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Castigos justicieros musulmanes conviven con llamadas a la implementación de la ley islámica
@JavierMonjas - 21/07/2011

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Los justicieros de la sharía penetraron a hurtadillas de madrugada en la casa de su objetivo. Localizado este en su cama, mientras tres le sujetaban, otro de los asaltantes le fue propinando 40 latigazos con un cordón eléctrico durante los 30 minutos que duró el escarmiento. El dueño de la espalda en carne viva era un converso musulmán de apellido hispano que había bebido alcohol. Sus hermanos en Alá decidieron ejecutar con él lo que se merecía. Acaba de ocurrir en Sidney y el caso ha destapado cómo la ley islámica ya corroe de forma masiva la democracia australiana como un siniestro cáncer de horror.

El réprobo se llama Christian Martínez y acababa de encontrar la luz en el islam wahhabí. Pero, además, también encontró el cable de la luz. Debió pensar que tan gran y seguro paso hacia una eternidad de vírgenes bien merecía empinar un poquillo el codo, aunque fuera como despedida de la impiedad infiel. Pero sus nuevos hermanos lo que empinaron fue un grueso cable eléctrico sobre su espalda en mitad de la noche en justo castigo por haber bebido alcohol. Uno de los atacantes permanece detenido y otro ha sido liberado bajo una fianza de 60.000 dólares australianos, unos 45.500 euros.

Ofensiva contra la democracia

La ofensiva islámica contra la democracia australiana se produce en múltiples frentes y desde distintos niveles de confrontación, según están comenzando a comprender ahora incluso las mentes más partidarias del denominado 'multiculturalismo'. Por un lado, las constantes demandas judiciales de musulmanes -y, en especial, de musulmanas- que exigen que las normas de general aplicación para la población también general sean abolidas en su caso. La abierta guerra del hiyab es una de esas batallas que pretende poner de rodillas las, por ejemplo, políticas corporativas sobre qué aspecto debe tener una empleada en la atención al público, sean cuales sean sus creencias espirituales.

No ya el del hiyab, sino el del burka ha sido otro de los frentes que, esta vez, la democracia -al menos en Australia- ha comenzado a ganar al islam aferrado a los sistemas occidentales de libertades. En medio de un enorme escándalo nacional por la absoluta impunidad de las mujeres del islam, varios estados australianos concedían autoridad a sus respectivas policías para levantar velos completos musulmanes cuando sea necesaria la identificación del bulto que los rellena por debajo. El decidido paso se producía después de que una conversa con burka se escabullera de toda multa y ley en medio de las habituales acusaciones sobre islamofobias y racismos tras negarse primero a ser identificada por policías de tráfico, y más tarde mentir y acusar falsamente a los agentes de haber levantado sin su autorización el velo, hecho que nunca se produjo como demostró la grabación recogida por el coche policial (ND).

Ley islámica para Australia

Pero esa es sólo una parte de la ofensiva. Otro frente se abre con las llamadas públicas y formales de altos líderes religiosos musulmanes para que Australia acepte la vigencia de la ley islámica en su aplicación sobre los verdaderos creyentes del país. Por el momento, como primer paso y de forma similar a lo planteado en otros países -Reino Unido de forma muy especial (ND)-, estos imanes matizan que sólo desean que la ley islámica se aplique sobre determinados casos de derecho civil -matrimonio y herencias-, y no sobre asuntos de competencia penal. "No estamos llamando a la introducción del sistema penal que requiere cortar manos", declaraba, quizás pretendiendo ser gracioso, el presidente de la Misión Islámica Australiana, un inmigrante sudafricano de apellido occidental.

Las autoridades federales del país desmintieron de forma rápida y tajante la posibilidad de una adopción de la ley islámica en Australia, por muy parcial que fuera. Pero el envite estaba echado y la presión servida. Sólo hay que renovarla de forma constante y sostenida. Así que, mientras no se cortan manos de forma legal, los cables eléctricos vuelan. Los cables eléctricos, pero también las niñas, casadas con mayores de edad en medio de una abierta extensión de la poligamia en las comunidades musulmanas, todo ello en abierta y obvia conculcación de unas leyes australianas por completo irrelevantes para cientos de miles de musulmanes y, por tanto, por ellos ignoradas.

"No queremos cortar manos"

De cara a la galería, 'expertos' musulmanes apuntan que sólo se pretende la aplicación de la sharía en temas como la prohibición del alcohol, el adulterio o el robo, "pero no (ejecutar) castigos" contra los infractores de las normativas del islam sobre estos asuntos. Lo que está claro, además, es que la mayor parte de los imanes australianos quieren la vigencia de la ley islámica en Australia para su grey -de momento, sólo para ella-, mientras, además, rechazan, por ejemplo, el fondo y la sumaria forma en que Bin Laden fue expedido al paraíso musulmán de los guerreros santos.

Sin embargo, mientras llega la legalidad de los preceptos justicieros islámicos, los estudios académicos muestran cómo la sharía ya es de hecho un sistema legal plenamente vigente, paralelo al general civil. Como en el Reino Unido, las segundas y terceras esposas, así como sus respectivos hijos, ya reciben todas las generosas prestaciones sociales del sistema público australiano de asistencia social. Se trata de un "sistema legal en la sombra" con todas las de la ley, a pesar de que entra en conflicto con las normas de aplicación general de las leyes sobre matrimonio, que sólo autorizan un único cónyuge en el matrimonio, en el caso de los musulmanes, una sola esposa, puesto que las mujeres no pueden tomar varios y variados maridos, incluso si ellas tienen el corazón tan tierno y ancho como la parte masculina de su comunidad.

"Sistema legal paralelo"

En otras palabras, la sharía ya se muestra también en Australia como un sistema paralelo al democrático civil de supuesta aplicación generalizada para todos los australianos, con independencia de sus respectivas religiones. Y, por tanto, la sharía se aplica fuera de la ley -a base de latigazos en mitad de la noche-, de forma oculta a ella -en la clandestinidad de los matrimonios polígamos y con niñas-, y también a plena luz del día, desde el mismo momento en que el sistema público de asistencia social reconoce las especiales 'idiosincrasias' islámicas, por mucho que estas entren en abierto conflicto con las leyes generales.

Y, como fondo, el constante ruido, la minuciosa y permanente corrosión de las demandas judiciales por 'discriminación religiosa', 'racismo' y el resto de la habitual labor de zapa de baja intensidad, paralela a los grandes desafíos públicos.