NUEVO DIGITAL - Internacional
Entre gritos de "kafir"
@JavierMonjas - 07/11/2016

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El matonismo islámico en Eurabia se ha convertido ya en una pandemia (ND), con una variada y colorida gama de crímenes que van desde su, al parecer, incontenible obsesión fálica por violar mujeres (ND) hasta las palizas en los centros de refugiados a los cristianos, en ínfima minoría respecto a los verdaderos creyentes (ND). Mientras miles de alemanes han optado por emigrar a la vecina Hungría, que sus autoridades mantienen limpia en lo posible de 'refugiados' islámicos (ND), y las palizas a los desviados de Alá son ya casi rutinarias en la Europa de la libertad sometida a la toma silenciosa de sus símbolos cristianos, la barbarie se extiende por los propios países de mayoría musulmana, incluyendo los que, como Malasia, siempre son puestos por los apologistas dhimmis de la Religión de la Paz como modelos de coexistencia entre islam y democracia.

El pasado mes de septiembre, varias organizaciones islámicas semioficiales y paraoficiales de Malasia acordaron la fundación de un nuevo "sello de garantía" halal. Hasta ahora disponían del habitual, es decir, el que garantizaba que el producto en cuestión había sido elaborado siguiendo los mandatos coránicos.

Sin embargo, era poco para el islam malayo. Por ello, decidieron instaurar una nueva certificación que ahora ofrecería absolutas seguridades no solo del que el producto era halal, sino de que había sido fabricado por musulmanes, de manera que ningún repugnante no creyente hubiera siquiera tocado cualquiera de los elementos constitutivos del alimento u objeto, o hubiera intervenido en lo más mínimo en su proceso de elaboración (ND).

Claro que, a veces, se hace imprescindible apretar un poco las tuercas a las renuentes autoridades que se niegan a ejecutar la justicia -siempre sabia y radiante- que emana del Corán. Por ello, tras una manifestación de los más vanguardistas soldados de Mahoma en Yakarta, se produjeron los habituales desahogos y desfogues a palos de los cachorros de la verdadera fe. La violencia estallaba tras una masiva manifestación en la que los asistentes pedían la ejecución de un gobernador del país, por supuesto, cristiano, para más señas.

La que ha sido calificada como la mayor manifestación en la capital malasia en años, terminaba en batalla campal después de que los más exaltados entre los ya exaltados perdieran la paciencia ante la tibieza de las autoridades, que no están muy diligentes en el arresto y posterior ejecución del gobernador de Yakarta, un malasio de origen chino y religión cristiana. Mal asunto: raza inferior y religión blasfema en un tipo que debe gobernar a la raza superior y a la religión aun más superior.

El Corán es claro a la hora de no aceptar no creyentes por encima de creyentes. Si no se puede tomar a cristianos y judíos como aliados, mucho menos se puede dejar gobernar uno por ellos (Corán 5, 51). Pero el problema con Basuki Tjahaja Purnama es que dijo que ese versículo no impedía que un musulmán votara por un no musulmán. La declaración fue tomada por una inaudita blasfemia a la inspiración directa de Alá y ahí comenzaron las reivindicaciones contra Ahok, como es popularmente conocido, desde las más tibias para que fuera juzgado, a las más basadas en el Corán para que fuera inmediatamente ejecutado.

Ahok ya tenía calientes a los más fervorosos de entre los malayos después de manifestarse contra la prohibición de venta de cerveza en tiendas pequeñas y declarar que "nadie ha muerto nunca por beber cerveza". Además, afirmó que los colegios no deberían obligar a las chicas a llevar yihab y que no necesitaba apoyo político de los partidos. Ahok ha llevado un proceso de modernización en la gestión de la ciudad incompatible con la medieval barbarie de miles de sus conciudadanos, insensibles a su aplicación telefónica para comunicar la existencia de suciedad o basura en las calles, pero histéricos hasta volverse del revés en cuanto se habla de trapos de cabeza o una cerveza en venta.

Los más verdaderos creyentes entre los verdaderos creyentes ya han conseguido el procesamiento del gobernador por sus intolerables blasfemias, incluso ya antes de que provocaran el caos en Yakarta. El problema no se encuentra solo en la negativa de los musulmanes a tener por encima a un "kafir", como permanentemente se califica a Ahok. El problema está en que el islam más duro -es decir, el más apegado a la sabia literalidad del hermoso libro sagrado- gana cada vez más apoyos en Malasia, y no lo hace como los perroflautas del intelecto suelen pregonar, es decir, entre las clases más desfavorecidas, sino, por el contrario, entre las clases medias y más favorecidas.

Los manifestantes se lamentaban de no haber arrasado los comercios chinos durante su manifestación, pues tras el supremacismo religioso también se encuentra el supremacismo religioso. O al revés. El hecho es que la situación se había agravado de tal forma que el presidente malayo suspendió su visita a Australia para regresar de forma inmediata a su democrático país, donde se exigía entre disturbios la muerte inmediata del blasfemo chino.