NUEVO DIGITAL - Internacional
Subastada la compresa usada de una actriz en una recaudación televisiva proabortista
@JavierMonjas - 22/11/2013

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Hace muchos, muchos años, las japonesas copaban el mercado. Más tarde, ese tipo de sitios se extendió por todo Internet. En España funcionan dos o tres de gran tráfico. El fetichismo guarro de la compraventa de ropa íntima femenina manchada terminó convirtiéndose para muchas jóvenes en una confesa manera de sacar un poco de dinero fácil. Pero nunca una compresa usada se había convertido en símbolo feminista. Y mucho menos había sido subastada por televisión. Hasta ahora.

El pescado fresco, del mar al plato. Y la compresa concienciada, del *$"º*€%#! al plató de televisión. La actriz y comedianta Sarah Silverman rompió el pasado 18 de noviembre una nueva marca en el marketing de la reivindicación feminista. Ocurrió durante un maratón televisivo celebrado en Nueva York en el que se demandaba dinero para financiar varias organizaciones abortistas.

Organizado por el grupo Texas Women Forever, el acto tenía como logotipo un mapa del estado de Texas con la silueta de los órganos reproductores internos femeninos. Pero, en realidad, el evento iba de evitar la reproducción, o más bien para interrumpirla cuando ya ha comenzado. Es decir, de abortarla.

En un momento dado, sobre el escenario, frente a las cámaras, confluyen tres entes: la presentadora -de aspecto relativamente normal-, un@ sujet@ de apariencia indeterminable y filiación sexual impredecible disfrazad@ de vulva gigante (con un clítoris rosa del tamaño de una calabaza), y la famosilla que tocaba esa noche, Sarah Silverman, de pantalones cortos vaqueros sobre pantis oscuros. Bien, hasta ahí, el personal ordinario en un evento feminista. Sin embargo, esta vez iba a ser si cabe más ordinario. Mucho, mucho más que las manifestaciones de peludos sobacos reivindicadores, tal y como últimamente también se estila (ND).

En un momento determinado, ante la atenta mirada de la vulva gigante y su globuloso clítoris, la monologuista y cantante propone otro objeto para la subasta. Coge con la mano algo blanco y lo enarbola por encima de la cabeza para ofrecerlo a la audiencia. Lo presenta a cámara y lo describe: es una compresa, es suya y está recién usada. El objeto de colección se entregará al mejor postor con garantía de frescura.

En minutos, la captura de pantalla corre por Internet y comienzan las pujas por el paño, entre quienes confirman, desolados, en las redes sociales, que "en efecto, el progresismo es un desorden mental". El hashtag #vagnapkin ("vaginal napkin", 'compresa' en el inglés americano) comienza a difundir la nueva revolución feminista, su nuevo paso adelante. La foto de Sarah Silverman con su querida compresa recién sacada del horno vuela por la red, millones de veces visionada en las ipads de medio planeta, por cierto, el otro término utilizado en el inglés estadounidense para el producto higiénico femenino, 'pad', el origen nominal del exitoso aparato llamado 'icompresa'.

En un primer momento, los sitios más 'progresistas', incluso los declaradamente 'rojos' como Redalertpolitics.com promocionan la nueva 'bandera' feminista. Los medios más masivos del 'establishment' periodístico -progresistas, por supuesto- dan cuenta del acto, pero solo reproducen púdicas fotos de señoras y señoritas feministas con cara de niñas buenas y sin sacarse nada de ninguna parte. En plan respetable, vamos.

Otros, solo se atreven con la "vulva gigante", la cual, con el apoyo de su compañera y amiga, la compresa usada, termina recaudando 50.000 dólares para la causa del aborto en Texas. De hecho, ni la propia Sarah Silverman, seguramente abrumada por su hazaña, hace una sola mención al tema de su compresa independizada, acaso abatida la actriz por tan irreflexiva pérdida como ella misma se ha provocado a su patrimonio.

Incluso en Redalertpolitics.com, con el fervor revolucionario compresero ya más calmado, sus progresistas mentes comienzan a reflexionar tras el affaire de la "vag napkin' sobre "cómo el feminismo progresista radical (sic) daña a todas las mujeres". Pero la cosa pronto va más allá: si en España son los propios actores progresistas los que dañan su propio negocio, en Estados Unidos son las famosas que se declaran feministas las que destrozan el propio feminismo que dicen defender.

Ese es exactamente el argumento que cada vez más voces defienden bajo la foto de la "brokeback pose" de Miley Cirus en un reciente show de la MTV. Hay mucha polémica en Internet sobre cómo se ha originado el cada vez más usado término 'brokeback'. Pero el hecho es que se aplica a la pose de Miley Cyrus y a las similares incluso en entes dibujados. Por supuesto, la referencia inmediata es la del título de la película sobre dos cowboys homosexuales titulada 'Brokeback Mountain'. Unos traseros en pompa y el término 'brokeback' ('broke' de 'roto', y 'back' de 'detrás') han "semantizado' -de 'semántica'- definitivamente el término.

Mientras las viejas glorias feministas del 'showbusiness' (ND) se declaran ya por completo ajenas al feminismo, la nueva hornada de 'brokeback girls' se declaran feministas ellas mismas para rechazo de la concienciada audiencia en general. Miley Cyrus o Lily Allen son cuestionadas por el papel que en realidad representan para el feminismo del que se declaran defensoras.

La hipersexualización del vídeo de Lily Allenes vista con desconfianza y polémica por la vieja guardia que admite cómo, en medio de un enorme desconcierto de famosas largando por esas bocas inteligentes, su utopía se transforma en un montón de traseros en pompa para disfrute del falócrata dominante y unas compresas recién vendimiadas que también terminarán siendo degustadas por otro cerdo igualmente opresor.