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Un sacerdote católico en el New York Times, en apoyo de la mezquita en la Zona Cero
Javier Monjas - 11/10/2010 - 05:11 AM   GMT+01:00

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2010. Mezquita Zona Cero. Financiación sospechosa de oculto aliento terrorista. Para quienes apoyan el proyecto, nada más que miedos irracionales ante una inofensiva religión minoritaria. Hay un precedente. 1785. España. Su rey, Carlos III, dona 1.000 dólares para construir un templo en Nueva York. Oposición de la mayoría protestante neoyorquina al desembarco de los "papistas". El mismo miedo irracional. Idéntico caso. Eso es lo que dice un reportaje del New York Times citando al actual párroco del inocente templo católico. ¿Pero son equivalentes los casos de la futura mezquita quizás wahhabí, y el de la antigua y venerable parroquia pseudoborbónica? Bienvenidos a un nuevo capítulo de la campaña de relaciones públicas para legitimar el "centro cultural islámico" del Bajo Manhattan. Esta vez, con Carlos III y la España del XVIII como involuntarios y mudos convidados de piedra.

Incluso en medios 'progres' por antonomasia como la NPR -la radio 'pública' estadounidense sostenida principalmente con fondos privados y que también ha realizado sonadas incursiones en la política interna española (ND)-, se están produciendo pequeños actos fallidos en el repertorio de las fáciles etiquetas políticas. En alguna perdida ocasión, el National Front francés ya no es descrito como un partido de ultraderecha, sino como un "partido político de derechas". La significativa transmutación de lugares comunes de 'periodismo' borreguero es encajada además en una información a (medio) tumba (medio) abierta en la que hijos de inmigrantes europeos en Italia comparan su integración total en la sociedad francesa con la desafiante autoexclusión de los musulmanes, incluso de aquellos con varias generaciones de supuesta 'franceseidad' pero, que, sin embargo, se sienten mucho más argelinos que sus abuelos y bisabuelos.

"Reemplazados por otro pueblo y otra cultura"

Además, según la misma información, como descendientes de 'Pieds Noirs', vuelcan todo su rencor en una religión que les otorga identidad frente a los 'Pies Blancos' de la sociedad general. "Ya no se trata de mezclar poblaciones para que puedan vivir juntas", dice una francesa hija de una italiana inmigrante. "Nosotros, los franceses, estamos siendo reemplazados por otro pueblo y por su cultura, religión y forma de vida. La oleada de inmigración ha sido tan enorme en los últimos 20 años que somos nosotros los que estamos ahora sumergidos", concluye en un reportaje sobre las enormes tensiones generadas en Marsella por la construcción de una nueva y gigantesca mezquita, apoyada "por el alcalde y la mayor parte de los no musulmanes", pero rechazada por "la ultraderecha", según un "periodista local" que equilibra, para tranquilidad de sus biempensantes lectores, el leve desliz del "far" desaparecido con anterioridad precediendo a "right".

Pero la corrosión social provocada por la agresiva penetración islámica en Occidente también está alcanzando a instituciones incluso más 'progres' que la propia NPR, por ejemplo, la estadounidense Liga Antidifamación (ADL), presente desde hace un siglo en cuanto apoyo a minorías era menester, en muchas ocasiones, abiertamente hostiles a la sociedad general, o en conflictos de "derechos civiles" que sólo pretendían enarbolarlos como coartada para conseguir zonas de impunidad antisocial. También hasta ahora.

Liga Antidifamación, contra la mezquita de la Zona Cero

El deterioro acelerado voluntaria o involuntariamente por el desafío islámico en Occidente ha terminado por carcomer también a la rocosa organización de 'progresistas' de sólidas, inamovibles e inquebrantables certezas 'democráticas'. Hasta el punto de que una parte de la ADL está exigiendo a gritos la dimisión de su propio presidente por mantener una opinión demasiado 'matizada' sobre la mezquita de la Zona Cero. Abraham H. Foxman calificó el proyecto como "sustantivamente equivocado y estratégicamente erróneo", de forma que acostaba a la propia Liga "en la cama con radicales" otorgándoles "la cobertura de la legitimidad". De hecho, la ADL realizó un llamamiento para que los promotores del centro lo construyeran en otro lugar cualquiera lejos de la Zona Cero, lo que provocó airadas reacciones de algunos premiados por la organización que devolvieron, en agrio gesto, los premios que de ella habían recibido.

