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EL PAÍS
Javier Monjas - 10/02/2013 - 06:53 AM   GMT+01:00

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El 25 de diciembre de 2011, la niña ingresa en el hospital Rey Saud de Riad con el cráneo aplastado, el brazo izquierdo y varias costillas rotas y una uña arrancada. La madre, que está divorciada del padre y no tiene la custodia, ha declarado a la prensa local que el personal médico le dijo que su hija tenía el recto rasgado y que el causante había intentado cauterizárselo. Diez meses de agonía después, la pequeña Lama muere.

El rumor que se extendió a principios de esta semana, a raíz de la vista del caso que se celebró el pasado domingo, es que el padre fue excarcelado. Dada la falta de transparencia informativa que caracteriza al Reino del Desierto, varios medios anglosajones se hicieron eco de una noticia no contrastada según la cual el polémico clérigo, Fayhan al Ghamdi, había quedado en libertad tras pagar a su exesposa el equivalente a unos 35.000 euros en concepto de diyá, literalmente “dinero de sangre”, que es la compensación económica que la ley islámica (sharía) establece para los herederos de la víctima de una muerte violenta.

“No, no es en absoluto cierto”, desmiente Aziza al Yusef, una de las activistas saudíes que ha liderado la campaña para que se haga justicia con Lama. “Al Ghamdi sigue en prisión y el juicio continúa; la próxima vista será el miércoles”, asegura durante una conversación telefónica con esta corresponsal.

Gracias a la movilización de las activistas, la madre de la pequeña ha podido disponer de un abogado facilitado por la Organización de Derechos Humanos y el caso se ha conocido tanto dentro como fuera de Arabia Saudí. Eso ha sido suficiente para desatar la indignación generalizada, incluso en un país donde hay clérigos que para evitar el abuso infantil proponen que a las niñas se les tape la cara desde la cuna.

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