NUEVO DIGITAL - Internacional
Las mezquitas prohíben a un transexual converso rezar con las mujeres
@JavierMonjas - 07/09/2013

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¿Quién no se ha sentido confuso alguna vez en su vida? Pero lo de Lucy Vallender ya pasa de castaño oscuro. Es lo que se llama una crisis de identidad de campeonato. Lucy Vallender es una musulmana recubierta de burka todo el santo día y casada como segunda esposa con un verdadero creyente. Pero casi ayer mismo, Lucy era un bizarro soldado cristiano del ejército británico que se llamaba Laurens. Para colmo, su marido la conoció por Internet y cuando se casó con ella ya era tarde. Al despojarla del burka no podía creerse aquello. "¡Que me aspen si esto es una segunda esposa!", parece que dijo. "Maldito país de infieles, esto es un cochino guirigay", acaso añadió.

¿Cómo que una segunda esposa? Ni una tercera, ni una cuarta, y mucho menos, una primera. Lucy no se parecía en nada a lo que un buen musulmán espera de su segunda esposa. El pastel se descubrió en la intimidad de un harén que se prometía mucho más castizo. Normal. Uno se espera una señorita bendecida por la verdadera religión, y lo que se encuentra es un soldado británico que acaba de cambiar la gorra militar por el burka. Pero el cambio de la gorra militar por el burka no era lo peor. De hecho, el verdadero cambio se encontraba bajo el burka.

El verdadero cambio es que Laurens primero había descubierto que era una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, y después había descubierto que era un verdadero creyente atrapado en el alma de un puñetero infiel. Pasar de antiguo soldado del Ejército Territorial (un cuerpo de voluntarios en la reserva) a voluntario cuerpo de segunda esposa de un musulmán no ha constituido un proceso cultural, social y religiosamente sencillo de deglutir. Una cosa es el multiculturalismo, y otra muy distinta un absoluto caos de identidades civiles, sexuales y religiosas.

Con independencia de los dimes y diretes que se dirán la primera esposa, la segunda esposa y el abrumado esposo único, lo cierto es que las inseguridades de Lucy Vallender están generando un apocalipsis de situaciones límite en la pacífica comunidad musulmana que hasta ahora condenaba firme y contundentemente la homosexualidad en sus filas, pero que ahora no sabe qué hacer con Lucy, que 'no' es homosexual y que, de hecho, es de un género que genera una abierta perplejidad.

Para comenzar, se ha planteado el problema de junto a quién exactamente reza en la mezquita la segunda esposa del alucinado internauta. Es bien sabido que hombres y mujeres no se pueden mezclar en una mezquita, y que, por ende, se postran en compartimentos estancos. Así ha sido siempre, y así debe seguir siendo. Pero, ¿y Lucy? ¿Dónde continuará recibiendo la luz de la "bonita religión, tan pacífica", como, en plena lucidez mística, la describe? Pues desde luego no en su mezquita local, qué va.

El consejo de la mezquita de Swindon ha dicho que ni en sueños Lucy va a rezar con las mujeres. Es más, las mujeres han dicho que ni en sueños Lucy va a rezar con ellas. Lucy ha declarado que espera que los directivos de la mezquita cambien de opinión. Pero los directivos de la mezquita no cambian de opinión. Un portavoz del centro religioso ha dicho que "todo el mundo es bienvenido (a la mezquita) siempre que se comporte de acuerdo con el islam". No hace falta haber estudiado las escuelas musulmanas para saber lo que esto quiere decir. Mal asunto.

Wael Shehab, un sabio islámico, ya ha aportado fundamentación teológica para una decisión como la anterior. "Un musulmán debe encontrarse satisfecho con la forma en que Alá le ha creado a él o a ella", ha dicho. La cuestión es que, técnicamente, no es un musulmán el que se ha cambiado de sexo, puesto que el soldado pasó de Laurens a Lucy 'antes' de hacerse musulmán o musulmana. Por ende, ya llegó tal cual a la verdadera religión, es decir, como Alá debía querer que llegara.

Por los amplios reportajes que le dedica la prensa británica, sabemos que desde que el musulmán de pura cepa y el converso reconvertido de arriba a abajo se casaron hace más de un año, ambos cónyuges se han visto "dos veces". "Yo no le conté que era un transexual, pero él lo debe haber sospechado al ver mis cicatrices", dice Lucy. "Le he visto (a mi marido) dos veces desde la boda. Cuando nos vemos, tenemos sexo", ha añadido.

Del relato se desprende que la primera vez fue la que el entusiasmado esposo vio lo que vio de su segunda esposa, y que la segunda vez quizás quiso recomprobar lo que la primera vez había visto de su segunda esposa. Y hasta hoy. Por el momento, Lucy reza en casa y se recubre con su burka en soledad por si le miran con ojos libidinosos los mosquitos. En la mezquita no va a rezar con las mujeres, eso está claro. Los ancianos del lugar santo dicen que se trata de una cuestión de "sanidad y seguridad" ("health and safety"). En medio del caos, al menos eso está claro. Y advertido queda.