NUEVO DIGITAL - Internacional
Dos estados admiten oficialmente el súbito aumento de agresiones sexuales cometidas "en grupo"
@JavierMonjas - 12/07/2016

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Afgano. Dieciséis años. 'Refugiado'. Residente en un centro de acogida de Cruz Roja. Entre las actividades que debía seguir se encontraba un curso sobre educación sexual y sobre cómo comportarse con las mujeres en Occidente. Justo al terminar el entrenamiento, ya en periodo de prácticas, la criatura violó a una de las trabajadoras del centro. Las violaciones en los centros de acogida se han convertido en habituales, con especial incidencia en las cometidas sobre la minoría cristiana por la mayoría musulmana. En Alemania, la apertura de las piscinas ha provocado tal crisis de violaciones y abusos sexuales -especialmente sobre niñas y niños- que en varias de ellas se ha prohibido el acceso a los "nuevos ciudadanos". Las autoridades han comenzado a dar datos ante la imposibilidad de mantener oculto el escándalo como intentaron con los sucesos de Colonia y otras ciudades alemanas a principios de año.

El caso del afgano de dieciséis años violador ocurrió en la ciudad belga de Menam, cerca de la frontera francesa. Los trabajadores de centro ya se olían algo porque afirmaron que a la trabajadora social "la tenía en el punto de mira". Hasta que un día la siguió al sótano y allí consumó sus naturales deseos con aquella puerca infiel. Es probable que le suspendan la nota y deba repetir el curso. Pero de lo que no hay duda es de que seguirá en Europa.

En Colonia, el iraquí y el argelino juzgado por violación durante la orgía islámica de barra libre de alemanas celebrada la pasada Nochevieja fueron condenados, pero inmediatamente conmutadas sus penas por trabajos sociales. Al salir, los violadores literalmente se tronchaban de risa. Delante de toda la prensa para que constara por dónde se pasaban al sistema judicial alemán, a las alemanas violadas y demás.

En el jolgorio nacional con los 'refugiados' surgen casos de estupidez rozando la criminalidad. Serin Goren es portavoz de un grupo izquierdista alemán. Fue violada por varios sujetos. Sin embargo, cuando la policía le preguntó si podría identificarlos como "refugiados", la activista montó en cólera por aquella tamaña discriminación racista y declaró que había sido "un grupo de alemanes y extranjeros que hablaban en alemán entre ellos".

Su novio la convenció para que dijera la verdad porque quienes realmente habían sido podrían repetirlo con otra mujer. De nuevo ante la policía, dijo que había mentido para no provocar más "odio" contra inmigrantes y 'refugiados". Según Goren, lo que está sucediendo con las violaciones no es responsabilidad de los atacantes, sino de la sociedad alemana que es "racista y sexista". La cara de la imbécil se hizo habitual en la prensa del medio planeta no islámico.

La publicación esta semana de las investigaciones sobre los sucesos de Colonia y otras ciudades alemanas ha demostrado que aquel día de yihad sexual fue mucho peor de lo que ya se conocía. Más de 2.000 hombres asaltaron sexualmente y consumaron violaciones sobre 1.200 mujeres alemanas nativas. Las autoridades no han querido identificar a los responsables de las violaciones. Solo han dicho que se trata de "extranjeros que llegaron recientemente a Alemania". Lo que ya se admite sin ambages es que la inmensa mayor parte de los violadores jamás serán identificados y mucho menos, en consecuencia, condenados. Y los dos que lo fueron, salieron del juzgado a punto de morir de risa.

La apertura de las piscinas ha llevado el caos a límites difíciles ya de ocultar. Aunque las autoridades intentan que no se conozca la dimensión del problema, la prensa ha querido dejar de jugar su humillante papel de comparsa de la mentira organizada. El Bild se hacía con un informa de la policía de Düsseldorf que puntualizaba cómo el problema "en particular" está resultando especialmente "significativo" con "los delitos de violación y abuso de niños en los establecimientos de baño".

Varias piscinas han prohibido el acceso a los "nuevos alemanes" para proteger a los usuarios habituales. Las organizaciones de apoyo a los inmigrantes y 'refugiados' han puesto el grito en el cielo ante tamaña discriminación. Con buenos resultados, puesto que varias de ellas solo permanecieron cerradas 24 horas a los 'refugiados'. En la de Bornheim, decidieron prohibir el acceso a los 'refugiados' después de que cuatro niños fueran atacados sexualmente. Tras la presión de los grupos, han vuelto a permitir la entrada de los fogosos usuarios con la esperanza de que "no se vuelvan a repetir los ataques".

Las nuevas normativas aprobadas en Alemania para facilitar la expulsión de los refugiados condenados por asaltos sexuales y violaciones han provocado una oleada de protestas entre los grupos activistas. Dicen que con ello se va a "estigmatizar" aun más a los refugiados. Literalmente, las autoridades no saben qué hacer. El ministerio de Sanidad ha publicado un sitio web de educación sexual con la intención de domar por la educación a esta súbita masa de depredadores sexuales llegados del norte de África, y Oriente Próximo y Medio.

En realidad, la crisis de la piscinas se extiende por todo Occidente, desde Boston -donde un 'refugiado' sirio de 22 años que llevaba solo dos meses en el país toqueteó a una niña de 13- hasta Austria, donde también se ha prohibido la entrada a estos "extranjeros" después del ataque sexual a una chica de 13 años cometido por un sujeto "de piel oscura" que la obligó a hacerle una felación. "Hoy no se permite la entrada de refugiados", reza un cartel cada vez más frecuente en las piscinas austriacas.

Dos estados alemanes han reconocido el inaudito incremento de ataques sexuales cometidos "en grupo" por los "nuevos ciudadanos". Renania del Norte-Westfalia y Baja Sajonia ya han levantado acta de forma oficial sobre el "nuevo fenómeno" de "los ataques sexuales cometidos en grupo". Hasta ahora, este tipo de delitos se cometían casi exclusivamente por individuos solitarios en lugares más solitarios aun.

Pero ahora son grupos de "inmigrantes" y "refugiados" los que, a plena luz del día y en escenarios tan públicos como las piscinas abiertas, agreden y violan a niñas y mujeres -aunque especialmente a niñas, y sin hacer ascos a niños pequeños, como el de diez años violado por un iraquí en otra piscina de Viena que responsabilizó de su acto a "una emergencia sexual".