NUEVO DIGITAL - Internacional
Tras el informe del Consejo de Europa sobre Thaçi
@JavierMonjas - 20/12/2010

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"Para los ciudadanos de Kosovo, la muerte de Richard Holbrooke supone la muerte de un amigo, de una voz que protegió el interés de la República de Kosovo", dijo, tras la desaparición del diplomático estadounidense, Hashim Thaçi, primer ministro kosovar. Esa misma mañana, The Guardian había descubierto el informe que acusaba a Thaçi de una orgía de horrores como no se conocían en Europa desde la época dorada de los creativos médicos del III Reich. Pero, además, el documento refería que "los actores internacionales eligieron mirar hacia otra parte sobre los crímenes de guerra" del 'grupo de liberación' de Thaçi, todo con el fin de "primar algún tipo de estabilidad a corto plazo" en el afamado y siempre activo Avispero. Tal había sido el legado que Holbrooke dejó. Tal fue el país que creó quien fue llamado el "Kissinger de los Balcanes".

Casi en minutos tras conocerse su fallecimiento, el mundo se deshizo en elogios sobre Holbrooke. Carme Chacón, ministra de Defensa de España, dijo que el diplomático estadounidense fue una "persona que dedicó toda su vida al mantenimiento de la paz en el mundo, un gran hacedor de la paz".

Claro que, dada la alternativa forma en que retiró por sorpresa las tropas de Kosovo, dado que los estadounidenses se enteraron de ello por los periódicos, y dada las furiosas broncas internacionales que le cayeron por tanta estupidez, según se supo entonces, y según se ha confirmado ahora por los papeles de Wikileaks (rapapolvos personal del vicepresidente Biden incluido), es muy probable que Carme Chacón tenga, en la intimidad de su gran cerebro estratega geopolítico internacional, un recuerdo distinto de Holbrooke. Lo más probable es que la jefa militar española no supiera entonces ni quién era Holbrooke. Y más probable aun que no sepa ahora mismo de qué habla ella misma ni por qué da el pésame en una nota de prensa por ese señor.

Mimar a los únicos musulmanes proamericanos

Sin duda, Holbrooke fue un extremadamente hábil y duro negociador, y también sin duda buscó la paz por medios más profesionales que el regalo en Afganistán de miles de ejemplares de 'El Principito', tal y como, en feroz estrategia de estabilización, ordenó la política española a las fuerzas militares bajo su mando (ND), especializadas en enfrentarse a los talibanes con repartos de gominolas y buenos deseos sobre la hermandad universal y todo eso (ND).

En efecto, Holbrooke buscó la paz. Pero, en concreto, buscó la paz que interesaba a Estados Unidos. Y a Estados Unidos le interesaba no sólo proteger, sino potenciar a la única comunidad islámica proamericana del mundo, en especial hoy día en que no es proamericana ni tan siquiera la propia comunidad islámica americana, empeñado cada semana uno de sus yihadistas en dar un escarmiento a sus infieles conciudadanos, los cuales, como el resto de los occidentales, sólo piensan en "violar a nuestra mujeres", según declaró el último tarado de la guerra santa islámica antes de apretar el botón del falso coche bomba que le había colocado como señuelo el FBI (ND).

En aquellos momentos, cuando el reconocimiento en atropellado rebaño de Kosovo, sólo los "islamófobos" y los "racistas" levantaron la voz (ND), escandalizados, ante la facilidad con la que la inmensa mayoría de los gobiernos europeos se habían plegado a las presiones de Washington, extremadamente contundentes en su apretado de tuercas durante la última etapa del proceso de 'independencia' del nuevo país (ND).

Cuando no estaba de moda la 'Casa Amarilla'

En tromba, la inmensa mayor parte de las capitales europeas bendijeron a la nueva nación, entre ellas, no España, que, por motivos de política interna, se mostró renuente, aunque en alguna parte de Pristina debiera haber un monumento a las toneladas de bombas que los aviones de guerra españoles, bajo las órdenes del entonces presidente del gobierno, José María Aznar, dejaron caer sobre Belgrado durante la campaña de castigo de la OTAN contra Serbia de 1999.

Ahora la tromba es menos espectacular, por ser mucho más vergonzante. Porque ha comenzado la rueda de los autorreproches y los complejos de culpa. Por ejemplo, en Suiza, país natal del político que ha redactado el demoledor informe del Consejo de Europa sobre la naturaleza criminal y mafiosa del nuevo país kosovar, y donde la prensa ya lamenta la "ceguera" que ha llevado a que "un país tan cuidadoso con los derechos humanos (como Suiza) haya podido ser tan parcial" a la hora de apoyar el nacimiento y la consolidación del monstruo.

Pero, en efecto, y tal y como da a entender el borrador del informe del Consejo de Europa, la ceguera en este caso es un mal voluntario. La inteligencia occidental había informado desde hacía ya mucho de lo que había sucedido en la famosa 'Casa Amarilla' cuyas noticias algunos periodistas no conformes con la Pax Americana en los Balcanes iban siguiendo en los oscuros momentos en que aún no estaba 'de moda' el asunto (ND).

Cómo mirar hacia otro lado

La reacción de Estados Unidos a la publicación del informe del Consejo de Europa no ha podido ser más tibia. Nada de inmediatas iniciativas propias de investigación, o de poner a la ONU patas arriba, o de convocar fuerzas militares para dar un escarmiento, o de proponer sanciones de cualquier tipo. Nada de todo eso. En realidad, nada de nada.

El portavoz del Departamento de Estado recordaba que lo desvelado se encuentra incluido en un "borrador" y que los Estados Unidos "se toman muy en serio todas las acusaciones de actividad criminal", de forma que "cualquier prueba y fuente citada en este informe debería ser compartida con las autoridades competentes con el fin de llevar a cabo una completa y adecuada investigación".

Es decir, nada. Estados Unidos vuelve a mirar hacia otra parte, interesado en mantener como sea la estabilidad de la república islamo-mafiosa que consiguió incrustar en el más explosivo lugar de Europa y que ya está sirviendo de portaaviones, de Bosnia (ND) a Macedonia (ND), para la penetración del más brutal wahhabismo vía mezquitas bien empapeladas de dinero saudí.

Siendo Washington el principal valedor de Pristina, la reacción del Departamento de Estado comunicaba de forma bien clara que Estados Unidos no se encuentra concernido por el problema y que las "autoridades competentes" deberán ser buscadas en otro lugar, y no entre quienes casi siempre se erigen en árbitros de las limpiezas éticas internacionales, eso sí, siempre que no sea en Kosovo o en Turquía, y siempre que no haya por medio papeles de Wikileaks que desvelen el grosor de la máscara americana en defensa de sus particulares provechos, los de la defensa de su propia seguridad (ND).