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Clamor en el Reino Unido contra la impunidad de los más brutales seguidores del islam
Javier Monjas - 20/02/2012 - 08:46 AM   GMT+02:00

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Para el verdadero creyente Abu Qatada, todo en Occidente debe ser exterminado -occidentales incluidos- y reemplazado por la cegadora luz del islam. Todo, menos los cerca de 1.500 euros que recibe cada mes desde hace una década en 'ayudas' de carácter social, o todo menos su tarjeta de residencia legal en el mismo Reino Unido que le concedió asilo como "perseguido por sus creencias religiosas". O sea, que no quiere irse de allí ni a tiros. Gracias al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y a sus siempre estrambóticas decisiones, lo está consiguiendo.
El caso de Abu Qatada constituye una de las más obvias manifestaciones de cómo el tolerante Occidente se destruye a sí mismo. Este místico musulmán, palestino jordano, y líder de miles de seguidores que le reverencian como un a héroe coránico, consiguió el estatus de asilado en el Reino Unido después de argumentar que estaba siendo perseguido en Jordania por sus creencias religiosas.

Los Derechos Humanos de los inhumanos

Según se está sabiendo ahora, la inteligencia británica no le consideró entonces un riesgo para la seguridad del país, lo que para muchos explica que el hombre de discurso brutal y fervientes lazos con el Osama bin Laden de los mejores tiempos nunca haya sido acusado de ningún delito en concreto. Personas que le conocieron por entonces, ya asilado en el Reino Unido desde cuyas mezquitas lanzaba alucinados sermones de odio, le describen como mucho más radical que el propio líder de Al Qaeda.

Pero la cuestión que está crispando la política en el Reino Unido no es si este bondadoso hombre destetado -por su amantísima madre, en primer lugar, como es lógico- en la Religión de la Paz, es o no el faro de iluminación espiritual y exterminio de infieles que sus seguidores adoran en él, sino cómo es posible que miles de sujetos de su catadura entren en el país y allí se enquisten primero, chupando la sangre de su dinero público, y después corrompan todo a su alrededor bajo la trascendente y bendita bandera de los Derechos Humanos. O, más en concreto, de los trascendentes y benditos Derechos Humanos 'europeos'.

El antieuropeísmo que bulle en cada vez más amplias poblaciones de todos los países de la Unión, en el Reino Unido disfruta de un estatus de ideología tradicional, casi protegida por ley. Pero ahora ya no sólo se trata de economía, o ni tan siquiera de política. Ahora el disgusto británico se dirige contra los pilares más básicos que asentaron las democracias contemporáneas, entre ellos, el de la Declaración de los Derechos Humanos. O, más en concreto, el disgusto británico se dirige contra su 'dependencia' de la Unión Europea en la aplicación de los Derechos Humanos materializada en el Tribunal de Estrasburgo que dice salvaguardarlos.

'Os destruiremos con vuestras propias leyes'

Los sabios jueces de esta corte determinaron que los 'Derechos Humanos' de Abu Qatada se encuentran en riesgo si es deportado a su país natal, Jordania, desde donde se le reclama por la preparación de diversos actos terroristas, todos dirigidos a masacrar judíos, europeos y norteamericanos.

Pero la prudencia de los jueces de Estrasburgo determinó que los actos incriminatorios contra el místico islámico podrían haber sido conseguidos bajo tortura. Y que, además, Abu Qatada podría no obtener un juicio justo en Jordania, si es que no peligraría su vida. Así que debe continuar en el Reino Unido y ser puesto en libertad, lo que Londres se vio obligado a hacer bajo la fórmula del arresto domiciliario, en una mansión por la que el clérigo paga sin problemas 1.900 libras al mes.

"¿Y qué pasa con los Derechos Humanos de nuestros ciudadanos, de nuestros hombres, mujeres y niños?", se preguntaba un parlamentario conservador. En el país, y en especial entre los tories, existe un creciente disgusto sobre la aplicación de los Derechos Humanos siempre en defensa de todo tipo de criminales y personajes de la calaña de Abu Qatada (ND), sólo un símbolo de la muy repetida y alabada advertencia de muchos destacados personajes del islam en el sentido de que van a utilizar la infinita tolerancia de las leyes occidentales para terminar con el propio Occidente.

