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Revuelta en la diplomacia turca contra la deriva "neo-otomana" de Ankara
Javier Monjas - 19/06/2010 - 09:34 AM   GMT+01:00

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El virulento alineamiento pro-palestino y anti-israelí de Erdogan tras el asalto a la flotilla de 'activistas' ha llevado a Turquía no ya a romper la baraja con Israel, sino a unas posiciones anti-occidentales que han comenzado a asustar a la propia diplomacia del país. De hecho, no sólo ha estallado ya una agria 'guerra fría' entre la Unión Europea y los propios Estados Unidos por un lado, y Turquía por el otro, sino incluso dentro del propio sistema político turco, con un ejecutivo enfrentado -hasta el escarnio- con su propio cuerpo diplomático.

Con el éxito de relaciones públicas conseguido por la denominada 'flotilla de activistas' que tan sangriento final tuvo, para algarabía de sus atroces promotores (ND), todo parece indicar que las provocaciones contra Israel van a continuar.

La deriva radical de Turquía

Poco se sabe por el momento sobre la nueva 'flotilla', esta vez iraní, que estaría dirigiéndose hacia Gaza. Sólo que Egipto ya habría rechazado la petición israelí de bloquearla en el Canal de Suez, según algunos medios egipcios, y que en el Medio Oriente la desafiante moral arábigomusulmana se ha incrementado de forma exponencial hasta el punto de que la prensa regional árabe también se coordina en el rechazo a la relajación del bloqueo anunciado por Israel para determinados productos. Sin embargo, las consecuencias de lo sucedido con la flotilla, y, sobre todo, los estruendosos ecos de la posición adoptada por Turquía en esa última derivación del conflicto, amenazan con hacer estallar los posicionamientos geoestratégicos de Ankara previos a la yihad de las armadas de provocación.

No es ya sólo que Turquía haya congelado en prácticamente todos los frentes sus relaciones con Israel en la forma de la paralización de nada menos que dieciséis acuerdos bilaterales, los armamentísticos incluidos. Y no es sólo que, con ello, Erdogan acabe de paso con su principal coartada de propaganda pro-occidental que presentar en Bruselas o Washington, y que está llevando a Ankara a sopesar la audaz posibilidad de suspender sus relaciones diplomáticas con Jerusalén.

Hamas, Siria, Irán…: "Propaganda maliciosa"

En realidad, para muchos el enfrentamiento de Turquía con Israel, con ser extraordinariamente significativo, se revela incluso menos decisivo que lo que parece un indisimulado acercamiento, no ya a los palestinos, versión Hamas, sino a Siria y, sobre todo, a Irán. Mientras, con todo, desde Ankara se intenta tranquilizar a Washington en torno a esta inquietante posibilidad, desmentida por el ejecutivo de Erdogan, hay quien considera que las señales que se están enviando indican que Turquía ha decidido mostrar una mayor independencia respecto a los Estados Unidos, apoyándose en un crecimiento económico que le facilita una capacidad de maniobra de la que anteriormente no disfrutaba.

Desde Turquía se afirma que esta "supuesta" derivación anti-occidental de Erdogan no es más que "propaganda maliciosa", como manifestó el propio Erdogan recientemente. Sin embargo, son cada vez más frecuentes, y más altas y claras, la voces de los observadores que consideran que "ha terminado el noviazgo entre Turquía y Estados Unidos". Pero, con estar frías las relaciones entre las capitales estadounidense y turca por la cuanto menos vehemente reacción pro-palestina, pro-árabe y pro-musulmana -y anti-israelí- de Erdogan tras el asalto a la flotilla, con estar frías esas relaciones lo están mucho más las nunca templadas del todo entre la Unión Europea y el orientalista país asiático que intenta convencer a todos de su 'europeidad'.

Revuelta palaciega diplomática

Muchos más dan por definitivamente concluida la posibilidad de que Turquía avance en un futuro previsible en su camino a sentar su desabrida y desafiante forma de hacer política entre los cortesanos y timoratos políticos europeos. En realidad, hay otra forma de verlo, y es que Turquía, en efecto, esté rechazando ya a la Unión Europea como a un sueño imposible, y haya decidido aliarse con lo más granado del Eje del Mal, bien por convicción, bien para asustar, muy en la línea de las ariscas estrategias del ejecutivo de Ankara.

Este inquietante y sorprendente escenario es, desde luego, mucho más amplio que los desmentidos de la "propaganda maliciosa" que el primer ministro turco intenta hacer colar con el fin de ganar algo de tiempo y no perder de golpe toda su ascendencia en Occidente. De hecho, la propia diplomacia turca se ha rebelado contra este guión hasta un punto tan agresivo que el propio Erdogan entraba en el juego ridiculizando a su propio cuerpo diplomático mediante el uso de la expresión francesa "mon chers", 'queridos míos', con finalidad notablemente irónica.

Embajadores: "Ni bravuconeo, ni aventurismo"

Por supuesto, no son los diplomáticos en activo los que están suscribiendo posiciones no ya de crítica, sino de abierta rebeldía contra las peligrosísimas estrategias de alineamiento de Erdogan. Lo están haciendo por ellos sus compañeros ya retirados, quienes acaban de firmar un durísimo comunicado contra el primer ministro en el que le recuerdan que "la política exterior es un trabajo serio a largo plazo" y un objetivo que "requiere conocimiento, previsión, y sosegadas capacidades analíticas".

El enfrentamiento de Erdogan con sus embajadores retirados -los únicos que pueden decir en alto lo que piensan sus compañeros en activo, por razones obvias, silentes- se basa en que el cuerpo diplomático también ve -y denuncia desde dentro- la deriva anti-occidental del gobierno de Ankara. El reciente comunicado llega a recordar a Erdogan que "la política exterior no tiene que ver con el bravuconeo o el aventurismo". "Quienes presumen de saber mucha historia deben recordar las desgracias acaecidas a nuestro país como consecuencia de baratas esperanzas aventureras y fantasiosas como la de la 'oración masiva' en Jerusalén", continúa el extremadamente duro comunicado de los "mon chers" en relación a las prometidas 'recuperaciones' de la hoy capital judeo-israelí.

Erdogan "neo-otomano"

Los diplomáticos acusan a Erdogan de "neo-otomanismo" precisamente por utilizar expresiones despectivas que, como la francesa, eran utilizadas en la época en que Estambul pretendía ridiculizar a quienes se alineaban con la Europa rival. Lejos de las supuestamente interesadas "propagandas maliciosas", en la propia Turquía las élites continúan quemando asombro tras asombro por lo que comenzó con una querencia abiertamente islamista frente a la laica Turquía moderna, y está terminando en un feroz alineamiento con los horrores del orientalismo más ancestral, aquel que Ataturk quiso desterrar cuando fundó el Estado turco moderno.

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