NUEVO DIGITAL - Internacional

Clara tendencia desde los primeros años 90 en Estados Unidos, según un estudio de la Reserva Federal
Javier Monjas - 12/03/2012 - 05:56 AM   GMT+01:00

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La feminista universitaria, Sandra Fluke, intervino en una comisión de la Cámara de Representantes, y, básicamente, lo que fue a decir es que los seguros médicos académicos deberían estar obligados a proveer de anticonceptivos a las estudiantes porque ella se había gastado en ellos por lo menos 3.000 dólares en los tres años que pasó estudiando Derecho. Y, básicamente, lo que la contestó desde su programa de radio el locutor, Rush Limbaugh, fue que "en resumen, lo que Susan Fluke había ido a pedir ante una comisión del Congreso era que le pagaran por tener sexo" porque "tenía tanto que no se lo podía pagar ella sola". Y, no menos básicamente, Limbaugh añadió: "¿No la convierte eso en una prostituta ("prostitute")? ¿No la convierte eso en una guarra ("slut")?". Y con esas quedó inaugurado en Estados Unidos el Día Internacional de La Mujer.

A las muy sensatas y justas exigencias de Sandra Fluke de que alguien la subvencione a ella y al resto de discípulas del amor el no quedarse permanentemente preñadas durante los 3.000 dólares de sexo de sus respectivas carreras universitarias, Limbaugh exigió una contrapartida, no menos justa en su opinión: "Así que, señorita Fluke y resto de feminazis (sic), esta es la propuesta: Si tenemos que pagar por vuestros anticonceptivos, y, así, pagaros para que tengáis sexo, queremos algo a cambio, y os voy a decir lo que es. Queremos que pongáis en Internet los vídeos, de manera que todos podamos verlos".

Uh-oh.

Mal asunto.

Pero que muy malo.

Que si las histerias. Que si la espuma en la boca. Que si los ojos en blanco. Igualito que en Afganistán (ND), pero en peor. Porque esta vez, en vez del Corán, a lo que se había ofendido no era a la señorita Fluke, ni a sus amigas devotas de la Inmaculada Anticoncepción, sino a La Mujer. Así, dicho. A La Mujer. Y en puertas de su Día. Además, Internacional. El de La Mujer. Es decir, en puertas del Día Internacional de La Mujer, con su inagotable ristra de reportaje idiotas .

En realidad, lo que el observador atento podía deducir de la inmensa avalancha de artículos y declaraciones, es que Limbaugh no había ofendido a La Mujer, es decir, sólo a una, por grande e influyente -y cara- que fuera, sino a 'todas las mujeres' en general, en plena lucha contra las "obstrucciones de la igualdad". El escándalo de la pareja Fluke y Limbaugh llevó a unos a hablar del "fracaso del feminismo" en medio de muy sensatas recomendaciones ultraliberales, ultracapitalistas y ultraneocón en el sentido de que "sin duda hay más baratas formas de anticoncepción, incluyendo -pero no reducidas a- la limitación de la actividad sexual". Chapeau. De manual. Ni Hayek lo habría dicho mejor. Lección de economía en cuatro palabras, y sobran un par de tardes.

Sin embargo, para otras, lo que sucedió fue que Limbaugh cayó espectacularmente derrotado por las redes sociales del feminismo en red. No les faltaba tampoco razón. El escándalo por los términos utilizados por Limbaugh -"prostitute" y "slut"- provocó una retirada de anunciantes de su muy influyente espacio de radio en medio de críticas a la rajada que llegaron incluso desde Obama, pero también desde las filas republicanas. Limbaugh se vio obligado a disculparse. Ciertamente, con la boca pequeña del bolsillo con agujero

No fueron buenos días para el Día de La Mujer. Porque, en medio del griterío contra las "barreras" esas que los hombres esos ponen a La Mujer esa para que no trabaje y ascienda en su trabajo y deje de estar discriminada por recibir menos paga y no tenga visibilidad de esa, y todo eso, resulta que un estudio de -nada menos que- la Reserva Federal vino a decir que lo que hace La Mujer cuando alcanza un estatus alto de preparación, cargo y salario es, justamente, dejar el trabajo si se lo puede permitir... siempre que su marido o pareja gane más que ella y ya no sea necesaria su contribución al presupuesto doméstico.

En efecto, un avance del informe de la Reserva Federal filtrado a Reuters afirmaba cómo, sin lugar a dudas y en tendencia sostenida y creciente desde los primeros años 90 del siglo pasado, "se ha producido un declive en la fuerza laboral del 0,1 por ciento al año de media en el número de mujeres universitarias con cónyuges de similar nivel educativo".

Esta tendencia supone un radical giro de 180 grados -también centígrados- respecto a lo que se había registrado en las décadas anteriores, es decir, la siempre creciente incorporación de La Mujer de alto nivel educativo al mercado laboral de no menor nivel y su cada vez mayor visibilidad de esa. Es decir, ahora, cada vez más las mujeres de alto poder salarial viven de sus maridos... si pueden. Es decir, si el marido tiene aun mayor poder salarial que ellas. Dinero no va a faltar y ellas se 'liberan', pero ahora no de la falocracia imperante, sino de la esclavitud laboral a las que les condujo precisamente sus intentos de liberarse de la falocracia imperante.

En otras palabra: cuanto mayor es el nivel alcanzado por La Mujer, antes abandona su propio trabajo y cargo si su marido o pareja gana más que ella y, por tanto, puede dejar de estar encadenada a la mesa de la oficina. La expresión sobre las cadenas y las mesas de oficina es del columnista James Taranto en el Wall Street Journal, que, con no disimulada y divertida acritud, escribía: "Se suponía que el feminismo iba a liberar a las mujeres de la dependencia de los hombres. Pero resultó que lo que ha ayudado es a crear una cultura de dos clases: lo normal es que las mujeres estén encadenadas a una mesa de oficina, pero aquellas que han triunfado de verdad en la ceremonia del apareamiento ("mating game") pueden aspirar de forma realista a escapar de ese estatus". Y concluía: "Buen viaje, señoras. Y feliz Día Internacional de La Mujer".



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