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Los países europeos más influyentes se niegan a abrir de par en par la puerta a los Balcanes
@JavierMonjas - 16/05/2011

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Según Amnistía Internacional, los gitanos húngaros viven en un "clima de miedo" por los constantes ataques violentos y discriminación que dicen sufrir. Pero los estudios de opinión sobre la población general húngara muestran que es ésta la que tiene más miedo a los gitanos que a la Hacienda del país y a los grupos de 'defensa civil' juntos, éstos últimos surgidos en varios países balcánicos precisamente para "defender" a la población general de aquéllos, es decir, de los gitanos (ND). Mal panorama para abrir el país a Schengen.

El 'tema' de los gitanos procedentes de los países balcánicos continúa provocando un enorme temor en los países occidentales, donde se debate con sordina, cuando no es silenciado de forma directa bajo tonantes amenazas de acusaciones de 'racismo' y similares. Pero el runrrún, existir, existe.

Por ejemplo, los países del Benelux quieren enviar de vuelta a Kosovo a miles de gitanos. Pero se encuentran con la cerrada oposición de grupos 'activistas' como, precisamente, Amnistía Internacional, los cuales prevén que los gitanos van a sufrir graves violaciones de derechos humanos de vuelta a su tierra natal. Y ello sin contar el impacto del desempleo en el nuevo 'país', situación que les impediría trabajar.

Gitanos y norteafricanos

En efecto, el 'tema' de los gitanos domina muchas agendas de gobiernos europeos, incluyendo los extraños a la propia Unión Europea pero no a Schengen, como el suizo, donde la enorme presión de la mendicidad "agresiva" y "profesional" está llevando a que grandes ciudades helvéticas se vean obligadas a proponer medidas que la combatan.

Pero, tras la crisis de los gitanos balcánicos extendidos por todos el occidente continental europeo que llevó a la adopción de polémicas medidas de expulsión en Italia o Francia, es la masiva y constante llegada de miles de inmigrantes norteafricanos la que ha llevado a una definitiva crisis al denominado 'Espacio Schengen'.

Cuando Dinamarca ha abierto el fuego planteando una reinstauración de los controles fronterizos, el nuevo problema se plantea ahora ante la integración en Schengen de Rumania y Bulgaria, de donde proceden la mayoría de los gitanos y desde donde también se teme que se abra una nueva y no menos masiva vía de entrada ilegal de inmigrantes, en especial procedentes del norte de África.

Ni hablar de Bulgaria y Hungría

De hecho, Dinamarca ya ha dejado claro que no sólo resucitará los controles fronterizos, sino que también se opone de forma frontal y contundente a que ambos países balcánicos entren en el espacio de libre circulación. En esto tampoco está solo el país escandinavo. Si Francia también cerró durante horas su frontera con Italia para intentar detener el acceso a su territorio de miles de inmigrantes ilegales norteafricanos, tanto París, como Berlín y Amsterdam también han bloqueado la integración de Bulgaria y Holanda en el espacio sin fronteras en medio de una revisión a tumba abierta del acuerdo de Schengen que sólo los gobernantes de España -junto con los de Malta y Bélgica, respectivamente- se empeñan en reafirmar.

En realidad, Bulgaria y Hungría deberían haberse integrado ya este mes de marzo en Schengen, pero el plazo ha sido ampliado al menos hasta finales de año. Los dirigentes de los dos países balcánicos ya habían venido advirtiendo -y amenazando- con que el 'tema gitano' no iba iba a impedir la ampliación del tratado de libre circulación hacia el Este (ND). Con la presidencia de turno en sus manos, Hungría se encuentra en inmejorable situación para "proteger a Schengen" de su cuestionamiento.

Pero en las grandes capitales europeas no sueltan la presa. En Holanda se dice que bajo ningún concepto aprobarán la entrada de Rumanía o de Bulgaria si antes no ven avances "irreversibles" que demuestren una eficaz lucha contra la corrupción y la ineficacia de su sistema judicial. Pero para los dos países balcánicos, la cuestión es que ellos ya han cumplido con los requerimientos técnicos exigidos para su incorporación a Schengen y los 'asuntos internos' no deberían influir en la ejecución efectiva de la medida.

Visitas a Egipto y Túnez

Este razonamiento se une a prometedoras promesas de lucha contra la inmigración ilegal, como la realizada desde la propia Rumanía, donde su ministro de Asuntos Exteriores está dejando caer no sólo el argumento de sus tradicionalmente excelentes relaciones con los países árabes, sino también la más inmediata y concreta perspectiva de una ronda de visitas por Egipto y Túnez. En estos dos países, más el incluso más grave caso de Libia, las supuestas 'revoluciones democráticas' sólo están teniendo el efecto de una masiva huída de miles de sus habitantes hacia Europa, ahora a través de Italia, pero, según se teme en las capitales europeas, pronto a través del enorme portalón que se abriría en los Balcanes con la entrada de Bulgaria y la propia Rumanía en el espacio sin fronteras de Schengen.