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Para un 60 por ciento es desproporcionada la presencia del islam en Francia, según estudio
Javier Monjas - 29/10/2012 - 07:45 AM   GMT+01:00

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En Suiza, las iglesias se abren a los musulmanes, y no para que las visiten, sino para que las utilicen como lugares de oración. Los templos cristianos convertidos en mezquitas se extienden por Europa bajo el orgulloso acicate de las jerarquías católicas. En Francia, la diócesis de Bourges pone en venta una de sus iglesias y ve con buenos ojos que una organización de marroquíes musulmanes la compren. "Los musulmanes son bienvenidos", dice el cura de Vierzon bajo una sotana de diseño indígena sudamericano. Pero los feligreses opinan distinto.

"Van a vender nuestros campanarios para sustituirlos por minaretes. ¿Qué va a ser lo próximo?", se pregunta una parroquiana de Vierzon. El cura, al padre Alain Krauth -el disfrazado de Evo Morales- bromea con la indignación que ha causado entre los fieles católicos su benevolente apertura a los hermanos musulmanes: "Nada está hecho aún, (los musulmanes) todavía no han formalizado la propuesta. Este es el lugar del delito, ejem, del culto quiero decir", dice Krauth con su tolerante campechanía.

La Conferencia Episcopal francesa, a través de su Consejo para las Relaciones Interreligiosas y de su Servicio para las Relaciones con el Islam, emitía un cálido comunicado de hermandad con los musulmanes franceses con motivo de su Fiesta del Sacrificio. "Para unos y otros, esta fraternidad (entre musulmanes y católicos) arraiga en nuestra fe en Dios y nos conduce al respeto de todo ser humano creador por Él", han dicho los obispos franceses en su comunicado. En realidad, dijeron más: lamentaron la "guerra civil en Siria" y, sobre todo, "los comportamientos hostiles (...) como la reciente ocupación de la mezquita de Poitiers".

La breve ocupación de la mezquita de Poitiers fue llevada a cabo por un grupúsculo, descrito en la prensa generalista (incluyendo la de expresa confesionalidad católica) como de "extrema derecha". Este grupo pretendía homenajear a Carlos Martel, el hombre que paró a los musulmanes en aquella ciudad en 732 y gracias a quien los obispos franceses pueden engordar como tales y derrochar sus buenos deseos hacia los musulmanes, orgullosos y muchas veces explícitos sucesores de aquellos invasores. En minutos, el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, condenaba la acción como "una provocación que revela un odio religioso inaceptable".

Pero no es la 'extrema derecha' la que mata. La 'radicalización' -es decir, las incontenibles ganas de asesinar en nombre de Alá y Mahoma- de cada vez mayor número de jóvenes musulmanes franceses -el ministro del Interior ya ha advertido oficialmente de la grave amenaza del quintacolumnismo islámico- llevó a una operación antiterrorista en la que los agentes fueron recibidos a tiros cuando intentaban desmantelar los grupos que habían atacado lugares judíos. Entre estos ataques se encontró el lanzamiento de una granada hacia un mercado judío en un suburbio de París. Todos los detenidos son musulmanes nacidos en Francia, los nietos y casi bisnietos de la inmigración, convertidos ya en una abierta amenaza nacional contra la que advertía el propio presidente, Francois Hollande.

El rector de la Gran Mezquita de París dijo que los arrestados no representan al conjunto del islam. Es una opinión. Los otros franceses -es decir, los no musulmanes- tienen una opinión muy distinta. Según una encuesta realizada por Le Figaro (informe-pdf), la imagen del islam se degrada a marchas forzadas en Francia, según resumía ya desde su titular el diario que encargó el estudio.

Casi la mitad de los franceses (un 43 por ciento) ven al islam como una "amenaza" para su país y solo un 17 por ciento la admiten como un factor de enriquecimiento cultural. Pero, además, una gran mayoría en términos estadísticos (un 60 por ciento) considera por completo desproporcionada la presencia e influencia del islam en la vida francesa, su "visibilidad" en la sociedad general. Un sociólogo como Raphaël Liogier, cuya opinión sobre el tema se deduce del título de su último libro ("Mythe de l'islamisation"), admite no obstante que la encuesta refleja una "situación explosiva".

Para este 'experto', lo peor es otro de los datos del estudio estadístico, como es el de que nada menos que un 68 por ciento de los franceses consideran que los musulmanes se niegan a integrarse en la sociedad que los ha acogido. Para Liogier, un dato como ese encaja de plano en la "definición clínica de la paranoia", puesto que reflejan "miedo a cosas que ni tan siquiera se han visto, pero que se supone que existen". Liogier es director de un autodenominado Observatorio de las Religiones, ente que, como en el caso de sus homólogos españoles, sirve básicamente para promocionar el islam frente al cristianismo. Por ejemplo, Liogier considera que la comida biológica occidental es plenamente equiparable a la halal islámica. Lo decía en una televisión de bien explícito nombre: Oumma TV.

Es curioso, pero en Francia son los musulmanes los que se sienten odiados, los que sufren en sus carnes (halal) "discriminación, maltrato e islamofobia", tal y como alientan los medios semioficiales iraníes en su cobertura de los conciliábulos de la ofendida comunidad islámica, perseguida y amenazada en Europa. En parte tienen razón. Los obispos aún no han ofrecido suficientes iglesias para ser convertidas en mezquitas.

Ayer se clausuró en Roma un sínodo -casi un concilio, una especie de conciliábulo a lo grande- que abordaba la "nueva evangelización". Hace ya mucho que se renunció a convertir a los infieles. De hecho, una parte de la jerarquía católica planteó formar un frente común con el islam para "defender la vida y la familia". No serán las vidas y las familias de los cristianos masacrados cada domingo en Egipto, Nigeria o cualquier otro país de potenciales aliados islámicos. El pasado domingo la bomba biológica y halal le tocó a otra iglesia nigeriana. Con decenas de muertos y heridos a su alrededor, algunos cristianos mataron a quienes consideraban el autor del atentado. Normal. Salvajes que son. Qué se va a esperar de inaceptables ultraderechistas.


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