NUEVO DIGITAL - Internacional
@JavierMonjas - 06/02/2010

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En Francia, Hassen Chalghoumi se ha hecho famoso por "no ser un imán como los demás". Lleva sus hijos a un colegio privado católico, ha pedido un crédito de la banca tradicional para comprar su casa y "estrecha las manos de las mujeres". Por su puesto, estas actitudes no salen gratis en Al-France. El pasado 25 de enero un "comando islamista", en realidad, una de las habituales bandas de facinerosos histéricas al grito de "Alá es grande", asaltaba de forma violenta su mezquita entre amenazas de muerte.

"Estoy a favor de la prohibición del burka por ley (…). Pero esto se debe conjugar con un trabajo pedagógico como el que se hizo con el velo en los colegios en 2004. No me imagino a un policía retirando el velo de una mujer en la calle. El velo integral no es un precepto religioso, sino una prisión para las mujeres, una dominación sexista y una imposición islamista". Esa es la opinión que Chalghoumi manifestaba sin arredrarse por el apocalipsis de amenazas que recibe casi a diario en su mezquita de Seine-Saint-Denis. Los islamistas no están de acuerdo. Pero la Iglesia Católica de Francia, tampoco. Al menos, no lo están sus dirigentes.

"No estigmatizar a los musulmanes"

El Consejo para las relaciones interreligiosas de la conferencia episcopal francesa emitía un comunicado el lunes pasado contra la medida que impulsa el gobierno del presidente Sarkozy. "Es muy limitado el número de mujeres que llevan el velo integral y las decisiones que se adopten no deben llevar a una estigmatización de los creyentes musulmanes", decía monseñor Michel Santier como presidente del Consejo para las relaciones interreligiosas desde el propio sitio web oficial de la Conferencia Episcopal francesa.

"Si se adopta una ley en este sentido, el riesgo para las mujeres musulmanas que lleven el velo integral es que no salgan de casa y estén aun más marginadas". Alertando sobre la tentación de que "los ciudadanos franceses, y, entre ellos, los católicos" se dejen "seducir por el miedo a la teoría del choque de las civilizaciones", Santier terminaba su comunicado con argumentos que parecían confirmar, precisamente, el choque de civilizaciones que él mismo acababa de condenar.

"Las desconfianzas recíprocas"

"Si queremos que los cristianos en minoría en países de mayoría musulmana tengan todos los derechos, debemos respetar en nuestro país los derechos de todos los creyentes en el ejercicio de su culto", afirmaba el hombre del diálogo interreligioso equiparando las libertades de los cristianos en el orbe islámico con las que los musulmanes disfrutan en Francia. "Un diálogo sincero entre creyentes permitirá superar las desconfianzas recíprocas", concluía.

La posición de Santier venía a coincidir con la ya tradicional política seguida por su homólogo del diálogo interreligioso en el Vaticano, el también francés, cardenal Jean-Louis Tauran. En ambos casos, La Croix ofrecía cobertura ideológica amiga para recordar cómo Tauran se había manifestado más o menos en los mismos términos contra el referendum de prohibición de construcción de nuevos minaretes en Suiza. Esta actitud concluyó con la abierta condena vaticana del resultado final de la consulta como "un duro golpe contra la integración y la libertad religiosa" (ND).

Un nuevo "insulto" al islam

Sin embargo, desde otros ámbitos más laicos, se advierte con mucha mayor crudeza sobre las "consecuencias" de una prohibición del burka en Francia. "En los países de mayoría musulmana, prohibir el velo se convierte en un ataque al islam", previenen desde los think-tanks de seguimiento de las relaciones internacionales dando por entendido lo que significa en la práctica la 'ofensa' de las delicadas sensibilidades islámicas.

Por el momento, y mientras el proyecto legal de prohibición continúa su curso en París entre comisiones parlamentarias y amenazas soterradas de las organizaciones musulmanas aliadas en argumentos con la Iglesia Católica, el ejecutivo francés no parece arredrarse en exceso a juzgar por la audacia de una medida que se permitía confirmar de forma oficial mediante comunicado del propio ministo de Inmigración, Integración e Identidad Nacional: la denegación de la nacionalidad a un musulmán que obligaba a su mujer francesa a llevar el burka en una actitud que, para París, supone "el rechazo de los principios de laicidad y de igualdad entre hombres y mujeres".

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