NUEVO DIGITAL - Internacional
"Los atentados de Boston provocan múltiples ataques de venganza sobre musulmanes inocentes"
@JavierMonjas - 20/04/2013

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Alegrarse, lo que es alegrarse de la nueva masacre islámica en Occidente, se han alegrado musulmanes. Seguramente no todos. Pero sí muchos. De hecho, algunos han proclamado a pleno pulmón su "felicidad" por la carnicería. Y, sin embargo, la prensa occidental procura ocultar en lo posible la condición de yihadistas de los dos carniceros halal, mientras, además, se dedica a masacrar a la población general con espectaculares titulares como este: "Los atentados de Boston provocan múltiples ataques de venganza sobre musulmanes inocentes". ¿Múltiples ataques? ¿Venganza? La siguiente es la forma sobre cómo quienes ponen los muertos ponen además la culpa y la miseria moral de los atentados.

Una tal Rebecca Greenfield, que acaso camufla la percepción de su sueldo mensual en el Atlantic Wire bajo la categoría profesional de 'periodista', es la autora de la 'información' en la que, bajo ese terrorífico titular -"Los atentados de Boston provocan múltiples ataques de venganza sobre musulmanes inocentes"- intenta hacer ver la despiadada crueldad de la mayoría no musulmana estadounidense contra la terriblemente marginada, acosada y agredida minoría islámica.

Cabría esperar un texto plagado de "múltiples" sucesos en la que "musulmanes inocentes" son degollados en masa en las calles de cientos de ciudades y pueblos de Estados Unidos. Pero no. Solo aporta los tres casos repetidos hasta la melancolía por cientos, quizás miles de medios de comunicación con antelación a la caza de los dos hermanos chechenos: la portada del New York Post en la que se informaba sobre la búsqueda de un joven "de piel oscura"; el de una mujer de origen sirio que dice que un hombre la "insultó" por su condición de musulmana, y unas pintadas derogatorias del islam en la valla que rodea el solar previsto para la construcción de una mezquita. That's all, folks. Bueno, en realidad, ni tan siquiera eso es todo del todo.

El New York Post se reafirmó en su información puesto que, cuando fue publicada en los largos días que precedieron a la identificación de los yihadistas chechenos, en efecto la policía había interrogado a un saudí que pronto fue liberado sin ningún tipo de cargo. Sin embargo, la cosa degeneró entre la sensible masa progresista puesto que luego se supo que el saudí en cuestión se encontraba en situación irregular en Estados Unidos y supuestamente como consecuencia de ser "targeted" por el odioso diario conservador iba a ser injustamente expulsado del país.

La lacrimosa histeria por el pobre saudí de piel oscura -en situación ilegal en el país- llegó a tal punto que nada menos que la secretaria de Interior, Janet Napolitano, tuvo que desmentir en persona que el pobre saudí en situación irregular fuera a ser deportado de forma tan crudelísima e injustérrima.

El segundo gravísimo incidente de la desatada caza del musulmán en Estados Unidos fue el de la inmigrante siria que, cubierta con un hiyab, proclamó a los cuatro vientos que había sido insultada por un hombre mientras paseaba a su hijo. A tenor de las declaraciones de la policía de Boston, la única cacería desatada en el caso era la de la localización del supuesto hombre que supuestamente había insultado a la mujer siria.

El tercer y último caso de la oleada de "múltiples ataques de venganza sobre musulmanes inocentes" se cebó con una valla, musulmana, pero valla al fin y al cabo. Pero ni tan siquiera la patearon. Alguien pintó sobre ella un mensaje ofensivo contra la condición de verdadera religión de la paz del islam. La 'periodista' del Atlantic Wire que agrupó los "múltiples ataques" escribió sobre los misteriosos personajes que "habían destrozado el lugar de emplazamiento de una mezquita de Boston".

En efecto, ese lugar previsto para la construcción de la mezquita se encuentra en Cambridge, pero no en el Cambridge de Massachusetts contiguo a Boston donde los dos chechenos habían asesinado a un policía como fin de fiesta, sino en el Cambridge original, en el británico, como seguramente habría comprobado la 'periodista' si hubiera seguido el enlace que ella misma incluía en su concienciada 'noticia'.

Y, por cierto, también en el Cambridge británico se desató una cacería, pero fue para dar caza a los autores de la pintada ofensiva, pues, como decía el parlamentario de turno por el distrito, "el islam junto con las principales religiones del mundo predican la virtud de la paz y la tolerancia". En efecto. Nadie podría dudarlo. Por si fuera poco, en realidad la oposición a la construcción de una nueva macromezquita era previa al atentado de Boston.

Antes de que se disipara el humo de las explosiones, un alto cargo de los Hermanos Musulmanes ya había denunciado que, como cualquier tonto comprendería, el atentado constituía otro episodio de la indudable conspiración mundial contra los musulmanes. Pero la prensa 'progresista' también se había apuntado desde el principio al enmarañamiento de la verdadera identificación del problema y -en pocas palabras- a la cerrada cobertura de los asesinos.

Mientras los musulmanes rezaban (sic) por que "no fueran árabes o musulmanes" los autores del atentado -sus oraciones no fueron escuchadas-, y mientras se cerraban las mezquitas al rezo del viernes en espera de la inevitable carnicería de venganza contra los inocentes musulmanes, los medios 'progresistas' llevaban a cabo el trabajo sucio de protección de los verdaderos culpables, por entonces aún no identificados.

Un columnista del New York Times -la gran dama gris, indiscutible faro del periodismo de calidad- relacionaba los atentados del Boston con la oposición del Partido Republicano a la legislación de control de armas propugnada por Barack Obama.

En la CNN, su analista de seguridad nacional aseguraba que detrás del atentado se encontraban en realidad los extremistas de la derecha. Y en la MSNBC, otro informado comentarista 'progresista' declaraba que "normalmente, los terroristas domésticos suelen ser de la extrema derecha" (vídeo), teoría a la que se apuntó un antiguo asesor de seguridad de Obama, quien relacionó la masacre con el Tax Day, el día final de presentación del impuesto de la renta en Estados Unidos, lo que era tanto como insinuar que el Tea Party, movimiento refractario a las cargas fiscales, o personas de su entorno eran los que habían decidido -literalmente- reventar la carrera.

Una vez que se conoció la verdadera adscripción de los asesinos, cuyos sitios en YouTube se encontraban repletos de enlaces a los vídeos más carniceros y supremacistas del islam, los intentos de desviar la atención de la verdadera raíz del problema llevaron a que los mismos medios que antes habían acusado a la "derecha" de los atentados, ahora intentaran adscribir a los dos terroristas con el "separatismo checheno" y no con una devoción musulmana demasiado fiel al Corán. Dicho y hecho: "El islam puede haber tenido un papel secundario en los atentados de Boston".

De hecho, la infravaloración de la condición de musulmanes radicales de los dos chechenos ya cuenta con una larga tradición en los atentados, consumados o no, llevados a cabo por los "lobos solitarios" del yihadismo en tierra infiel, ciertamente algo que ya estaba previsto en el guión.