NUEVO DIGITAL - Internacional
Time se disculpa por la inclusión del término en su 'lista negra'
@JavierMonjas - 21/11/2014

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El doctor Matt Taylor es una "leyenda" entre los investigadores de la exploración espacial. Su vestuario 'alternativo', su cuerpo recubierto de tatuajes y su desinhibido comportamiento en las rígidas reuniones técnicas construyeron un atractivo personaje público sobre su sólida formación científica. Su cerebro lideró y lidera la misión 'Rosetta'. Pero una de sus camisas le hizo caer en desgracia cuando el feminazismo se fijó en ella. De los alegres 'shows' en sus comparecencias para informar del viaje de la nave Philae hacia el cometa Churyumov-Gerasimenko, a pedir perdón entre sollozos en una rueda de prensa, solo medió el furioso ataque de la histeria hembrista. La misma que ha convertido a 'feminismo' en una de las palabras más odiadas y despreciadas de los diccionarios contemporáneos.

El miércoles 12 de noviembre de 2014, el doctor Matt Taylor se convirtió en un criminal. Todo comenzó tras su ducha de la mañana, cuando se calzó y abotonó su festiva camisa de chicas en bikini y sensuales trajes largos. Aquella prenda iba a cavar su tumba. Por la tarde, Taylor era ya poco menos que un incitador a la violación, y un negro hito en la historia de la opresión patriarcal y la violencia de género.

Primero, la estupidez de la masa -ahora, electrónica- se fijó en la camisa. Fue suficiente la aparición de #shirtstorm para que la jauría feminazi oliera a sangre y se lanzara al cuello del jovial científico. Las "mujeres de ciencia", según decía el rebaño hembrista en estampida, no se merecían tal 'ofensa'. Parafraseando la famosa sentencia de Neil Armstrong al poner pie en la luna, una señora reflejaba desde el propio título de su columna periodística las dimensiones que iba tomando el linchamiento: "Una pequeña camisa para un hombre, un gigante paso atrás para las mujeres".

En su comparecencia ante la prensa al día siguiente, Taylor estaba irreconocible con su aburrida sudadera gris. "Cometí un gran error y ofendí a muchas personas, y siento muchísimo todo esto". Lo dijo entre sollozos, cubriéndose la cara con las manos (vídeo). El científico acostumbrado a la tensión y la incertidumbre derivadas del comportamiento de un amasijo de hierros lanzado a millones de kilómetros de distancia no pudo soportar el sanguinario acoso del hembrismo feminazi.

Verlo llorar por la "camisa ofensiva" y "sexista" -según los calificativos del Guardian- fue suficiente satisfacción para la "periodista feminista de ciencia" (sic), Elizabeth Gibney: "Ha dicho que fue un gran error y que está arrepentido. Y siguió hablando de la ciencia del Philae. Bien hecho". Otr@s teóric@s de la "ciencia feminista" no fueron tan complacientes, como quienes lamentaban que la disculpa había sido "forzada".

El alcalde de Londres, Boris Johnson, lo clavó. Ver llorar a Taylor fue algo comparable a las lágrimas de los condenados en los juicios de Stalin o Kim Il-sung antes de ser sacados de la sala para ser ejecutados. Johnson se refirió a la jauría feminazi con otra de sus acepciones: "Maníac@s islamistas". Solo los brutales perturbados del Estado Islámico podían competir con la saña y la calaña de las "periodistas feministas de ciencia" y demás engendros. Y eso es porque solo la "atroz estupidez" y la "cólera histérica" del "feminismo moderno" pueden hacer pálida sombra a los verdaderos creyentes musulmanes y a su valerosa yihad feminista para devolver el honor perdido a las perdidas mujeres propias -y ajenas cuando se plante.

La descomposición putrefacta del feminismo está provocando un estallido de mujeres contra el feminismo, de celebridades contra el feminismo (ND) y de feministas contra las celebridades feministas (ND), un absurdo caos malamente gestionado por el absurdo caos hembrista. Esta semana, el Reino Unido prohibía la entrada a un 'experto' en el indudable y acaso científico arte del ligue. Las disculpas del festivo Julien Blanc tampoco sirvieron para que se le levantara nada menos que la prohibición de entrada en territorio británico después de ser expulsado del australiano.

El honor alcanzado por el peligroso terrorista ha sido compartido por otras tres personas que intentaron aterrizar en Londonistán sin conseguirlo: Los activistas anti islámicos Pamela Geller y Robert Spencer, y el diputado holandés, Geert Wilders. Toda la catropea de islamistas y terroristas varios que pueblan y repueblan el Reino Unido no han merecido el mismo tratamiento que el conferenciante del ligue y los tres vigilantes de la Religión de la Paz.

Hasta las rancias feministas del Guardian constatan que incluso el concepto feminista "corre el riesgo de hacerse tóxico" por el "mccarthysmo dentro de algunas partes del feminismo". Pequeñas en número, pero extraordinariamente influyentes debido a la cobardía y apabullante mediocridad de las mantenidas élites políticas profesionales occidentales, las mujeres y mujeros del feminazismo cazabrujas hacen doblar la rodilla a grandes medios, como al propio Time que se veía obligado a la consabida disculpa por haber incluido la palabra "feminista" como una de las que deberían ser "prohibidas" entre otras varias de mal gusto.

Cuando Time -otro de los medios de la internacional progresista- lanzaba su abrumada disculpa, precisamente el término "feminista" lideraba por abrumadora mayoría -un 51 por ciento de los votos- la encuesta como la palabra y, por ende, el concepto, que debería ser extirpado con mayor rapidez de entre el vocabulario más molesto y nauseabundo del idioma inglés. Una vez más, el enajenado griterío feminist@ había triunfado. Después, la encuesta de Time fue desactivada.