NUEVO DIGITAL - Internacional
Washington anula programas sociales católicos por el rechazo de éstos a las interrupciones de embarazos
@JavierMonjas - 21/11/2011

ImprimirCompartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Menéame

"¡Estamos en guerra!". La declaración fue realizada por un miembro del gobierno de Obama. Más en concreto, por una miembra. Pero la encendida señora no se refería a la guerra contra el terrorismo o el islamofascismo. En realidad, jamás se atrevería miembro o miembra del gobierno Obama a expresión tan agresiva en tales ámbitos. Kathleen Sebelius, secretaria de Sanidad, la pronunció como resumen de su voluntad de no ceder ante los intentos que pretenderían "no sólo eliminar los últimos 18 meses, sino hacer retroceder los últimos 50 años en los progresos que las mujeres han conseguido en torno a una asistencia sanitaria integral en Estados Unidos". Traducción: 'Estamos en guerra contra quienes desean limitar las políticas abortistas de Obama'. Y la guerra ha sido declarada contra los católicos.

Sebelius pronunció estas palabras ante un auditorio entregado de antemano, el de la NARAL Pro-Choice America (donde "pro-choice" no significa "prolibertad de elección", sino "proaborto"). Es decir, ante una de las principales organizaciones proabortistas que aplaudieron a rabiar, según las crónicas, la contundencia del discurso de Sebelius, descrito por esas mismas informaciones como un "strongly worded speech". La secretaria de Sanidad se refería en este caso a la, según ella, ofensiva republicana por hacer retroceder medio siglo esos "progresos" de las "mujeres" sobre una "asistencia sanitaria integral". Que incluye, en su misma integralidad, la extirpación del feto que lleva en su seno, amenaza directa contra el derecho a la salud integral de la mujer integral.

"El latido del corazón"

En la Casa Blanca y aledaños se está desatando el pánico ante lo que se percibe como una contraofensiva nacional contra el aborto, procedente fundamentalmente desde dos grupos sociales, uno político con influencias religiosas, y el otro religioso con consecuencias políticas, es decir, republicanos y católicos. En Ohio, un ya famoso anuncio televisivo de grupos contrarios al aborto mueve las conciencias para prohibir cualquier extirpación de un feto si a éste le está latiendo ya el corazón. De aprobarse, el proyecto de ley conocido precisamente como "del latido del corazón" pasaría a convertirse en una de las leyes más restrictivas de todo el país.

Los católicos representan el grupo religioso más numeroso en Estados Unidos, y la masiva penetración hispana -que ya domina con amplia holgura numérica y social enormes regiones de los Estados Unidos centrales y no sólo de los sureños- no parece que vaya a hacer posible en los próximos siglos que las distintas denominaciones protestantes se hagan con el control de la situación en el denominado "God gap".

Abortistas para captar el voto femenino

Y, sin embargo, en las elecciones de 2008, Obama consiguió el apoyo de un 54 por ciento de los católicos a pesar de las graves reservas sobre la candidatura demócrata expresadas por los obispos en torno al nítido perfil proabortista del entonces aún candidato a la presidencia. Pero la desautorización de las advertencias de la jerarquía católica pronto derivó en un abierto enfrentamiento entre los grupos de esta confesión y la administración federal estadounidense, liderada en el ámbito sanitario por activistas proabortistas puras y duras que, como Kathleen Sebelius, fueron elevadas a los máximos puestos ejecutivos. Y la cosa sigue el mismo rumbo. Obama ha contratado para su equipo electoral a otra de las más fieras miembras proabortistas del país, Heather Colburn, que será la encargada de movilizar el voto femenino en las próximas elecciones presidenciales.

El primer incidente grave se produjo cuando Obama anunció su intención de acceder a pronunciar un discurso, ya como presidente, ante la Universidad de Notre Dame, el principal y más influyente centro católico de Estados Unidos. También entonces fue declarada una 'guerra' con el habitual grito de "We are at war!". Pero en aquella ocasión, fue un obispo, el de la diócesis de Kansas City, quien explícitamente promulgó su compromiso con "un estado de guerra constante contra Satanás". Traducción: Satanás era Obama. Nada de violencias, sin embargo. El obispo Finn realizaba un llamamiento a amar a los enemigos atrapados por el poder de Satanás "incluso sin ellos mismos darse cuenta del todo".