Más años de litigios

Por el momento, lo que están consiguiendo es vivir a cuerpo de sultán a base de subvenciones y beneficios sociales pagados por los infieles, mientras se cobijan bajo la impunidad y una protección legal sin límites, amparados en las leyes con la que los occidentales quisieron dignificar a las personas. Al menos, a las humanas, aunque al final están siendo las más inhumanas las únicas que se están aprovechando de lo que ven como una brecha para demoler al odiado rival infiel.

De hecho, Qatada prepara ya una redoblada batería de acciones legales para bloquear durante años cualquier potencial deportación a Jordania, incluso si Londres y Ammán alcanzan un acuerdo para entregar a esta gran figura de la contemplación musulmana, como incluso desde la última ciudad se exige, lamentando, con razón y con 'diplomáticamente' gruesas palabras, la siempre presunta 'superioridad' europea a la hora de juzgar la limpieza e intenciones de otros países.

Todo esto, en el Reino Unido tiene una traducción política muy específica. Tony Blair aprobó en 1998 una denominada Human Rights Act que ponía al país en esa materia bajo la tutela del Tribunal de Estrasburgo.

Esa Europa del Tribunal de Estrasburgo

David Cameron no ha dejado de repetir lo que ya se proclama sin tapujos incluso desde los principales diarios del país, que esto de los Derechos Humanos no ha hecho más que "degenerar", y que los dictámenes de los tribunales no hacen sino confirmar que las bellas intenciones nacidas del final del horror de la Segunda Guerra Mundial se han convertido en un lodazal de impunidad para los más brutales y sanguinarios sujetos infiltrados en el mismo Occidente que han jurado destruir.

No sólo en los periódicos se levanta un clamor en este sentido. El propio David Cameron constata la existencia de una "creíble ansiedad democrática" por cómo uno de los principales logros de la Humanidad está sucumbiendo ante ideologías y religiones que son, en esencia, su propia negación. Y así, hay quienes consideran que el Reino Unido debe presionar para conseguir una reforma del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Pero también los hay -la mayoría de los británicos- que exigen el descuelgue del país de la corte serenísima, de manera que los Derechos Humanos de los británicos se amparen dentro de la propia Britania. Y los más pragmáticos reclaman que, mientras se aclara todo esto, por el momento simplemente se ignore el dictamen de Estrasburgo y se entregue a Jordania al caro y piadoso musulmán, lo que, de llevarse a cabo, para los indulgentísimos representantes del tribunal europeo, constituiría un "mal ejemplo".

El Guardian, la BBC, el laborismo y las 'libertades civiles'

Como era de esperar, desde la izquierda, todo este asunto pone a prueba las "libertades civiles" del país, que, en su opinión, se verían amenazadas por librarse de Abu Qatada, opinión que los periódicos del laborismo no dejan de propagar, para disgusto de sus lectores que, a juzgar por la ristra de comentarios coléricos con la cerrada defensa humanitaria de quien algunos califican de "dañino parásito", no alcanzan el honor de la carta destacada de los pocos que apoyan las tesis 'progresistas'. Como es obvio, la BBC no podía faltar a idéntica cita y prohibía a sus periodistas que calificaran a Abu Qatada de "extremista" puesto que tal calificativo "implica un juicio de valor" sobre el personaje.

Pero para otros, lo que está sucediendo no es más que otra manifestación de cómo el islam está consiguiendo corromper desde dentro los mismos fundamentos éticos de las democracias occidentales, corroyendo su credibilidad, justificando incluso su abolición entre muchos, la profecía autocumplida de cómo las propias leyes occidentales llevan en su germen su propia derrota a manos de creencias llegadas de los desiertos asiáticos y africanos, el germen del triunfo de quienes desean exterminarlas junto a quienes las promulgaron.






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