligrosos puntos sus nuevos hermanos de fe, si es que realmente ha retornado al Islam en el que todos nacemos, etc., etc.

Sin embargo, el mundo en vilo por el camino espiritual que haya adoptado Lindsay Lohan, no parece que los cristianos coptos vayan a conseguir pronto los beneficios de la bebida energética del patrocinador griego de la filántropa. Mujeres y niños eran la mayor parte de las decenas de reventados en el atentado islámico de prenavidades contra la iglesia copta de El Cairo, y por allí no apareció y sigue sin aparecer ninguno de estos filántropos, dejando desposeídos a los cristianos coptos de su derecho a recibir las bebidas energéticas, como los 'refugiados' sirios.

Ahora, los tribunales egipcios no han admitido la demanda contra los acusados de desnudar y pasear en público a la anciana madre de un joven cristiano, al que sus vecinos acusaban de haberse liado con una musulmana. La cosa derivó en lo que suelen derivar estos asuntos en valga sea la zona del mundo. De hecho, los tribunales que han rechazado procesar a los saqueadores y a quienes humillaron a la anciana, sí tomaron la resolución de procesar a alguien, y fue al supuesto adúltero cristiano, para que la próxima se lo piense antes de tocar con sus impuras manos a una verdadera creyente, si es que la tocó, que no está demostrado.

Sin apenas posibilidades -o muy remotas- de que aparezca Lindsay Lohan con sus bebidas energéticas solidarias en algún hueco que la deje sin rellenar su patrocinador, por el momento las familias cristianas afectadas por la justa vendetta islámica han debido abandonar la región en la que vivían ante las amenazas que continúan recibiendo. Hasta donde se sabe, ni Acnur, ni el Santo Padre por antonomasia, ni Lindsay Lohan, ni el Dalai Lama, ni Manuela Carmena, ni ninguna otra de las luminarias de la ética y la caridad contemporáneas tienen previsto interesarse en los más mínimo por estas gentes cristianas, cruelmente desposeídas de los beneficios de las bebidas energéticas occidentales, con las que, sin duda, sobrellevarían mejor su paso por este valle de lágrimas y de escombros ensangrentados.