NUEVO DIGITAL - Internacional
Tras una lenta, organizada y persistente invasión étnica demográfica digital
@JavierMonjas - 21/12/2013

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Petrit Selimi, viceministro de Asuntos Exteriores de la autodeclarada nación kosovar, se ha reconocido estos días "extasiado". Y no por la ingestión de sustancias extáticas, sino por lo que ha calificado como la culminación de "una parte esencial de los esfuerzos diplomáticos por parte de una joven república". ¿Y qué es lo que ha sucedido para provocar tal arrobamiento? Facebook acaba de admitir como país a Kosovo. ¿Y cómo se ha producido tal admisión en el club de las naciones digitales? Exactamente de la misma forma en que ese territorio cambió de mayoría étnica durante el último milenio. Es decir, nada nuevo desde la Edad Media.

De la misma forma que la persistente emigración de población albanomusulmana desarrollada durante siglos terminó adquiriendo una inapelable mayoría étnica hasta el punto de independizarse unilateralmente del ancestral territorio serbio cristiano, ahora, en la época de Internet, los procesos se han acelerado, pero no cambiado.

En 2008, la mayoría albanokosovar se declaró independiente de Serbia con el patrocinio de una Casa Blanca que generó en su laboratorio diplomático un país con una mayoría musulmana no hostil a Washington. Hoy, la penetración del islam más radicalizado alarma incluso a los líderes políticos y religiosos kosovares herederos de la brutal mafia guerrillera originada en las últimas guerras balcánicas.

En aquel mismo año de 2008 comenzó una lenta pero persistente acción en Internet para conseguir el reconocimiento del nuevo territorio desgajado de la Serbia democrática. Hasta el pasado mes de diciembre, los aproximadamente 200.000 usuarios de Facebook identificados con el Kosovo independiente debían registrarse como usuarios serbios. Sin embargo, una calculada acción política y diplomática ha provocado un vuelco en esa situación.

Facebook acaba de reconocerle a Kosovo el estatus de nación, de manera que una nueva pestañita dará opción a los albanokosovares de registrarse como kosovares y no como los serbios que eran hasta que una mayoría etnorreligiosa consiguió la supremacía respecto a la que por meras razones demográficas quedó en minoría. Según Selimi, un muy activo usuario de las redes sociales, la admisión del Kosovo independiente al planeta político de Internet no ha sido producto de la casualidad, sino del triunfo de una denominada "Estrategia Diplomática Nacional Digital".

Portavoces de Facebook han confirmado la decisión de desgajar a Kosovo de Serbia casi seis años después de que una nueva y explosiva frontera se abriera en los Balcanes. Pero lo que también ha reconocido la compañía estadounidense es que tal movimiento no se ha producido como resultado de una decisión corporativa, sino por la avalancha de "contenido generado por usuarios y por terceras partes".

En otras palabras, la denominada Estrategia Diplomática Nacional Digital ha venido equivaliendo a la lenta pero implacable inmigración de una determinada etnia religiosa que se produjo en el territorio serbio durante siglos. Este grupo humano, de gran crecimiento demográfico, fue amparado primero por el imperio otomano y más tarde por la proximidad de su pequeño pero estratégico remanente, la gran madre albanesa que, como el hijo kosovar, retoma ahora para su grey una Turquía que aspira a más territorio europeo que el de las antiguas Bizancio y Constantinopla.

Por lo demás, el avispero balcánico continúa con su sordo zumbido de tensiones que la Unión Europea acoge con su amorosa e irresponsable tolerancia dentro del proceso de ampliación al polvorín de la zona. Mientras chantajea a Serbia con el reconocimiento de Kosovo, Albania y la propia nación kosovar, admitida por Bruselas, siguen pisando fuerte sobre las alfombras de la Unión y sus extraordinariamente caros diplomáticos y parlamentarios de peluche.

Aunque solo estallan de vez en cuando en forma de disparos de armas de fuego, las tensiones intrarregionales continúan por todo lo alto, afortunadamente por el momento lejos de abiertos choques bélicos, aunque con los odios y rencores sublimados en mutuos desafíos diplomáticos. Por ejemplo, durante estos días se ha recrudecido la rivalidad entre la Bosnia y Herzegovina que integra en su siempre inestable seno a la República Serbobosnia junto a la Federación Croata-Musulmana.

No es que Bosnia se reafirme en su negativa a reconocer como nación independiente a Kosovo. Es que ni tan siquiera admite a sus ciudadanos como tales y, en consecuencia, los pasaportes kosovares no tienen ninguna validez para entrar en territorio bosnio.

La presión de la República Serbobosnia, siempre caminando de la mano de la madre Serbia y, a su vez, ambas de la aun mayor matriarca rusa, han conseguido bloquear el libre paso entre Bosnia y Kosovo. Y no es ya que Bosnia reconozca cómo, a pesar de los problemillas fronterizos de siempre, nunca ha sido mejor la relación con Serbia que ahora. Es que, de hecho, Sarajevo tiene, para pasmo de la historia, un mejor entendimiento con sus vecinos del norte que con los del sur.

Kosovo ha amenazado con responder con la misma moneda y de forma inmediata a Bosnia si no se soluciona el tema de los visados para sus ciudadanos, aunque, en este caso, los únicos perjudicados serían los integrantes de la pequeña minoría albanomusulmana residente en la propia Sarajevo. Es decir, su propia gente en país extranjero y hostil.

Por el momento, la crisis de los visados se mantiene en tensos y virulentos ultimatums diplomáticos, lo cual, para los estándares balcánicos, constituye un remanso de paz y blanda cordialidad. Pero, por si acaso, la OTAN no solo se niega a abandonar Kosovo, sino que en absoluto reduce tropas en el territorio, desconfiando además de los difíciles acercamientos entre Pristina y Belgrado. En consecuencia, los 5.000 soldados de 31 países distintos que integran la KFOR continuarán patrullando en los inefables territorios balcánicos del todos contra todos.