En Estados Unidos, la corrosión y la acritud por el asunto de la mezquita no hace sino incrementar su poder destructivo en áreas hasta ahora sólidamente cohesionadas tras sus activistas seguridades -como las de la propia Liga Antidifamación-, pero también coagulando en declaraciones públicas los millones de opiniones de ciudadanos que no encuentran cobijo en los medios del 'periodismo' borreguero. Nada menos que una muy conocida candidata al Senado, la republicana Sharron Angle, afirmaba en un mitin que el país se enfrenta a una "situación de terrorismo militante" y que hay zonas de los Estados Unidos donde ya no rige la Constitución, sino la sharia, en ocasiones aplicando con toda su crudeza la ley islámica a la población general (ND 1, 2 y 3). Por cierto, el sonado discurso de Angle se producía en la localidad texana de Mesquite, lo que ha llevado a algunos indocumentados a señalar la contradicción de una intervención "islamófoba" en sitio con tal denominación, obviando el sustantivo de origen prehispánico de la planta que da nombre al lugar.

"Amenazas de muerte"

Sin embargo, la batalla principal se continúa librando en Nueva York, alrededor del proyecto de mezquita en la Zona Cero promocionado por un imán que, como su mujer -activista de los 'derechos islámicos'-, ha denunciado amenazas de muerte. En este sentido, medios como el New York Times continúan con una actitud de apoyo al templo islámico no menos militante que la de los propios promotores. Y también una vez más, la iniciativa 'pacifista' musulmana de 'reconciliación' ha contado con el apoyo de un sacerdote católico.

El reverendo Kevin V. Madigan, de la iglesia de San Pedro, situada en el Bajo Manhattan a dos manzanas del lugar previsto para el 'centro cultural islámico', se prestaba a escenificar una vez más el cerrado apoyo de la jerarquía católica neoyorquina al polémico proyecto. Y así, hablando de su propia parroquia, el padre Madigan revivió para el diario la controversia que se originó en la ciudad cuando en 1785 se anunció la construcción del templo, considerado entonces por la inmensa mayoría protestante de la ciudad como una especie de cabeza de puente de una supuesta invasión católica de los Estados Unidos.

Carlos III, aquel infiltrado papista

Es más, en el reportaje se relacionan directamente las acusaciones de los temores de financiación extranjera de la mezquita de la Zona Cero -dinero extremista saudí que también financia a organizaciones terroristas islámicas- con el supuesto precedente de la donación que el monarca español Carlos III realizó para la erección de la iglesia de San Pedro, 1.000 dólares procedentes no sólo de "un extranjero", sino también de "un papista". Pero la propia información del diario neoyorquino y de su voluntarioso informante católico menciona alguna 'ligera' diferencia entre aquel episodio y el que ahora vive la ciudad con la proyectada edificación musulmana.

Por ejemplo, los dieciochescos promotores de la iglesia sí aceptaron trasladar -como se les exigió desde la mayoría protestante- la construcción del edificio desde la Broad Sreet, entonces en pleno centro de Nueva York, a las afueras de la naciente ciudad, precisamente donde hoy se localiza, en la esquina de las calles Barclay y Church. Esta actitud contrasta con el empecinamiento del imán y de la comunidad musulmana en general en levantar la mezquita -y el resto de instalaciones que la disimulan como un "centro cultural islámico"- en el lugar elegido para ello en primera instancia, es decir, a dos manzanas de la Zona Cero.

'Insignificantes olvidos'


Sólo algún francotirador desde algún medio de la 'resistencia' ha apuntado que al New York Times y a su sacerdote también se les olvidó otra 'pequeña' diferencia entre ambos casos dentro de "la campaña de relaciones públicas 'pro bono'" emprendida por el periódico y por la iglesia católica para apoyar la controvertida mezquita de la Zona Cero. Por ejemplo, que la primera versión del reportaje no incluía absolutamente ninguna referencia al 11-S, como si también la donación de Carlos III se hubiera producido en el mismo entorno terrorista y hostil que se registra en la actualidad (de hecho, aunque no se cite, la España de entonces apoyó la Guerra de la Independencia estadounidense), o como si en ninguno de ambos casos existieran más circunstancias ajenas a los respectivos proyectos que la construcción de los templos en sí mismos.

Pronto el New York Times se dio cuenta de la enormidad de su propia manipulación y, como apunta el Media Research Center, sin advertir a los lectores de que se trataba de una segunda versión corregida, sí incluyó con posterioridad una mención a los ataques del 11 de Septiembre. De esa forma, la "versión actualizada" ya apareció en la edición impresa del diario correspondiente al viernes pasado, mientras la noticia digital ya 'corregida' continuaba, sin embargo, trazando el, para el diario y el sacerdote Madigan, inequívoco precedente entre la 'intervención' de Carlos III en la financiación de una iglesia católica que ningún peligro representaba para el país a pesar de la histeria entonces levantada, y los no menores miedos desencadenados por la Mezquita de la Zona Cero, cuyos promotores y financiadores deben albergar intenciones tan inocentes e ingenuas como la del buen monarca borbónico de la España de finales del siglo XVIII.








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