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Dorothy Day, fundadora del Movimiento de los Trabajadores Católicos
Javier Monjas - 03/12/2012 - 10:15 AM   GMT+01:00

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Vivió su juventud en plena promiscuidad sexual. Abortó. Continuó viviendo con otros hombres sin casarse. Tuvo una hija fuera del matrimonio. Pero todo eso son pecadillos de nada. Lo que a la Conferencia de Estados Unidos le interesa fue lo que sucedió tras su conversión al catolicismo, cuando comenzó a ser conocida como "la defensora de los pobres". Dorothy Day fundó el Catholic Worker Movement, lo que, para el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, la convirtió en una "santa de nuestro tiempo". Pero, a su vez, la 'santa' consideró a Marx y a Engels como "santos laicos", y mantuvo estrechas relaciones o apoyó de forma explícita a Lenin, Mao, Fidel Castro o Ho Chi Min. El Vaticano ha reconocido como mártires a algunos de quienes murieron bajo la brutal represión de los anteriores 'santos laicos'. Ahora deberá estudiar la propuesta de canonización de una de las más fervientes defensoras de sus verdugos.

Dorothy Day ya era una celebridad en vida. Prácticamente, una santa aún en carne mortal. De hecho, una de sus frases más conocidas, convertida en título de alguna película biográfica sobre su vida, fue precisamente "No me llaméis santa". En concreto, la frase completa que Day pronunció ante la férvida y exaltada devoción de sus seguidores fue: "No me llaméis santa. No quiero ser 'jubilada' tan fácilmente".

Sin embargo, poco caso le hicieron. Con su último suspiro de vida, sus partidarios comenzaron una frenética campaña que perseguía su canonización inmediata. De hecho, y a pesar del perfil abiertamente izquierdista de su movimiento, el lugar donde vivió Dorothy Day se convirtió de forma igualmente sumaria en un venerado santuario. Mientras unos se dedicaban a intentar la canonización de la mujer, los otros intentaban que su casa entrara en el registro de lugares históricos para que fuera protegido como eterno lugar de inspiración.

No tuvieron éxito. Aunque el ayuntamiento de Nueva York reconoció que la casa de Dorothy Day era "de hecho, un santuario religioso", un movimiento especulativo del propietario del terreno, mezclado con la falsificación de documentos, llevaron a la demolición del que estaba llamado a ser la ermita central del cristianismo 'progresista' en todo el mundo.

Cuando comenzó el proceso de petición de canonización, de forma inmediata la jerarquía católica estadounidense se unió con entusiasmo a la propuesta. No toda, para ser precisos, sino la vanguardia 'progresista' representada por el entonces arzobispo de Nueva York, el cardenal John O'Connor. Doce años después, la empresa ha sido adoptada como propia por el sucesor de O'Connor al frente de la archidiócesis neoyorquina, el también cardenal, Timothy Dolan, sin embargo, considerado un "conservador" por los etiquetadores de guardia, quienes le reprochan sus permanentes choques con las políticas del presidente Obama.

Dolan ha recomendado a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos que apoye sin reservas y de forma activa su propuesta de impulsar la santificación de Dorothy Day, nacida en Brooklyn. Prensa progresista rutinariamente hostil con el catolicismo, como el New York Times, ahora se empeña en hermosos reportajes en los que secunda la propuesta y en los que califica a Day como "una heroína de la izquierda católica, una feroz activista social del siglo XX que se opuso a la guerra, y que apoyó las huelgas laborales y vivió voluntariamente en la pobreza mientras velaba por los necesitados".

Todo eso es verdad. En efecto, fue una pacifista. En su juventud, se opuso de forma vehemente a la lucha de su país contra el nazismo. Y ya en su vejez, también se manifestó con quienes insultaban y escupían a quienes regresaban de la guerra de Vietnam, belicosos fascistas que luchaban contra 'santos laicos' de nuestro tiempo como Ho Chi Min o los seguidores de Lenin, Stalin y Mao en Indochina.

Desde el primer momento hubo quienes se escandalizaron ante el movimiento de santificación de Dorothy Day. Y, desde el primer momento, fueron respondidos desde medios de comunicación militantes que, como el Newsweek (incluso escribiendo sus responsables cartas al director en otros medios), insistían en que, para santificar a una persona, la Iglesia no debe estar de acuerdo en todas y cada una de las posiciones del candidato o candidata, sino en el hecho de que la persona "se suponga que funcione como un ejemplo para otros cristianos". Y, por tanto, Dorothy Day encajaba en el molde. En efecto, era un modelo.

