NUEVO DIGITAL - Internacional
Un predicador del odio musulmán inspeccionaba los cuerpos policiales
@JavierMonjas - 15/07/2015

ImprimirCompartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Menéame

Por el día trabajaba en el HMIC (Her Majesty's Inspectorate of Constabulary), un organismo especializado en la inspección de los cuerpos policiales antiterroristas con acceso a información clasificada del máximo nivel. Pero al llegar la noche, clamaba contra los "infieles" que serían "castigados en el infierno", mientras asemejaba al Estado Islámico con los ejércitos y las democracias de infieles "que quieren destruir el islam". Se hacía llamar Abdullah al Andalusi y es el último de los descubiertos entre los infiltrados del terror musulmán en el corazón de los cuerpos policiales y militares occidentales.

Sajid Javid es el único ministro del gobierno británico de religión islámica, aunque reconoce a la vez que "el Cristianismo es la religión de nuestro país". Javid fue entrevistado el otro día por la BBC y dijo que los musulmanes británicos que no condenan el terrorismo "están llevando" a los niños "a la puerta" de los terroristas. Sensato e impecable, Javid sin embargo debe saber que incluso los que más condenan el terrorismo islámico son los que a la vez más pueden estar colaborando en la extensión de su ideología de odio y muerte.

El último caso de infiltrado se descubría esta misma semana. Se llama Mouloud Farid, pero incluso dentro del HMIC se le identificaba por su nombre de 'guerra', un apodo 'andalusí' que hace presumir sus opiniones sobre el pasado -y el futuro- de España. Tenía como misión nada menos que controlar el grado de adecuación y respuesta de los cuerpos policiales británicos contra el terrorismo. Pero el mismo sujeto que por el día se codeaba con agentes de la inteligencia y accedía a los más secretos archivos, por la noche clamaba en cerrados círculos musulmanes por la necesidad de levantarse contra el "opresor", es decir, contra quienes le pagaban la nómina durante el día.

Perteneció a Muslim Debate Initiative, uno de esos grupos dedicados a preconizar el islam "moderado". Un antiguo compañero de Al Andalusí ofreció la clave de por qué el predicador nocturno del odio islámico nunca quiso abandonar su trabajo en la seguridad nacional y dedicarse a sermonear la barbarie a tiempo completo: Tenía un trabajo bien remunerado por el Estado y su pensión dependía de él. Hasta esta fuente que informaba al Telegraph sobre el perfil de Al Andalusí se maravillaba de la "hipocresía" del personaje.

El Estado Islámico conoce ya bien cómo el islam ha corroído los cimientos democráticos del país. Por ello, ha honrado a los musulmanes británicos con la redacción y difusión de una completa guía sobre cómo crear "bandas musulmanas" en territorio infiel, cómo fabricar bombas con latas de refresco vacías, cómo difundir el odio a la vez que se evita mezclarse con los infieles, y cómo utilizar a las impolutas ong's para recaudar en la sombra fondos destinados a la yihad interior y exterior.

Una reciente encuesta de ICM destacaba el implacable crecimiento del apoyo al Estado Islámico entre los musulmanes del Reino Unido. En tan solo un par de años, los encuestados que reconocen un abierto "punto de vista favorable" sobre el Estado Islámico han pasado del 1 al 3 por ciento, mientras es ya otro seis por ciento adicional el conformado por quienes ven al grupo superhalal de una forma "más bien favorable".

Otro estudio de Clarion Project ha destacado que el califato cuenta con el apoyo explícito e incondicional de 42 millones de musulmanes en todo el mundo, aunque, en opinión de los redactores de la investigación, el Estado Islámico "es solo una minucia en comparación con lo que puede potencialmente llegar" en el futuro.

Más de setecientos británicos se han unido al Estado Islámico, mientras crece sin parar lo que un comentarista del New York Times calificaba de "peligroso tribalismo" en el Reino Unido. Según Kenan Malik, "el auténtico problema no es ni la deslealtad musulmana [a la sociedad británica] ni la galopante islamofobia". El problema real es la "sociedad tribalizada" en la que se enfrentan quienes reniegan de la sociedad que les acogió y quienes no saben si odian más a los desleales o a los políticos propios que consienten -si no fomentan- esta situación.