O aborto, o confusión

Satanás se enfrentó a una inusitada campaña de boicot a su visita a la universidad, campaña alentada por 350.000 firmas y por un centenar de obispos abajofirmantes (ND). El presidente intentó la conciliación mediante el viejo truco diplomático de eliminar de la conversación los asuntos sometidos a choque frontal para centrarse en los que ambas partes se encontrarían en un seguro acuerdo: apoyo a las madres y todo lo demás, aunque reconociendo de forma explícita que "llegados a un cierto nivel, los puntos de vista de ambos bandos son irreconciliables".

Y tan irreconciliables. El acoso contra los antiabortistas pronto se desató en una ofensiva que llevó el inicial entusiasmo por el 'carisma' del presidente demócrata a una capilaridad de recrudecimientos contra cualquier institución realmente 'pro-choice', es decir, que ofrecieran alternativas distintas a las del exterminio del feto. En San Francisco, la capital 'progresista' del país, el ayuntamiento se ha autorizado a sí mismo a demandar a centros sanitarios que, en su opinión, confundan a las mujeres embarazadas haciéndolas creer que ofrecen abortos cuando, en realidad, lo que facilitan son alternativas a ellos. Uno de estos centros ha anunciado una demanda contra el consejo local de la ciudad por esta ley. En su opinión, tal normativa sólo garantiza la libertad de expresión -de publicidad- a grupos proabortistas, puesto que los no abortistas, estarían "confundiendo" a las mujeres.

"Contra la libertad de conciencia"

Con los católicos, el asunto está derivando en un tema de persecución religiosa. La expresión podría sonar fuerte, pero los hechos lo son más, según los obispos católicos de Estados Unidos que, en gesto de inaudita agresividad, han formado un comité interno en la Conferencia Episcopal del país específicamente destinado a vigilar la libertad religiosa en el territorio nacional. Timothy M. Dolan, arzobispo de Nueva York, comunicó a sus compañeros que había escrito al presidente Obama "para objetar las continuas amenazas a la libertad religiosa en el contexto de la campaña para redefinir el matrimonio legal promovido por su administración". Esto es, el matrimonio entre homosexuales. Para Dolan, se está produciendo un "asalto sin precedentes y cada vez más grave" que se está cebando "en un cada vez mayor número de programas o políticas federales que infringirían el derecho a la libertad de conciencia entre las personas creyentes o que, de otra forma, dañaría el fundacional principio de la libertad religiosa".

Pero son, con mucho, las diferencias en torno al aborto las que están llevando la división de "puntos de vista" entre ambas partes -obispos y administración Obama- a un enfrentamiento de características abiertamente hostiles">un enfrentamiento de características abiertamente hostiles. En Estados Unidos, Washington plantea el asunto de forma muy simple: cualquier grupo que trabaje con programas federales debe aceptar la totalidad de la política sanitaria federal; dentro de esta política se encuentra el apoyo a las políticas 'pro-choice', es decir, abortistas; por lo que si no se acepta una parte de la política federal, no se acepta la totalidad y, por ello, la colaboración es imposible. O sea, o todo, o nada. Sin que puedan entrar en liza los valores morales o religiosos que colisionen con partes de esa política federal. Punto.

Proelección sin elección

Y punto -y final- ha sido lo que, precisamente, Obama ha puesto a la financiación de una parte del programa auspiciado por los obispos católicos dirigido a combatir el tráfico humano y a asistir a las prostitutas. El departamento de Kathleen Sebelius, a quien escuchábamos al comienzo de esta información declarar la guerra contra los retrocesos en la "asistencia sanitaria integral" de las mujeres ha argumentado que, a pesar de que el programa católico es más efectivo que el de otras alternativas, según un estudio independiente, Washington prefiere financiar a opciones que ofrezcan "toda la gama de atenciones de ginecología y obstetricia legalmente permisibles". Puesto que los católicos rechazan algunas de esas "atenciones" -que también incluyen métodos anticonceptivos y no sólo el aborto-, la colaboración es imposible. María Magdalena deberá lidiar, pues, con las broncas activistas del feminismo proabortista, es decir, 'pro-choice'. Es decir, sin más alternativas.