NUEVO DIGITAL - Internacional
Mentiras y manipulaciones para alentar el victimismo
@JavierMonjas - 19/02/2015

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La pasada semana, una joven estudiante denunció que había sido seguida diez kilómetros por un hombre conduciendo una camioneta mientras hacía gestos amenazadores hacia ella. Pero lo peor estaba aún por suceder. Cuando la chica aparcó en el campus de la Universidad de Texas en Arlington, el sujeto -"blanco, con gorra de camuflaje"- salió de su vehículo y apuntó a la cabeza de la estremecida mujer entre "insultos racistas", seguramente inducidos por el pañuelo islámico que portaba la intimidada. En un comprensible intento de denunciar la cruel situación de acoso que los fieles islámicos sufren en Occidente, la universitaria, aterrada, se lanzó a contar en las redes sociales lo que había sucedido. Gran escándalo. La policía entrando a saco en el gravísimo incidente. La universidad proclamando la habitual cantinela de "we take these issues very seriously". Todo era mentira.

Hasta el momento de cerrar esta información, no se ha presentado ninguna acusación contra ella. Es decir, que se va a ir de rositas con el fin de no 'incrementar las tensiones' sobre los musulmanes. El sitio web de la Asociación de Estudiantes Musulmanes de la Universidad de Texas en Arlington no dice ni mu sobre lo ocurrido. Sigue proclamando que su interés es "crear unidad mediante la diversidad". Mediante la diversidad de mentiras, se supone.

La pavorosa historia de una desvalida chica perseguida a muerte por un salvaje ("blanco") con ropa militarizada se desmoronó de forma casi súbita ante el más suave de los interrogatorios policiales. El día en que había sufrido la horrible experiencia de verse apuntada con un arma de fuego a la cabeza entre horribles insultos a su religión, ese día, la joven de la diversidad ni tan siquiera se encontraba en el centro universitario. Terminó admitiendo que todo se lo había inventado. Ni tan siquiera se ha hecho público el nombre de la embustera.

Craig Stephen Hicks estaba harto de que tres estudiantes ocuparan una y otra vez su plaza de garaje. Hubo discusiones previas por este motivo en ese edificio de apartamentos de Durham, en Carolina del Norte. La semana pasada, una vez más el hombre se encontró su espacio ocupado por el coche de los chicos. En la consiguiente y nueva discusión, fuera de sí, sacó una pistola y los mató.

Esta vez sí conocemos los nombres y la edad de los jóvenes asesinados. Deah Shaddy Barakat, de 23 años; su esposa, Yusor Mohammad Abu-Salha, de 21, y la hermana de esta última, Razan Mohammad Abu-Salha, de 19. Por si cabía alguna duda, con sus nombres, edades, estudios y descripciones sobre su afabilidad y pacifismo, también se difundió su religión. La cosa entonces tomó el giro esperado por quienes habían colocado la palabra mágica: musulmanes.

La policía insiste una y otra vez en que todo se debió a una discusión por la plaza de garaje, que el tema venía desde muy lejos, y que nada de lo sucedido tuvo que ver con la religión de nadie. Hasta mediante comunicado oficial los agentes qusieron dejar claras las cosas. Ni por esas.

Pronto se supo que Hicks no era un cristiano fundamentalista de la ultraderecha racista y tal y cual, sino un ateo simpatizante del laicismo y que condenaba a todas las religiones por igual en los foros de Internet. No importó. Pronto aparecieron artículos sobre cómo los ateos también eran capaces de cometer los "crímenes de odio" contra los musulmanes, tan habituales entre cristianos y judíos (al menos, cuando no son asesinados, amenazados e insultados por la calle).

Las organizaciones islámicas estadounidenses se están poniendo las botas con el racismo, el odio a los musulmanes y demás. La Organización de la Conferencia Islámica también tuvo algo que decir sobre el "brutal crimen que ha conmocionado a los musulmanes de todo el mundo" mientras elevaba su voz frente a "los crecientes sentimientos contra los musulmanes y los hechos islamofóbicos en los Estados Unidos de América". Para los medios, las muertes de Chapel Hills también "reverberan por todo el mundo".

El propio Obama en persona advirtió con voz grave y amenazadora de que "nadie en los Estados Unidos de América debería ser perseguido por lo que es, por su aspecto o por a quién reverencia". Y a continuación añadió que "el FBI está actuando para determinar si se violaron leyes federales" en el caso de los tres musulmanes asesinados. En otras palabras, que la policía no tiene todavía ni una acusación legal y el presidente del país ya ha lanzado una moral.

Día sí y día también, por todo los países occidentales surgen casos de musulmanes atacados en razón de su religión. Alberta, Canadá. Un joven es encontrado muerto en la puerta de su casa como consecuencia de un disparo. Nada se sabe por el momento sobre el posible asesino o las circunstancias de la muerte del fallecido. Solo se conoce su nombre, Ahmed Mattan. Su nombre, y su religión. Sí, esa.

De forma inmediata, los medios del islam y sus alrededores progresistas comienzan a escupir acusaciones de "crimen islamofóbico", además, ocultado e ignorado por el planeta planetario en la conspiración de silencio sobre la opresión de los fieles mahometanos en el cruel Occidente. Ha nacido un nuevo mártir que deberá ser vengado en las calles de París, Copenhague, Madrid o Londres.