NUEVO DIGITAL - Internacional
Después de que una musulmana con burka se libre de una condena al no poder ser identificada
@JavierMonjas - 07/07/2011

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Nueva Zelanda y Australia, tan cercanas en la geografía, se están mostrando sin embargo muy lejanas en torno a su actitud con las "mujeres enmascaradas" del islam. Así es como las llaman los conductores neozelandeses de autobús que se niegan a subir a "enmascarados" en general a sus vehículos, es decir, a personas con la cara oculta, aunque, casualmente, éstas siempre provienen del mismo ámbito. Por el contrario, en Australia, la policía dispone de autorización desde esta misma semana para levantar velos religiosos y ver quién -o qué- se oculta bajo ellos.

En Australia, el último problema derivado de las 'excepcionales excepciones' consentidas a devotas islámicas se produjo después del escándalo nacional que supuso la absolución de una musulmana, a quien no se pudo probar un delito dado que el juez no pudo estar seguro de la correcta identificación de la acusada al ir esta cubierta con un burka durante la comisión de la infracción penal.

La impunidad de la conversa

Se trata de una conversa, Carnita Matthews, quien en el pasado mes de noviembre fue encontrada culpable de haber acusado falsamente a unos policías de haberle intentado levantar por la fuerza el burka durante una identificación de tráfico. Sin embargo, la grabación del sistema de vídeo del coche patrulla demostró que la mujer musulmana mintió, por lo que fue condenada. Pero la historia no había hecho más que comenzar.

Matthews apeló la condena. En junio, otro juez la absolvió al no poder estar seguro de que la propia Matthews era la mujer que había protagonizado el incidente dado que ésta se encontraba por completo cubierta por el burka y los agentes no se lo levantaron, por lo que ellos tampoco podían estar seguros. Resultado: impunidad total. Impunidad en la infracción de tráfico. Impunidad por desobediencia a la policía. Impunidad por no facilitar su identificación como era su obligación. E impunidad en la denuncia falsa. Todo ello en medio del habitual escenario de acusaciones sobre conculcación de derechos religiosos, racismo, etc.

Sin embargo, el escándalo ha sido esta vez tan fuerte que la revolución ha sido casi absoluta. Por un lado, las autoridades de Nueva Gales del Sur -el incidente se produjo en Sydney- han autorizado a la policía a levantar los velos islámicos en el curso de una identificación tras un hecho potencialmente delictivo.

"Intimidación política" contra los musulmanes

"No me importa si alguien está llevando un casco de policía, un burka, un niqab, un velo facial o cualquier otra cosa; la policía debe tener autorización para exigir a esa persona que facilite una clara identificación", ha dicho el primer ministro estatal, Barry O'Farrell. Si alguien se niega a levantar la prenda que cubre su cara, incluso por motivos religiosos, el infractor -o, en principio, más bien infractora- podrá ser condenado a un año de cárcel y al equivalente a unos 4.000 euros de multa (aproximadamente, 5.900 dólares estadounidenses).

Otro estado australiano, Australia Occidental, ya ha advertido de que adoptará una medida similar. Pero los extremistas de Hizb ut-Tahrir -que pretenden la instauración de un califato mundial, comenzando por un Occidente que les facilita su propia legalidad para ello- ya han advertido de que, para ellos, todo esto no tiene nada que ver con asuntos policiales y sí con "un caso de intimidación política" (Sobre Hizb ut-Tahrir y su obsesión con la "recuperación de Al Ándalus", en NUEVO DIGITAL 1, 2 y 3).

Sin embargo, algunas organizaciones islámicas sí han aceptado la decisión, tomada en pleno escándalo nacional. El Consejo Islámico de Nueva Gales del Sur decía que aceptaba el cambio de política y calificaba de "legítima" la facultad de los agentes de identificar a un sospechoso. Por su lado, la Asociación de Mujeres Musulmanas también aceptaba el enérgico cambio normativo aunque preferiría que fuera una mujer policía quien levante el velo de la pía interfecta... o de lo que haya debajo, sea lo que sea.

Danza de los velos en el autobús

Pero en Nueva Zelanda los conductores de autobús exigen saber qué, quién, o quién con qué sube a sus vehículos. El nuevo conflicto se producía después de que se conociera el caso de dos musulmanas, a las que sendos conductores de autobús prohibieron el acceso a sus vehículos en distintos incidentes.

En medio de las llamadas del primer ministro neozelandés a la "tolerancia" -"estamos en una sociedad multicultural y deberíamos responder las creencias culturales de los demás"-, la prensa refiere la drámática escena de cómo una de las dos jóvenes, saudí como su compañera de infortunio, se quedó llorando en la calle sin poder subir al vehículo.

Pero que llorara o incluso que fuera una joven no es más que un acto de fe sobre lo que en realidad había o sucedía bajo la masa negra del burka. Eso es lo que dicen los conductores, que sufren "mascarofobia", de forma que sus negativas "no son religiosas, sino que ambos sufren una auténtica fobia a quienes llevan tapada la cara", decía un directivo de la compañía.

Reeducados en la tolerancia

Con todo, a los dos empleados les han apretado las tuercas a base de bien. Han recibido avisos de que si repiten una reacción similar serán despedidos, y, además, han sido sometidos a cursos de 'reeducación en la tolerancia'. El atornillado parece haber cumplido los objetivos puesto que uno de los chóferes ha visitado una mezquita y se ha disculpado con la mujer a quien ofendió de forma tan brutal.

Quienes sí exigen que se adopten medidas son los diplomáticos del Consulado General de Arabia Saudí, los cuales ya han enviado una nota de protesta al gobierno neozelandés ante la violación de derechos de sus ciudadanos en el país oceánico, nota que ha llevado a las inmediatas y abrumadas peticiones de "tolerancia" por parte del primer ministro.