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Sólo conseguirán permiso de trabajo jóvenes cumplidores de la ley que hayan terminado la educación media
Javier Monjas - 18/06/2012 - 07:00 AM   GMT+01:00

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Es difícil saber qué es antes, si Obama o el New York Times. El caso es que a comienzos de mes, el diario publicó un reportaje con un titular que parecía una seria advertencia: "El crecimiento de la población latina no se traslada del todo a las urnas". No había pasado ni una semana, y el presidente anunciaba una masiva regularización de inmigrantes ilegales de la que se beneficiarán 800.000 hispanos, eso sí, todos jóvenes, que hayan terminado el instituto y que no tengan antecedentes penales. No como en otros sitios.

Una medida como esta no se improvisa de un día para otro, por lo que surge la duda de si filtró la Casa Blanca su proyecto para que el New York Times fuera abriendo el camino con un reportaje de justificación, o más bien fue el diario independiente de la mañana el que advirtió en severos términos de que Obama estaba durmiéndose sobre un enorme 'reservoir' de votos.

Sin embargo, la abstención en el voto latino ha sido hasta ahora la norma. Lo que el diario advertía es que la población hispana no se veía interesada por las campañas de los candidatos presidenciales, lo que incluía a su candidato presidencial natural, el demócrata, por supuesto. Sin olvidar que Obama, meses antes de que termine su primer mandato, ha deportado ya un millón de ilegales, más que el último de los Bush en los dos suyos sumados.


Obama, atacado por un 'conservador'

Obama compareció en el marco incomparable de la Rosaleda de la Casa Blanca para lanzar una incomparable medida por su magnitud, ínfima en números absolutos y relativos en comparación con las abrumadoras amnistías llevadas a cabo en España en la última década, pero enorme para unos Estados Unidos donde un inmigrante ilegal no tiene derecho a la asistencia sanitaria pública, ni su hijo a la educación pública gratuita.

A diferencia de las indiscriminadas regularizaciones y consecuentes reagrupaciones familiares españolas, Obama solo ha abierto la mano a aquellos inmigrantes menores de 30 años, que hayan llegado al país antes de cumplir los 16, que hayan terminado sus estudios en el instituto o hayan servido en el ejército, y que, por supuesto, no hayan cometido delito alguno. Además, el permiso de trabajo se concede por dos años, permiso que se irá renovando si el inmigrante continúa cumpliendo con las condiciones impuestas, entre ellas, no cometer delitos.

La presentación de Obama fue accidentada. Un periodista le preguntó por la reforma cuando el presidente aún no había terminado su intervención. Obama recriminó de forma tensa el comportamiento del periodista, perteneciente a un medio "conservador", según etiquetaron de forma inmediata al agresor presidencial los medios 'progresistas'. También en este caso a diferencia de lo que sucede en España con los circos parlamentarios cotidianos de la izquierda y los boicoteos de actos 'conservadores' en aras del ejercicio de la libertad de expresión, en Estados Unidos el respeto hacia el Congreso y hacia el presidente del país es casi una religión.


'Volver a empezar' con los gays

Más tarde, el periodista-cuasi-terrorista se disculpó afirmando que había preguntado creyendo que el presidente había concluido su discurso, en el apresurado intento de que respondiera antes de que abandonara el atril como suele hacer al final de sus intervenciones. Pero para entonces, la prensa 'progresista' ya estaba en pleno linchamiento del talibán conservador, mientras se preguntaban si se trataba de "falta de respeto o de la última manifestación de la 'era de la descortesía'", debate moral, intelectual y hasta de seguridad pública que nunca se planteó con los constantes boicoteos de los discursos del precitado Bush o de cualquiera de la calaña conservadora.

Obama se ha puesto en 'full speed' ante lo que muchos de entre los suyos veían como un presidente que había perdido el pulso y la iniciativa. A pesar de las muchas dudas y problemas que la iniciativa de Obama plantea, algunos analistas consideran que ahora ha dejado a Mitt Romney con la difícil disyuntiva de o bien oponerse a la regularización de jóvenes en plena edad productiva, obedientes con la ley, estudiantes y soldados en defensa de Estados Unidos, o, por el contrario, aceptarla y granjearse el enfado del electorado conservador que ve en este tipo de medidas una claudicación de la soberanía nacional y una rendición ante los hechos consumados de la ilegalidad.

El candidato demócrata ha reforzado su perfil 'progresista' en busca de un asentamiento de su tradicional electorado. Mientras intenta conservar y aumentar la mayoría del voto hispano que va a su lado, también calienta las orejas de la 'comunidad gay' -diferente de la 'comunidad no gay'- que estaba muy, pero que muy decepcionada con la tibieza presidencial respecto a la agenda gay. Como en una turbulenta historia de amor, la reconciliación se presenta ahora como un 'volver a empezar' desde cero, sin rencores, eh?


Desconexión de la clase media

Inmigrantes ilegales, gays 'de comunidad gay', y, por supuesto, el Hollywood progresista, valga la redundancia, volcado en conseguir dinero para la campaña de su líder natural... el furor 'minorista' de Obama está siendo aprovechado por Romney para denunciar cómo el presidente se está olvidando precisamente de la clase media, que con el cultivo de sus minorías de laboratorio, está por completo desconectado de la inmensa mayoría de la gente a la que debe gobernar, y que es la que le mantiene a él y al país.

Desde el lado republicano se acusa a Obama de añadir más confusión al tema inmigratorio, falto de una solución global, y de intentar ganar tiempo con una medida que va desplazando en el tiempo el problema. Además, tampoco está claro que la concesión de permisos de trabajo a ilegales llene necesariamente de satisfacción a la población hispana estadounidense de derecho.

Una y otra vez, las encuestas muestran que, lejos de los consabidos coros y danzas de la pancarta, el tema inmigratorio se encuentra muy bajo en la clasificación de prioridades de la población latina legalizada y potencialmente votante (ND). Trabajo, sanidad o educación son los asuntos que preocupan a los hispanos y no que se regularice a cientos de miles de ilegales que no solo son vistos como una nueva competencia laboral, sino, precisamente, como ilegales, gente premiada con privilegios de gracia de los que la población general -hispana o no hispana- ni sueña con disfrutar.






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