NUEVO DIGITAL - Internacional
El Tea Party asalta las primarias en Estados Unidos
@JavierMonjas - 16/09/2010

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El desconcierto en el 'establishment' mediático es absoluto, total. Por doquier se repite la misma pregunta: "¿Qué significa para el Partido Republicano la victoria de los candidatos del Tea Party"? Es más: ¿Qué significa en general el súbito pero implacable asalto al poder político de un movimiento que hasta hace poco sólo bullía en miles de espontáneas manifestaciones descentralizadas sin líderes visibles? Para muchos dentro del gran 'establishment' biempensante 'progresista', la situación sólo se puede resumir con frases de andar por casa pero enormemente descriptivas y exactas: "Los votantes claman venganza".

Miles, millones de estadounidenses van a acudir en las legislativas del próximo noviembre con el cuchillo entre los dientes. Ya no se trata de los electores flotantes que oscilan entre republicanos y demócratas según les haya ido en los años inmediatamente anteriores, y que inclinan de un lado o del otro la balanza.

"Venganza contra el poder demócrata"


Ahora se trata de que "los votantes están clamando venganza contra el poder, y el poder es generalmente demócrata", como se dice ahora sin tapujos desde la querencia periodística demócrata, cada vez más preocupada por su pérdida de poder real, el de la influencia en las universidades, el que ejecuta su 'autoridad moral' sobre las clases medias acomodadas e ilustradas. Los pacíficos suburbios de clase media y clase media-alta están, en efecto, en pie de guerra y, como el mismo articulista recoge en testimonios a tumba abierta, la gente de la revuelta "no está tan loca como los medios la retrata".

No, no son los castizos y peligrosos "ultraderechistas" y "ultraconservadores" que las momias periodísticas españolas, con sus obedientes y ajados corresponsales 'sobre el terreno', intentan ridiculizar. No son paletos armados en plena histeria religiosa. Es ya la clase media, la clase media de los suburbios acomodados de clase media, los suburbios alrededor de las universidades que hasta hace poco irradiaban su influencia 'progresista'. "La gente está tan furiosa y frustrada que la va a emprender contra lo único que pueden controlar: no contra los bancos, no contra Wall Street, no contra China, no contra los medios de comunicación del poder, sino contra las propias autoridades que puede elegir".

"Oleada de entusiasmo insurgente"


Las victorias de Christine O'Donnell y de Carl Paladino sobre los candidatos del "ala moderada" del Partido Republicano -para los 'progresistas', ahora no tan siniestro como antes del embate de los teapartisanos- significa la irrupción de "una oleada de entusiasmo insurgente y un aparente sentimiento entre los votantes de que no les gusta que les ordenen que voten por personajes del 'establishment'".

Estas opiniones vienen a enfriar el triste consuelo demócrata desplomado en el último recurso de ver un Partido Republicano dividido entre 'duros' y 'blandos', entre 'radicales' y 'moderados'. Desde el lado 'progre' comienza a verse con claridad que no se trata de un castigo a la derecha de unos pocos de los suyos propios, sino de un castigo al sistema por parte de cada vez más de los propios de todos. Incluyendo a una parte cada vez más preocupante del electorado 'integrado' demócrata.

El rencor contra la política profesional

Es cierto que para los republicanos 'integrados' -es decir, los ahora llamados "moderados"- se trata de una enorme catástrofe, de un voraz cáncer interno que, como advirtieron en el Delaware de la nueva Sarah Palin, Christine O'Donnell, podría destruir el partido en el Estado y posiblemente arruinar cualquier opción de competir por el asiento dejado vacante por el hoy vicepresidente Joe Biden. De hecho, pronto se vio claro que el Tea Party tenía fuerza suficiente no sólo para masacrar a Obama, sino para reprochar y desmarcarse de los republicanos integrados en la Gran Política profesional de la que el electorado comienza a abominar con inusitado desdén y rencor (ND).

En ese sentido se trata de una "purga dentro del GOP", un ajuste interno, el inesperado desenlace por la lucha del poder ideológico conservador y republicano que ha derivado en una, para los demócratas, esperanzadora evolución "extremista" que "dañará las expectativas republicanas en el Senado". El problema es que la revuelta se ha contaminado hacia una parte del electorado anteriormente denominado "extremista" y es vista con simpatía desde fuera de la rabia "ultraconservadora".

Tea Party: "Votantes furiosos" también contra los demócratas


Al menos esa es también la triste esperanza que, desde el gran poder del Grand Old Party, se filtra sobre las mullidas alfombras del Capitolio. El líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes lo reconocía con humillada claridad al confiar en que los "votantes furiosos" gritarán "incluso más alto contra los demócratas en noviembre". Tal es la clave, la del comportamiento de los "votantes furiosos", los "angry voters" que han asaltado, a la vez que las nominaciones, los titulares de los medios estadounidenses, tan sorprendidos de lo rápido que van las cosas lejos del control de los ahora añorados republicanos "moderados".