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En el Reino Unido, cadenas de comida rápida como Subway 'solo' sirven comida 'purificada' con el rito islámico
@JavierMonjas - 31/05/2014

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Son pequeñas pero bien visibles inscripciones en árabe. Se las puede encontrar en las listas de precios de establecimientos especializados en comida típica de países árabes o musulmanes. Especialmente en los que despachan kebab, los más abundantes. Es una palabra corta, garabateada con un rotulador en el plástico de los menús exteriores e interiores: حلال. Significa 'halal'. Se trata de advertir a los potenciales clientes musulmanes de que el kebab contiene carne procedente de animales sacrificados de acuerdo al rito islámico, es decir, degollados sin aturdimiento previo entre imprecaciones a Alá. Pero los no musulmanes -la inmensa mayoría de quienes allí comen- no lo saben. Comen y pagan, pero no lo saben.

¿De dónde procede la carne que allí da vueltas y vueltas? ¿Qué clase de productos -o de subproductos- lleva ese amasijo de carne picada? ¿Cuántas veces se ha puesto a tostar, se ha apagado, se ha vuelto a encender la parrilla, se ha vuelto a apagar, cuántas noches se ha enfriado, cuántos días se ha vuelto a recalentar, qué ponen cuando se les acaba el rollo y no tienen recambio, qué es lo que la gente se mete en el cuerpo en esos lugares, por lo general sórdidos y sucios?

Mucha gente se pregunta por la salubridad de los locales y de los empleados, por lo general, turcos (muchos de ellos, kurdos), pero también pakistaníes y marroquíes, aunque a un europeo inadvertido, tan 'moros' les parecen unos como otros. Pero los kebabs de origen turco y reconvertidos en comida rápida europea tras su paso por Alemania y su comunidad de aquella procedencia esconden otro secreto, uno más aparte de lo que allí suceda después, cuando la carne vuelve a enfriarse una vez más, las luces se apagan y la noche, con su bulliciosa vida, vuelva a echar su oscuro manto de negros seres.

Solo de vez en cuando se le escapa a alguien, deseoso de promocionar su producto. "¿Qué comemos en un kebab?", se preguntaba una entusiasta 'pieza' del diario español de El Mundo el año pasado, una especie de apasionado publirreportaje que probablemente el 'periodista' -encima- habría escrito gratis.

Pero la propaganda de quien se declara el mayor productor de carne de kebab en España, un turco emigrado a España desde Suecia, también incluía un pequeño detalle: "Trabajan con piezas de falda de ternera, sacrificada según el rito halal para que puedan consumirla los musulmanes". No hay un kebab para musulmanes y un kebab para no musulmanes. Hay un solo kebab, el kebab para musulmanes... que también deben engullir los no musulmanes.

Nadie advierte al consumidor no musulmán de que está comiendo carne musulmana, 'su' carne. Que cualquiera de los componentes del producto ha pasado por los ritos y las certificaciones adecuadas para que sea considerada 'halal'. Pero esa carne también se la tragan quienes comen 'haram', los kuffar, los infieles. Tragan y pagan. Tragan por partida doble: tragan su carne y tragan su religión. En la propia tierra de los kuffar, en Dar al-Harb, la Tierra de la Guerra, allí donde el islam aún no domina.

Personas que trabajan en mataderos y supermercados informan a quien les pregunte que mucha -a veces, la mayor parte- de la carne que allí se sacrifica o allí se vende procede de sacrificios musulmanes. Y no se advierte a quien, de forma inocente, coge su bandeja de filetes de ternera.

Los animales se sacrifican de acuerdo al rito islámico, se certifica como tal, y después la carne se divide en dos partidas, una dirigida a los establecimientos 'halal' destinados al consumo de los musulmanes, y la otra -por lo general, las piezas de más calidad que no se distribuyen en ese segmento etno-religioso-, pasan al circuito comercial general. Eso sí, sin advertir en el etiquetado que esos animales fueron sacrificados por musulmanes para musulmanes invocando al dios musulmán. Sin aturdimientos previos.

Los únicos aturdidos son los infieles que comerán esa carne sin conocer su procedencia. De esa forma, los canales de abastecimiento cárnicos españoles no deben mantener dos vías paralelas, una para la creciente comunidad musulmana, y otra para la población general no islámica. Basta con que unos sepan que su carne es permitida y los otros no sepan nada.

Por todo Occidente se está destapando el escándalo de la comida halal con la que se ceba a los infieles en su propia tierra, Dar al-Harb, la Tierra de la Guerra. El Reino Unido ha sido el último país donde se ha descubierto no ya el desvío de carne halal para el consumo infiel, sino incluso la procedencia 'única' de los productos islámicos en los menús de grandes cadenas de comida rápida que han dejado de utilizar -por completo- carne no purificada según lo ordenado por Alá.

Se desveló que grandes cadenas de pizzerías como Pizza Express 'solo' incluían -sin advertir a los clientes- carne de pollos sacrificados de acuerdo al rito islámico. La noticia se publicaba después de que otras grandes cadenas de restaurantes -como Subway- eliminaran directamente el beicon y el jamón en sus bocadillos, convirtiendo en islámica la integridad de su menú.

Sin productos de cerdo y con el resto de carnes e ingredientes purificados por los ritos musulmanes -que incluyen el degollamiento de los animales sin aturdimiento previo-, en cientos de establecimientos de Subway 'solo' se come halal... o no se come.

A pesar de la creciente presión para que se advierta de forma pública la procedencia de esos productos 'religiosos', por el momento las autoridades nacionales en Europa y la propia Unión Europea prefieren ceder a la especial 'influencia' de los musulmanes, pero también de los judíos en países con grandes comunidades de esta última procedencia. Según los políticos europeos, un etiquetado especial de la comida para advertir del origen religioso supondría una 'discriminación' y una 'estigmatización' de esas comunidades.

Cuando países como Holanda proponían la prohibición de los sacrificios halal y kosher, la prensa israelí habló de "nazismo" (ND). En el Reino Unido, los lobbies judíos dijeron que las etiquetas halal y kosher serían la nueva "estrella amarilla del siglo XXI" (ND). En España, con una comunidad judía no cuantitativamente importante, el problema se plantea con la musulmana, mucho más numerosa que la judía... y con mucha mayor capacidad de... influencia.