Como cabía suponer, el Movimiento Católico de los Trabajadores ha recibido con entusiasmo el apoyo de un arzobispo tan influyente como Dolan a la canonización de Dorothy Dolan. De hecho, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ya la ha suscrito y se prepara para presionar lo suyo y lo de otros para que el Vaticano comience a moverse 'a la americana', esto es, con rapidez y diligencia de decisión corporativa.

Un malicioso podría pensar que el movimiento de los obispos estadounidenses -incluso de los 'conservadores' como Dolan- se basa en el intento de hacerse 'perdonar' ante la progresía doméstica y mundial los asuntillos de la pedofilia y demás, los cuales provocaron que medios como -precisamente- el New York Times o Newsweek masacraran durante años a la misma Iglesia Católica que ahora ve tan receptiva al reconocimiento de las 'santas' de nuestro tiempo, mujeres y de izquierdas, en plena coincidencia con el programa progresista.

El sitio web del Catholic Worker -el Mundo Obrero de los católicos 'comprometidos' internacionales/internacionalistas- incluye una biografía que ya constituye una hagiografía en avance de la futura "santa de nuestro tiempo". Facilita además una surtida bibliografía sobre la figura y los escritos de Dorothy Day. Aunque, lamentablemente, entre los títulos, no figura la última investigación realizada sobre la activista y "defensora de los pobres".

Después de desautorizar y atacar a quienes combatían a Hitler o al comunismo, Day meditó de forma muy seria afiliarse al Partido Comunista de Estados Unidos. No llegó a hacerlo, pero estaba permanentemente rodeada de comunistas y socialistas confesos y de todos los pelajes, con quienes coordinaba las acciones de protesta de los pacifistas que se oponían a la intervención de su país en la Guerra de Vietnam, un movimiento entonces por completo teledirigido desde la Unión Soviética.

Las anteriores son algunas de las revelaciones documentadas por la profesora británica, Carol Byrne, en su libro publicado en 2010, "The Catholic Worker Movement (1933-1980): A Critical Analysis", el libro que no figura ni nunca figurará en la 'bibliografía selecta' del sitio web del Catholic Worker. La portada del ensayo se encuentra compartida por una foto del Vaticano y otra del Kremlin, recurso de diseño que ya indica la tesis principal que la autora documenta con papeles y declaraciones en la mano.

Byrne no solo relaciona de forma aplastante con cuanto socialista o comunista -los de los años cincuenta, sesenta y setenta- dinamitaba las políticas de libertades de Estados Unidos y Occidente en el mundo, mientras perseguían y masacraban a sus comunidades cristianas, sino que se introduce en asuntos tan 'revolucionarios' como el análisis del 'pacifismo cristiano' defendido por personajes como Dorothy Day. La activista, según su biógrafa 'no autorizada', "llegó a su posición de pacifismo absoluto basándose en opiniones personales, e identificándolas con las enseñanzas de Cristo".

Y añade: "Es importante tener presente que nos enfrentamos a una interpretación privada de los Evangelios, y que la Iglesia nunca ha enseñado que las enseñanzas de Jesús defendieron el pacifismo. El problema es que Day hizo de sus opiniones privadas una demanda universal en el sentido de que toda guerra es errónea, aunque el hecho es que la guerra no está prohibida en todos los casos por la ley cristiana".

Carol Byrne, modelo, santa y diosa para las virulentas comunidades de monjas estadounidenses, defendió una sociedad comunista internacional que aboliera la libertad de empresa y generara una sociedad sin clases. La propia Day publicó en 1955 un artículo en su órgano de agitprop Catholic Worker en el que defendía un gobierno mundial, "alguna clase de unión en la que los estados individuales se muestren de acuerdo en rendir la soberanía nacional en favor de una sociedad mundial".

Tal es el pensamiento de quien pronto puede constituirse en nueva santa católica, pues la Conferencia Episcopal estadounidense se muestra partidaria de 'acelerar' los morosos ritmos vaticanos que el papa y los santificadores se conceden para estas cosas.

Faltan encontrar los dos milagros que Roma exige para canonizar a un candidato por cuya intercesión hayan podido culminarse los prodigios. Seguramente no les faltarán a los investigadores vaticanos de la virtud. El milagro chino debe ser uno de ellos, seguramente alcanzado por la intercesión de estos 'santos de nuestro tiempo', como Dorothy Day, la 'santa mujer' que se opuso al combate contra el nazismo y el comunismo, y que debe velar por los desvelos místicos de los sujetos de Pekín.



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