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Líder feminista del Partido Laborista británico y miembra de su 'gobierno en la sombra'
Javier Monjas - 14/01/2013 - 06:42 AM   GMT+01:00

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En plena descomposición, el feminismo se muestra incansable en la búsqueda de salidas medianamente dignas a su implacable colapso. Algunas de las propuestas recuperan viejas líneas de combate ya en sus tiempos completamente ridículas, como las que ahora resucitan la pelambrera sobaquil como frente de oposición a la falocracia imperante. Otros debates tienen mucho mayor calado, como la ahora cada vez más cuestionada íntima relación entre el feminismo hembrista, y el supuesto derecho y la casi segura obligación de las mujeres a triturar vivos a sus hijos no nacidos antes de ser absorbidos los cachos por una aspiradora industrial. Pero lo que no se esperaba la desabrida internacional hembrista era la traición de una de sus figuras más conocidas, hasta ahora atrincherada en la izquierda más izquierdista del laborismo británico.


Mike Buchanan, un antiguo consultor de 55 años, está creando un partido cuyo ideario se basará en la defensa de los derechos del hombre, es decir, de la mitad de la humanidad que debe acceder a los consejos de administración de las empresas a base de prepararse, conspirar e incluso traicionar, pero no después de un sexado para ver qué se esconde entre esas dos pilosas piernas, que, a juzgar por la campaña hembrista pro-vellosidad, puede ser cualquier cosa.

Buchanan cuestiona las supuestas razones por las que los consejos de administración de las empresas deban acoger ahora una cuota obligatoria de miembras más por lo que esconden entre las piernas que por lo que guardan dentro de la cabeza. Este activista de los "derechos del hombre" critica cómo "nuestra élite política vive fuera de la realidad con su feminismo patrocinado desde el Estado".

Para el promotor del partido masculinista, el feminismo se encuentra en la base de la pobreza y la desigualdad en la actual Gran Bretaña. "Los suicidios entre los hombres son 3,7 veces más frecuentes [que entre las mujeres]. Más del 60 por ciento de los funcionarios son mujeres [...]. El gasto en el diagnóstico de los cánceres específicos de los hombres es pequeño en comparación con el empleado en los específicos de las mujeres". (También en España la tasa de sucidios masculinos es desproporcionada respecto a los cometidos por mujeres, nada menos que del 78 por ciento del total).

Mike Buchanan ha acusado a los conservadores de plegarse a los objetivos de odio del feminismo más radical. Dicho sea de paso, la rendición del conservadurismo a las políticas feministas e, incluso, al lenguaje hembrista más brutal no solo se produce en Gran Bretaña, sino aun con mayor radicalidad en España donde las campañas contra el maltrato doméstico son enfocadas exclusivamente "hacia las mujeres" y bajo el inevitable marchamo de la "violencia de género", tanto en ámbitos autonómicos como en Castilla-La Mancha, por ejemplo, como en los estatales del Instituto de la Mujer.

A pesar de las raíces izquierdistas del feminismo, ha sido precisamente la clase trabajadora la que más lo ha sufrido puesto que "el feminismo militante ha atacado también a la familia", según Buchanan. Y este de la destrucción de la familia está protagonizado precisamente algunos de los más espectaculares arrepentimientos de antaño inflexibles activistas del hembrismo más recalcitrante.

Entre estas caídas del caballo, de las que ha habido varias y muy sonadas, una de las más llamativas fue la protagonizada por Erin Pizzey, pionera mundial de la lucha contra el maltrato doméstico a las mujeres, quien hace casi tres años terminaba sentenciando en la BBC que "la familia tradicional funciona" y que "el sitio de una mujer está en el hogar al cuidado de los hijos" (ND), declaraciones que la granjearon el odio hembrista de sus antiguas compañeras y la eliminación de su nombre de la organización de hogares de acogida que ella misma había fundado y dirigido.

Pero si el oprobio y la humillación de que Erin Pizzey dijera lo que dijo en la casa común de los progres británicos que es la BBC, ahora ha sido la casa común de los laboristas la que ha tenido que soportar, temblando sus cimientos, que una de las miembras del 'gobierno en la sombra' en la oposición critique ahora nada menos que en el Guardian cómo el feminismo ha "destrozado" a la familia.

Diane Abbott lo tiene todo para ser la feminista que ella confiesa ser. No muy agraciada físicamente, de color 'diverso' e izquierdista a más no poder. Pero no tanto como para que ahora no reniegue de lo que ella misma, según confiesa, defendía en los años ochenta. Abbott es la 'ministra de Sanidad en la sombra', y como tal contestaba al diario ultraprogre. ¿Y cuál es la relación entre los asuntos sanitarios, el feminismo y la destrucción de la familia?

Para la prominente laborista, temas de salud pública como la obesidad o el alcoholismo a menudo tienen sus raíces en la "quiebra de la familia". A diferencia de Pizzey, Abbott sí admite 'otras familias', como las homosexuales. "Sin embargo, todavía creo que alguna forma de familia estable es vital y que eso es lo que la mayor parte de las personas desean", añadía.

"Algunos de los mayores problemas de salud pública provienen del colapso de la familia [...]. En mi condición de feminista, quizás hayamos sido ambiguos sobre las familias", proseguía la destacada laborista antes de criticar la cada vez mayor "pornificación de la sociedad", pues ahora "niños muy pequeños, de 10 u 11 años, pueden ver en Internet cosas que no se habrían podido comprar en un kiosko hace 20 años".

Para Abbott, esto se debe a que los padres y, en especial, las madres, que ahora se pasan el día fuera de casa, no prestan atención a sus hijos, mientras en los colegios, las niñas se enfrentan a una presión sexualizadora desde que apenas la pueden comprender en medio de un desbocado consumismo de marcas de moda. Pero la 'ministra' del laborismo iba aun mucho más allá en la demolición de lugares comunes progres de los que ella misma se confesaba defensora en un tiempo.

"Cuando era una joven izquierdista, nunca pensé que llegaría el momento en que viera la razón del uniforme en el colegio, pero lo cierto es que con uno tienes menos de esa presión para tener ropa tal o cual marca de moda", aseguraba. Las declaraciones de Abbott han causado un considerable revuelo en la prensa británica, que las ha reproducido en toda su crudeza. Hay quienes han saludado cómo la activista izquierdista y referencia del laborismo feminista "daba un buen puntapié a sus hermanas feministas".

Otras columnistas, sin embargo, criticaban que Abbott "hiciera del feminismo una palabra aun más sucia sin motivos suficientes", puesto que, según estas enojadas periodistas-activistas, el nuevo discurso de la política es "barato y pobremente razonado".







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