NUEVO DIGITAL - Internacional
Contra objetivos vulnerables como el metro o los centros comerciales
@JavierMonjas - 12/07/2010

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Ya ni tan siquiera se oculta. El peligro está dentro y es americano de nacimiento o de naturalización. Los republicanos presionan para que se trate a los detenidos por terrorismo islámico como combatientes enemigos en tiempo de guerra. Esto supone la eliminación de las garantías constitucionales para los arrestados y su 'retención' ilimitada. Los demócratas creen que el sistema de derechos garantistas permite combatir una amenaza real que ellos tampoco niegan. Mientras tanto, la inteligencia del país también se concentra ya de forma abierta en el enemigo interior. Los contactos están fuera, pero quien apretará el botón será un americano.

Es el mismo debate que han tenido que afrontar otros países -entre ellos, España de forma destacada- ante acciones terroristas llevadas a cabo por sus propios ciudadanos. Estados Unidos nunca se había enfrentado a una amenaza interna de tales dimensiones. Hasta ahora. Ya no se trata de vigilar 'montañas lejanas' o áridos desiertos, sino de neutralizar a traidores, a quintacolumnistas en toda la extensión de la palabra y del concepto. Como sucedió en España, muchos creen que los extremos garantismos democráticos no sirven para combatir a quienes se sirven de ellos precisamente para actuar.

Ataques al FBI; silencio sobre el quintacolumnismo

Obama es plenamente consciente del debate abierto y, sobre todo, de su alcance, mucho más amplio que el de las conexiones talibanes del pseudomártir ciudadano estadounidense, Faisal Shahzad. "Los americanos pueden estar seguros de que el FBI y sus colaboradores en este proceso dispondrán de todas las herramientas y de la experiencia que necesiten para averiguar todo lo que podamos", declaraba el presidente. "Esto incluye averiguar qué conexiones, si las hay, tiene esta persona con grupos terroristas. Y esto incluye la recolección de inteligencia crítica para desbaratar cualquier ataque futuro", añadía.

El sentimiento de acoso entre los investigadores es tan fuerte que el propio fiscal general, Eric Holder, convocaba una rueda de prensa pasada la una de la madrugada del martes -para veinte minutos después de ser anunciada por sms a periodistas que se encontraban en sus casas- con el fin de hacer pública en persona la detención del pakistaní.

El gran debate sobre los 'derechos' de los detenidos por terrorismo está siendo agitado por el New York Times y otros medios del 'progresismo' estadounidense, por otra parte, por completo silentes en la identificación de la amenaza real. Es decir, la yihad interna, la traición de los propios ciudadanos de Estados Unidos con una determinada religión. En concreto, la musulmana.

Los republicanos y las "sutilezas legales"

Los republicanos, según reconoce el mismo diario en ridiculización de la postura, "han acusado a la administración de preocuparse demasiado por sutilezas legales y de no hacer suficiente por la seguridad pública". El desvío de la atención se está recrudeciendo con una ofensiva en torno a cómo el FBI llevó a cabo el proceso de vigilancia, persecución y detención del sospechoso -ya confeso-, y que concluyó con una detención que muchos consideran 'in extremis' dentro del propio avión que se preparaba para despegar hacia Dubai. ¿Cómo es posible que pudiera embarcar en el avión, a punto de escapar?, se pregunta, escandalizado, el mismo diario neoyorquino. Incluso desde periódicos extranjeros se responsabiliza al FBI de haber "perdido" al pakistaní con ciudadanía estadounidense que había intentado causar una masacre en pleno Times Square.

Sin embargo, consciente del poco lucido papel que está tocando desempeñar a las autoridades de seguridad, la inteligencia ha decidido jugar por su cuenta sus propias cartas, al menos en un intento de salvar la cara y de hacer llegar al público que los agentes sí saben a lo que se enfrentan, por mucho que los medios desvíen la atención a los retorcidos legalismos garantistas invocados por los abogados oficiosos de los carniceros halal.

"El metro y grandes centros comerciales"

Nada menos que la agencia Reuters era la elegida para la filtración. No se están concentrando en la "pesadilla" del terrorismo nuclear tan enarbolada por Obama hasta el punto de publicitar una cumbre sobre el tema. No temen al peligro exterior de Al Qaeda. Temen a los propios ciudadanos estadounidenses -de nacimiento o de ciudadanía concedida- que puedan lanzar oleadas de ataques menos sofisticados sobre objetivos menos sensibles que, a la postre, actúen de forma conjunta como un nuevo 11-S. En vez de uno e histórico, muchos y devastadores a escala local.

"Sí tienen el objetivo estratégico de hacer algo catastrófico contra este país. Pero creemos que es más probable que veamos una serie de ataques a pequeña escala en objetivos vulnerables que no se puedan asegurar", decían estas fuentes en referencia a posibles blancos terroristas como "el metro o grandes centros comerciales".

Inteligencia: "Son americanos y está protegidos por la ley"

"Este tipo de ataques son difíciles de desbaratar porque a menudo incluyen a ciudadanos estadounidenses que no es probable que aparezcan en ninguna lista oficial de vigilancia y son más difíciles de seguir que los sospechosos en el extranjero debido a las leyes de los Estados Unidos", declaraban estas autoridades a la agencia en clara alusión a la barrera legal en la neutralización de terroristas.

En cualquier caso, y como también declaraba el profesor de la Universidad de Georgetown, Roy Godson, "la mayor parte de los estadounidenses creen que el terrorismo, las guerras de proximidad, las bandas violentas criminales y las insurgencias afectan a los demás en cualquier parte, (pero) la bomba de Times Square ya hace presentir las amenazas que vendrán".

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