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El 'cordón sanitario' del 'establishment' no fue suficiente para silenciar el descontento social
Javier Monjas - 20/09/2010 - 05:39 PM   GMT+01:00

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La BBC realiza una encuesta informal entre electores suecos sobre el "avance de la ultraderecha" en los comicios celebrados en el país el domingo pasado. Markus Johansson, uno de los preguntados, contesta desde su nuevo lugar de residencia en Finlandia: "He tenido varios encuentros con inmigrantes no europeos y esa es la principal razón por la que me he marchado de mi país. Cuando expones tus puntos de vista eres llamado 'nazi' y 'racista', no eres políticamente correcto, eres visto como una mala persona (...) Se me volvió imposible continuar viviendo en Suecia".

Incluso otros entrevistados que se reconocen "tristes" por el avance de la 'ultraderecha' de los Demócratas Suecos también admiten con perspicacia cómo "ninguno de los otros partidos ha abordado de forma adecuada (el tema de la inmigración) por miedo a ser llamado racista". Y concluyen: "Puedes ser etiquetado así de forma muy fácil en los medios suecos". Incluso un inmigrante de Bangladesh -que califica el desenlace de los comicios como "profundamente preocupante para cualquier sueco sensible"- admite que "hay algo de cierto en lo que dicen" los ya eufóricos líderes de los Demócratas Suecos.

'Cordón sanitario'

Como en el referéndum sobre los minaretes de Suiza, el asalto al poder del Tea Party en Estados Unidos, o el cada vez más simbólico Geert Wilders en su papel de incómodo gurú internacional, los Demócratas Suecos han conseguido romper el 'cordón sanitario' establecido a su alrededor por los partidos del 'establishment' y sus integrados políticos de casta cerrada que no ven, no oyen y no hablan.

No ven, ni oyen ni hablan de lo que hablan, ven y oyen sus ciudadanos mientras los medios de comunicación no menos 'establecidos' continúan alimentando su imprenta de etiquetas fáciles, tan ruidosa que les impide escuchar a quienes no hacen ya ni caso a la no menos permanente cantinela del "populismo" de la que, aterrados, levantan acta, en su incontenible extensión, los popes del análisis internacional.

El hundimiento de la socialdemocracia

Finalizado el recuento electoral, eran varios los hitos históricos que convertían precisamente en históricas las elecciones del domingo: primera vez que la 'ultraderecha' entra en el parlamento; primera vez que la coalición liberal-conservadora renueva mandato dos veces seguidas; desplome histórico de la izquierda aliada de unos socialdemócratas que se habían mantenido en el poder en Suecia durante 65 de los últimos 78 años y que aún regurgitan el hundimiento de su candidata, Mona Sahlin, vendida como quien iba a ser la primera mujer primer ministro de la historia del país, como si ese hecho, por sí solo, justificara su selección.

Pero, sin duda, junto con el ya confirmado desapego de los suecos respecto de su socialdemocracia -Suecia y socialdemocracia eran prácticamente términos sinónimos-, la ruptura por parte de los Demócratas Suecos de la censura social, política e informativa tejida en torno a ellos también ha revuelto las tripas de un eufórico primer ministro, Fredrik Reinfeldt, que necesitaría algún apoyo para consolidar una mayoría estable, pero que ya ha anunciado cómo, en ningún caso, recurrirá a los 'malditos'.

Mejor verdes que nacionalistas

Los Verdes se habían elevado como la opción más probable en su condición de tercer partido del país, pero estos no tardaron ni horas en desmarcarse de tal posibilidad, dando un portazo en las narices a una derecha que, desconcertada, prefiere aliarse con la ultraizquierda ecologista antes que con la denominada 'ultraderecha', a pesar de su carácter patriota y nacionalista sueca.

Aún un día antes de los comicios, el sitio web de los Demócratas suecos era atacado entre la "vergüenza" del portavoz de la proscrita formación que lamentaba cómo en vez de debatir, los oponentes se dedicaban al boicoteo incluso informático en una nueva dimensión de los desesperados intentos de la 'modélica' democracia sueca por acallar la voz de los díscolos y de quienes se atrevían a escucharles.

Más fácil cuando Lutero

En un efectista pero contundente y simbólico acto, el líder de la formación, Jimmie Akesson, intentaba clavar en las puertas del Parlamento una lista con 99 de sus propuestas para que el resto de partidos al menos las leyeran, si es que no querían debatirlas. Pero, gracias a la afanada diligencia de los guardas de seguridad del edificio legislativo, Akesson tuvo menos éxito en el intento que el Lutero de 1517, quien sí consiguió, no sólo fijar en las puertas de la Catedral de Wittenberg, sino difundir 'urbi et orbi', sus 95 revolucionarias Tesis contra la Iglesia de Roma.

Ahora las cosas se presentan bastante más difíciles. De hecho, muchas más posibilidades de exponer sus puntos de vista -en realidad, 'todas' las posibilidades- disfrutan -además del tan publicitado y venerado por los medios, como fracasado, Partido Pirata-, los propios inmigrantes extranjeros en Suecia, quienes, ya con derecho a voto y enarbolando sus pasaportes nacionales no menos suecos, se echan de forma masiva en los generosos brazos de la socialdemocracia y de la izquierda en general mientras, disfrutando de la 'libertad de expresión' del país, atacan e, incluso, insultan sin piedad a los 'otros suecos', los nacidos allí que, según muchas de sus opiniones, deberían ser aun más despreciados de lo que ya lo son.



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